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El motor de explosión en la agricultura y el transporte

Tres foramontanos en Valladolid 17 Oct 2012 - 07:20 CET
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Por Carlos de Bustamante

( Motor de Mercedes Benz 1909. Acrílico de Jorge Garcia en jorgegarcia.com.ar. 70 x 50) (*)

Omití voluntariamente “La rueda” en el devenir de los modos y medios de transporte o trabajo, porque nos hubiera llevado a relatos tan antiguos “como remontarnos a los fenicios”. No es eso lo que pretendo como distracción para los lectores. Escribo de forma limitada sobre el medio rural en asuntos varios, normalmente concretados al valle del Duero.

No me basaré para cumplimentar el título en referencias escuchadas de inventos en otras generaciones. Por suerte, creo, fui testigo ocular de la evolución experimentada en el campo por el motor de explosión. Sin duda fue el tractor quien, como un revulsivo, enterró para siempre la tracción animal en labores agrícolas y de transporte. Desde entonces los carros, tan bucólicos ellos, murieron en los cobertizos o en el más completo abandono en las eras, también abandonadas. Lo mismo las mulas, el ganado de tracción animal.

La evolución-progreso fue entonces creciente a velocidad de vértigo. Coincidente -lo diré una vez más- con el éxodo del personal de los pueblos a la capital. Si, al fin hay que designar “culpables”, mi veredicto se inclina ¡ahora…! por el motor de explosión.
Es verdad que antes existió otro motor. El que sólo utilizado por privilegiados (muy pocos) instalaron en sus labranzas las calderas de vapor como motores para, con el artilugio novedoso de las “bombas”, succionar el agua de grandes embalses, ríos, pozos o arroyos.

Tal fue el caso de la “casa del vapor” en la Dehesa de Peñalba “la Verde”. Que lo fue más (verde) en parte por tal sistema de riego con la ayuda del carbón (allí vegetal), para atizar las calderas. Nada más puedo apuntar, puesto que el relator nunca lo vio en acción. Restos solo de la tremenda bomba y tuberías de extracción de grosor y peso descomunales. Fueron pioneros del gran invento los vallisoletanos talleres de Miguel de Prado, próximos a la Plaza Circular.

Con mayor modestia y menor precio para labradores de pocos “posibles”, irrumpieron luego los pequeños motores de explosión. Los que, con bombas y tuberías más apropiadas por manejables, se hicieron notar progresiva y rápidamente en el campo. En principio no pareció importar demasiado que, como los tractores, produjeran con el estrépito la rotura del precioso silencio en el valle.

En el subsuelo de todo el terreno de la Dehesa y aledaños hay un acuífero como pocos por la abundancia de aguas. Cada propietario de alguna parcela rentable en las proximidades, hizo que lo fuera aún más. Lo fue así, pese al gasto añadido de la compra del motor e instalación, para convertirla en parcela de regadío. Desembolso que también introdujo otra evolución importante.

Por la conversión del secano ancestral en modernos terrenos de regadío, las producciones, sea cual fuere el cultivo, tuvieron un insospechado incremento. Mayores rentabilidades que indujeron al labrador a las adquisiciones necesarias a base de créditos y préstamos bancarios. Seguros de amortizar pronto las insólitas deudas contraídas con la venta de producciones muy superiores. Tiempos éstos de breve inestabilidad; porque si bien el regadío requería abundante mano de obra, ésta no renunció (natural) a las nuevas y mayores comodidades que trajo a domicilio el progreso. Comodidades que asimismo requirieron mayores jornales. Y “¡vuelta la burra al trigo!”. Al endeudamiento por la adquisición de los modernos medios, hubo que añadir la disponibilidad de lo que hoy dicen “liquidez” para amortizarlos; también para pagar los jornales, mucho más elevados. Fueron, pues, muchos los que no pudieron tomar el tren del progreso. Y muchos también los que, tomado, apenas si podían remunerar a los castellanos-obreros, que requerían medios para vivir al menos como los de la capital. Por tales razones, continuó el aún más imparable éxodo.

Comentadas hasta la saciedad estas circunstancias, puede que agradezca el lector que les comente, con la mayor brevedad posible, alguna anécdota curiosa con la aparición y manejo de los motores de explosión para el riego.

Lo presencié en la Dehesa, claro. El “amo” de entonces mandó descepar un majuelo plantado “quisió cuándo” en un terreno “superiorón”. Demasiado bueno para majuelo y extraordinario para cultivos de regadío. Pero no lo era. Como por el desnivel no tenía acceso el agua de las instalaciones en funcionamiento, dispuso perforar el terreno en busca de agua. Brotó abundante a menos de cuatro metros de profundidad. Nuevo préstamo y nuevo motor.

Remataban la obra los castellanos-obreros, cuando apareció la furgoneta DKW. El personal, como mudo al principio, sólo escuchaba. El “inginiero” dijo al amo: “Motor Fita, italiano”. Santiago “Perrera”, que sería el encargado de atender el motor y regar el cacho -denominado para siempre “del Motor”- por tener mayores “hablidades”, se acercó timorato. Recibió todas (demasiadas) las instrucciones para el funcionamiento y cuidados del Fita. Puso especial atención en cómo ponerlo en marcha (arrancar). Aunque no lo entendiera del todo, el “ingeniero” le recalcó en la necesidad de purgarlo (cebarlo) y, sobre todo en la perfecta limpieza de la bujía para el “correcto funcionamiento del Fita”. Aficionado a la mecánica, estaba en su salsa, llaves en ristre y, con el “cotón” grasiento colgado del cinturón, para proceder a la limpieza, de las bujías, referida con insistencia. Y más en su salsa aún, con las explosiones en la “probadilla” tras accionar él la manivela. Conforme el amo y tras colocar el motor en el lugar apropiado, despidió agradecido a los “inginieros del Fita”. Amo y señor del nuevo artilugio, Perrera quiso lucir sus “hablidades” en presencia de cuantos le rodeaban boquiabiertos.

Accionó-importante- la manivela:

¡Tá,ta,tá, tá…. –¡De primera arranca el Fita!-exclamó ufano con mirada “al tendido”. Y “Santiaguillo Cagaris”:

-¡Sí, de primera en primera, Perrera. Pero ¿ánde coños está el agua…? “Pa mí”-añadió- que ¡lo que éste saque (le dio despreciativo con un pie) me lo bebo “ó ” de un trago! Y le mostró al compañero confuso la boca negra de la manguera del todo seca. Tomó Perrera las llaves y el cotón y limpió a conciencia la bujía. Expectación…. Dio a la manivela y…: Tá, tá, tá, tá… arrancó el Fita “superior”.

-¡Que no, Perrera, que no!, insistió Cagaris; que de palabra “semos todos mu güenos, pero “ande” se dice todo es en los hechos. Y éste-lo miró con desprecio- me “páice” que no echa “nian una meadilla diagua”. Perrera volvió a quitar y limpiar aún mejor la bujía.

-¡Tá, ta, ta, ta…! Y ¡nada, que ni gota! Cabreado Perrera le iba a dar su merecido con la llave inglesa, cuando de camino hacia él se asomó al pozo. Aún no bien rematado el brocal, al acercarse cayó una miaja de tierra y cascajo dentro. El agua mansa, hizo pompas con lo recibido. Y Perrera… : “¡No te rías cabrón –alzó la llave- mira que te, que te, que te…!” Llamaron al amo:

-¿Pero lo has cebado, hombre…?

-¿Cebado…? Yo…, “limpié la bujía –respondió- como me dijon… y pai que el Fita se nos ha marrotado antes de conantes”.

El amo pidió una herrada de agua y tras echar un buen trago de ella, vertió el agua por la copa de cebado. Perrera observaba sin pestañear las burbujas de aire que salían ruidosas al exterior. Rebosó la copa…

-¡Da ahora a la manivela, Perrera!, le dijo. Arrancó con estrépito el Fita. Acto seguido, por la boca negra de la manguera un chorro potente de agua como el cristal vio la luz por primera vez desde las entrañas mismas de la tierra. Los castellanos chapotearon gozosos encima. Incluso Cagaris que, sonriente, dijo: “¡No te jode…, que de cojones se lo tenía callado el jodío…!”. Y Santiago Perrera: “Lo que no sabía ó, es que el Fita tendría que echar primero los irutos… ”. Desaparecieron las norias y el burro que daba vueltas de continuo. El cacho del Motor también fue más verde. Las remolachas como cántaros “ande” hubo sólo majuelo.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://farm9.staticflickr.com/8334/8083406376_96bbea4a7c_b.jpg

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