Por Carlos de Bustamante

(Caldas da Rainha. Acuarela de Camilo Huescar en Facebook)(*)
Es así. Creo que la mayoría de los españoles estamos súper aburridos. Como un hatajo de ovejas. Porque todos somos la sociedad de España, leemos la prensa diaria; escuchamos y vemos en las diversas cadenas de televisión las diferentes noticias sociales, nacionales o internacionales; asistimos a foros y tertulias; escuchamos conferencias; o, en fin, simplemente conversamos con amigos y conocidos. Y el tema de todos los “medios y modos” referidos, es machaconamente el mismo o parecido. Crisis y más crisis que, excepto los que realmente la sufren y callan, hablan y hablan sin apenas padecerla.
¿No lo ven ustedes, en terrazas, bares y restaurantes? ¿Acaso no vieron también espectáculos que, previo pago de un importe, en absoluto barato, llenan estadios de fútbol o locales de diversión y esparcimiento no imprescindibles? ¿Y qué me dicen de las playas y hoteles próximos a ellas atestados de personal en los que no todos son extranjeros? ¿De verdad, de la buena, es cierta “para todos” la crisis? ¿Dónde están, pues, los que verdaderamente la padecen? Esa sociedad silenciosa que apenas les queda voz ni para protestar siquiera. Recuerdo: “como oveja muda ante los esquiladores”. “Como cordero llevada al matadero”.
Conviene, digo, que nos pasemos alguna, o muchas veces, por los comedores de Cáritas en vez de tanto bla, bla, bla… y poco xiu, xiu, xiu…Me entienden ¿verdad? Pues eso. Que hablamos mucho, demasiado, hasta el aburrimiento, y hacemos tan poco, que, como “no por mucho madrugar amanece más temprano”, tampoco por hablar hasta el aburrimiento, solucionamos nada. Absolutamente nada si a las palabras no le siguen las obras.
¿ Y a mí que me da, que, visto lo visto y referido, se nos va peligrosamente la fuerza por la boca? Como sigo con la sabiduría popular, ya saben: “por la boca muere el pez”. Locuacidad que ya aburre. Y es, además, y por tanto, peligrosa.
Si es importante lo dicho referido a la crisis económica, ¿cómo no lo va a ser, por ejemplo, la crisis de valores?
Bien saben los verdaderos demonios y sus corifeos, que haberlos háylos, y “que discurren por el mundo para perdición de”…. cómo conseguir esta crisis tan grande o mayor que la económica y de efectos más desastrosos. De sobra saben que torcido el árbol en los primeros estadios de vida, será harto difícil enderezarlo luego. Sencillo y barato: una adecuada E.p.C. y ¡hala…! Barrido de entre los niños, que pronto serán jóvenes… todo respeto a padres, maestros y demás autoridades legítimas. Es calificado enseguida y entre ellos el pudor como reminiscencias de carcas o meapilas trasnochados o tridentinos ¿Conservadores…?¿Franquistas…? Desaparecido el pudor, por supuesto y como consecuencia, desaparece la noción del pecado; que, como si fuera la “bicha”, ni se mienta. Desaparecida la conciencia de falta de pudor y pecado, ¡ancha es Castilla! Aunque no todo sea lícito, todo me estará permitido.
El “no te prives de nada”, será el pan nuestro de cada día. A partir de esa asignatura de nada y debidamente aleccionados los “educadores”, el animal que todos llevamos dentro pace a sus anchas sin cortapisa alguna por arenas movedizas…, aparentemente inofensivas.
Moralidad, austeridad, disciplina, fidelidad, honradez…, virtudes, en fin, humanas y divinas, pasan pronto, por desuso, al olvido. Suprimida o dificultada la libertad religiosa con el desalojo de crucifijos y la de siempre asignatura de religión, “todo el monte es orégano”. Juventud envejecida “antes de conantes”; madurez sin ideales; humanidad donde “tener” importa más que “ser”. Mundo loco, loco, loco… y aburrido.
Como la vida sin freno-desenfrenada- no satisface nunca del todo, los jóvenes sobre todo, buscan cada vez más placeres sean o no dañinos. Ellos (los jóvenes) caen con frecuencia en la droga; sin importar el medio y modo de conseguirla.
No es preciso detallar la cadena que sigue. Es de común conocimiento. Como lo es que, cercenados los ideales limpios, surge como por encanto (y en absoluto encantado) un mortal aburrimiento. Peligroso.
Infrecuentes las sucesivas celebraciones de aniversarios de bodas, nos adentramos en otro campo donde el aburrimiento es mortal de necesidad: divorcios a los que indefectiblemente siguen los grandes conflictos “de y con” los hijos. Los verdaderos “paganos”. Cambios sucesivos de lo que ahora dicen “pareja”. Nuevo y mayor aburrimiento. Peligroso.
Frente a tanto disparate, tenemos hoy una juventud que, sin bullicio ni botellón, es de lo mejor que han conocido los tiempos. Jóvenes curtidos en la lucha continua no contra, sino a favor de la moralidad; del matrimonio cristiano de por vida; de generosidad ejemplar en número de hijos… en fidelidad a prueba de dificultades; en atención a los muchos necesitados…. Y si Dios se lo permite, en celebración gozosa de las bodas de plata, de oro. Con la paz inmensa de los hogares luminosos y alegres.
No por último menos importante: la falta de valores se hace incluso visceral en la carencia de patriotismo. En la exaltación al límite de los siempre nefastos nacionalismos. O el patriotismo- ¿y necesario?- a ultranza, como antónimo inevitable de la virtud antes citada.
Hoy y ahora es tal la insistencia en unas y otras carencias, (con poca conversación sobre lo positivo), que, como queda dicho al inicio de este farragoso artículo, aburre hasta a las ovejas. Mal por tanto si existe el monotema. Y peligroso a más no poder si ante tantas problemas, caemos en la aburridísima y peligrosa indiferencia. ¡Qué tiempos…, Señor, qué tiempos! Éstos en que nos toca ver -increíble pero cierto- lo que ahora estoy viendo. Bestia fiera en derredor del Congreso. Madrid.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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