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Los toros, de nuevo por la tele

Tres foramontanos en Valladolid 13 Sep 2012 - 07:29 CET
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Por José María Arévalo

(Romaneando.1986. Óleo de José María García Fernández, “Castilviejo”, en el catálogo de la exposición antológica de su obra en la sala del Banco Bilbao Vizcaya, de Valladolid, en Octubre de 1997)(*)

Dice la prensa que el miércoles de la semana pasada la plaza de Valladolid era la más importante del mundo, con millones de espectadores pendientes de ella a través de TVE y de su Canal Internacional. Seis años hemos estado sin el espectáculo taurino en la tele, vencido el gobierno socialista por las presiones de los nacionalistas, que consideran propaganda españolista la, desde siempre, conocida como “fiesta nacional”. Pues resulta que la transmisión de la corrida tuvo en todo el país un 13% de share, y en Cataluña, donde están prohibidas las corridas, nada menos que un 9% de share. La calidad, el arte del toreo que pudimos ver por la pequeña pantalla a El Juli, Manzanares y Talabante, no defraudó las enormes expectativas que había levantado la recuperación de nuestra fiesta en la tele. Así que ya estamos esperando nuevas retransmisiones.

Seis años sin toros en la tele puede parecer poco tiempo, pero lo cierto es que las jóvenes generaciones no han podido conocer este espectáculo tan nuestro, del que, en cambio, han oído hablar – o más bien leído en las redes sociales, que es lo que les llega ahora- mucho y malo. Vi la corrida en casa, después de discutir con uno de mis hijos que se ha venido en la semana de fiestas. No estaba en contra, pero tampoco a favor, decía lamentar tanto derramamiento de sangre de los nobles animales. Así que saqué los argumentos de siempre, que sin la fiesta el toro bravo hubiera desaparecido ya, que una buena faena es puro arte, y que el mismo final tienen las reses en los mataderos; y en cuanto a la pica y las banderillas, no sufren más que una trucha que el pescador devuelve al río, como prueba lo fácilmente que se recuperan los toros que se indultan por bravos o devuelven por mansos. No convencí a mi hijo, pero me acompañó a media tarde, justo para ver la extraordinaria faena de Manzanares con su segundo, al que hubiera cortado las dos orejas de haber acertado a la primera en la suerte de matar. A poco de incorporarse me preguntaba mi hijo para qué salían al ruedo los caballos, con lo que quedó bien de manifiesto que no había visto en su vida una corrida, aunque mucho parecía saber de sus aspectos sangrientos. Y, para mi satisfacción, quedó encantado con el espectáculo, aun sin cambiar de criterio, claro. Así que la corrida me supo a gloria.

Sin duda la opinión se forma en los medios de comunicación, y el mejor antídoto contra el sinsentido independentista y los excesos de los antitaurinos es comprobar, personalmente, lo que le hacen a los toros en la corrida y cómo lo hacen. No es necesario saber mucho de toros para acercarse a la belleza de una buena faena, entra por los ojos, como la de una buena pintura (figurativa, claro) está al alcance de todos. Por eso había tanto interés en que se suprimieran las retransmisiones por la tele, y ahora les hace tanta pupa que vuelvan a darse.

Y por la misma razón siguen multiplicándose las manifestaciones antitaurinas, a las que asisten cuatro gatos. Para salir en la prensa, en la tele y en las redes sociales. Menos mal que en la corrida vallisoletana que pudimos ver en la pequeña pantalla, no hubo manifestación, como ha ocurrido en nuestra plaza otros días. Me ha parecido muy interesante el artículo que publicó El Norte de Castilla, de Paco Aguado, con la crónica de la corrida del día siguiente –qué pena que no la retransmitieran también-. Titulaba Aguado: “Morante puso sordina al ruido antitaurino. Manzanares y Padilla, con buenos toros, se repartieron sendas orejas, pero el artista sevillano cuajó los momentos de más calidad”. Decía que, desde hace unos años, a las distintas delegaciones de gobierno les ha dado por autorizar manifestaciones antitaurinas en las mismas puertas de las plazas de toros.

“Respetando el sagrado derecho a la libertad de expresión –continuaba Aguado-, no se entiende tanto que en estos casos no se respete también el derecho de los aficionados a acudir, sin ser insultados y molestados tras una barrera policial, a un espectáculo legal. Pero estas agresiones verbales de los antitaurinos se repiten, al menos un día, en todas las ferias de España, incluida la de Valladolid, donde este año ya van dos tardes así: un grupo de personas, nunca más de cuarenta o cincuenta, pertrechadas con las mismas pancartas y los mismos megáfonos, se dedica durante la hora previa a la corrida y la lidia de los dos o tres primeros toros a increpar con sus cansinos lemas a los miles de ciudadanos que intentan disfrutar de aquello por lo que han pagado, y mucho, en la taquilla anexa”.

Y narra los detalles: “El ruido que generan es tanto -y sé que con esto les doy una alegría- que en algún momento llega a desconcentrar a toreros y espectadores dentro de la plaza. Hasta que alguien es capaz de provocar olés de suficiente volumen como para poner sordina a los vocingleros. Eso es lo que pasó ayer durante la lidia del segundo toro, cuando un artista como Morante de la Puebla se sobrepuso y consiguió que varios miles de gargantas corearan a compás la emoción del buen toreo, imponiendo sus decibelios a los de la desafinada letanía extramuros de un puñado de desgañitados”.

Pues sí, si se trata de cuarenta chiflados que se desgañitan, más valiera no autorizar la manifestación, o limitar, como se hace con las discotecas, el ruido que puedan producir para no molestar a los espectadores, que bastante caro es el espectáculo. Que respeten el derecho de los demás, que se atengan a la legalidad.

Por cierto, más razonable me ha parecido una nueva actuación de los antitaurinos, que todos los años la toman contra el Toro de Vega de Tordesillas, que fue alanceado el pasado miércoles: para esta ocasión, un bufete de abogados de Málaga anunció una reclamación a la Junta de Castilla y León, con el fin de «denunciar el incumplimiento de las ordenanzas municipales, del Patronato y la normativa regional y europea por las que se rige el desarrollo del Toro de la Vega». Solicitan entre otras medidas, el control de traslado de las reses, mantenimiento de las mismas en un estado óptimo, y el control de los participantes del festejo. Lo que me parece muy bien, que se cumpla la legalidad. Eso ya es más razonable.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://farm9.staticflickr.com/8445/7948899570_539b0d1a35_b.jpg

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