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Cuándo se dan más infartos

Tres foramontanos en Valladolid 30 Oct 2012 - 07:25 CET
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Por José María Arévalo

(Incidencia de parada cardiorrespiratoria en Castilla y León, en la tesis de José Ignacio Alonso Fernández) (*)

Les decía, en el artículo de la semana pasada sobre este tema, que en torno a las 10 de la mañana es la hora de más infartos, de lo que me enteré al asistir, el pasado mes de junio, a la lectura de la tesis doctoral de mi yerno, brillante facultativo de la UCI del Clínico de Palencia, José Ignacio Alonso Fernández, que tituló “Características epidemiológicas y cronobiológicas de la parada cardio-respiratoria en Castilla y León”, realizada en el Laboratorio de Cronobiología de la Facultad de Medicina de Valladolid bajo la dirección de don Juan B. López Messa y don Julio Ardura Fernández. Me sorprendió este dato, ya que comúnmente se piensa que es mayor la amenaza de infartos durante la noche. Prometí completar el tema y cumplo con esta segunda parte, referida a otras circunstancias de las paradas cardiorrespiratorias, en la investigación realizada sobre la población castellano-leonesa: incidencia por sexo, edad, lugar, persona que alerta, causas, días de la semana, supervivencia. Como se entiende bastante bien, dentro de lo que cabe, prefiero reproducir las conclusiones, sin tratar de interpretarlas, no vaya a meter la pata.

“El patrón circadiano –en torno al día- entre hombres y mujeres es idéntico, luego podría establecerse la hipótesis de que los mecanismos que intervienen en el ritmo circadiano son independientes del sexo.” Y más adelante: “En los diferentes grupos de edad encontramos que todos presentan un ritmo circadiano pero que resulta diferente en el grueso de pacientes entre 50 y 75 años. Esto podría explicar por qué algunos trabajos han encontrado un pico de incidencia vespertino que superaba al matinal en edades avanzadas, mayores de 65 años. En nuestro estudio ese comportamiento ocurre en el rango de edad descrita, pero en edades más avanzadas nuevamente predomina el pico matinal. Sería necesaria una investigación más exhaustiva para dilucidar si otras variables aparte de la edad influyen en este comportamiento”.

“El entorno donde se presenta la PCEH, a tenor de los resultados presentados, no influye en el ritmo circadiano. El lugar de PCEH tiene un patrón de incidencia que difiere en las diferentes ubicaciones. En todas las localizaciones consideradas (hogar, lugar público y centro de atención primaria) existe un ritmo circadiano con acrofase (el punto de máxima incidencia) matinal. El segundo pico vespertino es casi equivalente en intensidad para el lugar público y el centro de atención primaria. Esto conlleva que el análisis considere que estas dos curvas difieren del ritmo observado en el grupo hogar. Además se observa cierto retraso en la acrofase de la curva de centro de atención primaria frente a la de hogar. Esto podría deberse al intervalo de tiempo entre el inicio de los síntomas y el contacto con el centro sanitario.”

“En referencia a la persona que alerta, únicamente señalar que el ritmo del familiar o conviviente, presenta un único pico matinal sin pico vespertino, frente al testigo alertador, que presenta otro pico en horario nocturno. En este caso podría interpretarse que en las horas nocturnas el conviviente buscará a otra persona del entorno que avise a los servicios de emergencias”.

“La etiología agrupada se expresa de manera diversa. El subgrupo de pacientes cardiológicos sigue un patrón idéntico al del conjunto global, el subgrupo de causas médicas carece de ritmo circadiano definido y el grupo de causas externas presenta un patrón de incidencia diurno casi en exclusiva. Las comparaciones con el grupo de causas médicas no cardiológicas refleja la diferencia entre existencia-ausencia de ritmo”.

“En el análisis del ritmo por días de la semana podría definirse un patrón general que comprendería: lunes, martes, jueves y sábado con un comportamiento que sigue el patrón del grupo global. Miércoles, viernes y domingo se comportarían como días atípicos. Comenzando por el domingo, presentaría un patrón con pico matinal pero con retraso en la acrofase y con práctica ausencia de pico vespertino sin que pueda inferirse otra causa que tratarse de un día con menor actividad laboral. En la Tabla 15 el domingo no encuentra un intervalo de confianza en la acrofase, esto es debido al gran número de casos que requiere este método para establecer unos intervalos de confianza fiables; cuando el sistema presenta dificultades para aproximar la curva ajustada, el test es incapaz de dar un valor ajustado.

Los viernes destacarían por presentar un pico vespertino más acusado. Podría explicarse para buena parte de la población, del último día laborable de la semana y la actividad física de este día podría comportarse como desencadenante de este pico vespertino. Más complicado es explicar el comportamiento de los miércoles, que también presentan una acumulación vespertina de casos sin que exista a priori una explicación plausible”.

“En referencia a la RCE y supervivencia al ingreso hospitalario, nuestro estudio no encuentra diferencias en la aparición diaria de casos respecto a los exitus. Este resultado difiere del expresado por Pleskot y otros que sí encontraban variación”.

Finalmente señala que el patrón circadiano encontrado ha permanecido constante durante los tres años de estudio: 2006, 2007 y 2008, y que este proceso se repitió en particular para el subgrupo de víctimas de presumible origen cardiológico. El resultado de este análisis arroja unos resultados superponibles a los expuestos para la población general.

Y concluye: “Se constata por tanto, la presencia de un pico matinal de mayor incidencia y otro vespertino menos marcado, que confirma la necesidad de la utilización de medidas preventivas y terapéuticas («cronoterapia»), fundamentalmente en pacientes de riesgo, apropiadas para ajustarse en el tiempo a una atenuación de los fenómenos desencadenantes.

El análisis de variabilidad temporal de la PCEH a lo largo de los días de la semana representa un problema no resuelto, ya que los estudios resultan contradictorios a la hora de establecer el día de la semana que presenta una mayor incidencia de casos. Además falta por demostrar que exista un patrón semanal reproducible. Brooks y otros han referido el sábado como el día de la semana con mayor incidencia de PCEH. Nakanishi y otros, por su parte, han reportado el lunes como el día de mayor probabilidad de PCEH. En nuestra muestra el día más frecuente fue el sábado con escasas diferencias respecto del resto de días de la semana.

Nuestro estudio no encuentra diferencias significativas ni en el análisis comparativo de los casos mediante tablas de contingencia ni mediante el test de cosinor de componentes múltiples con armónicos de 3 y ½ y de 7 días. Serán necesarios nuevos estudios para confirmar la existencia o ausencia de un patrón semanal de aparición de la PCEH.

En un tercer apartado de “Análisis circanual”, señala: “La búsqueda de un patrón estacional de la PCR también la han intentado establecer algunos trabajos. Pero si bien, algunos apuntan a una mayor incidencia de PCEH durante los meses de invierno, otro trabajo desarrollado en el hemisferio norte refleja mayor incidencia pero en los meses de verano. En nuestra serie, diciembre, enero y febrero son meses de alta incidencia de casos, pero también agosto.

Se intentó buscar la presencia de un patrón circanual mediante la aplicación del test de cosinor de componentes múltiples con ajuste por tres armónicos de 3, 6 y 12 meses. El resultado que arroja es la ausencia de un patrón circanual para los datos globales. Sin embargo, sí encuentra ritmo para los subgrupos del entorno urbano y del entorno rural. En concreto, en el entorno urbano presenta un predominio de casos en los meses de invierno, con acrofase en diciembre. Por el contrario, en el entorno rural el predomino es en los meses de verano. Esto podría explicarse en parte por el desplazamiento poblacional que se produce en la Comunidad Autónoma durante los meses vacacionales hacia el entorno rural. También podría deberse a un mayor número de PCEH por agentes externos en una época de mayor exposición, aunque este fenómeno se repite para el subgrupo de pacientes cardiológicos. Por otro lado, que exista un ritmo circanual en las PCEH cuyo alertante sea un familiar o conviviente durante los meses de invierno puede reflejar una mayor probabilidad de sufrir una PCR en el hogar en esos meses”.

En fin, y aunque un poco técnico, interesante análisis para quines estamos entrados en edad y por tanto con más riesgo de sufrir un infarto. Más vale que nos coja preparados, en alma y cuerpo, claro. Especialmente, por lo que he entendido, los sábados y sobre las 10 de la mañana.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://farm9.staticflickr.com/8335/8128216099_6f2da33b05_b.jpg

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