Periodistadigital América Home
3 segundos 3 segundos
Coronavirus Coronavirus La segunda dosis La segunda dosis Noticias Blogs Videos Temas Personajes Organismos Lugares Autores hemeroteca Enlaces Medios Más servicios Aviso legal Política de Privacidad Política de cookies
-

Labores de Ayer. En lo más crudo del invierno

Tres foramontanos en Valladolid 17 Nov 2012 - 07:22 CET
Archivado en:

Por Carlos de Bustamante

(Acuarela de Jesús Meneses del Barco, en jesusmenesesdelbarco .blogspot.com)(*)

Recibido el varapalo de la venta de la cosecha entera de patatas a una fábrica feculera a un precio irrisorio, don Julio hubo de volver los ojos a los campos sembrados de remolachas azucareras. Última tabla de salvación para no cerrar el año con pérdidas superiores a las que podría aguantar.

Pasaron por su mente-como brevemente les recuerdo yo ahora- los tiempos heroicos en que era imposible la labor de recolección del azucarado producto sin abundante mano de obra. No sin cierta nostalgia, recordó la alegría en el corte que, iniciada en la muy numerosa cuadrilla de mujeres, como por ósmosis contagiosa se transmitía a los también numerosos castellanos-obreros. Al tender la vista sobre el cacho del Redondal, aún con el verdor intenso de la muy lejana primavera, recordó…

-Superior está el cacho, le dijo Santiaguillo “Cagaris” al señor Santiago “el Sábanas”, que miraba complacido a cada remolacha extraída con el pico de dos puntas que clavado recio las horquillaba. A pocos metros del Señor “Divino” sobresalía una remolacha gorda y grande “como un cántaro”. Divino que la ve, se rasca la cabeza bajo el nacional cubrecabezas y exclama compungido por el esfuerzo que le esperaba: “¡jo…der, que pa sacar a ésa vo a tener que llamar a “Fogato” pa que tire della con las mulas…, que los lomos de un servidor están ya mu bien de marrotaus y ésta me acaba de eslomar!”.

-“¡Bah, bah, bah… inorante, que torres más altas han cáido y ésa la saco ó con la gorra!”, le dijo “Cagaris” con sonrisa de guasa maliciosa (guasona)!”

-Con la gorra ¿eh?, le contestó Divino. “Pos tiapuesto `el completo´ en cá Taca (café, copa y faria), a que no luhaces sigún lo dices… “. Acto seguido le “entriegó” el pico y la gorra.

-“Que tú ties mucho diaquí-añadió a la “entriega”- (se señalo los labios, que quedaron untados de barro). Pero pa mi que tihas pasau de listo”. Toma el pico y la gorra de Divino Cagaris y, sin perder la sonrisa de guasa, lanzó la gorra que, tras planear un buen trecho, cayó con precisión sobre la remolacha tremenda que sobresalía cuasi una cuarta sobre las otras. El rostro del señor Divino, sonriente pero escéptico hasta el momento, mudó “la color” hasta tornarse serio.

Miró con suficiencia Cagaris al personal que contemplaba absorto la apuesta, respiró hondo y tomó aire en su pecho de gurriato “en pelo malo”. Alzó a duras penas el pico y, al tiempo de expulsar ruidoso el aire, descargó, muy recio, el golpe. Horquillado el “cántaro” (la remolacha tremenda) con gorra encima y todo, miró cuasi insolente a los espectadores. Apalancó y tiró de la remolacha, que afloró a la superficie con un chasquido que parecía gemido. Las risotadas de hombres y mujeres, fueron tales, que Divino fue ahora cuando, de verdad, mudó la color hasta parecer recién enjalbegado por la su Lucía. Luego, alegría a raudales en el corte y más aún en “cá Taca” luego, cuando Cagaris sorbía exageradamente el café y chiscaba “la faria” de la que salían volutas olorosas de humo espeso. El copazo de Terry, fue visto y no visto. El buen humor en la cantina dicen-que “ó” no lo vi-, que duró casi hasta el alba.

Del recuerdo jocoso, pasó don Julio a la penosa realidad. El valor de las castellanas, quedó en el cacho del Redondal más que probado. Lo que al principio de la campaña fueran guantes en las manos recias de las mujeres, eran ahora sólo vestigios de ellos. Con todos los dedos al aire gélido, con una mano cogían las remolachas sacadas por sus hombres y, con el hocino en la otra, descargaban con precisión el golpe que decapitaba (“esculaba”) hojas y coronas de las tremendas raíces. Pero el hielo no tenía miramientos y poco antes de hacerse de noche, todas tenían las manos congeladas y a punto de aflorar los sabañones. Ateridas ellas y encorvados los hombres, “dieron de mano” al jefe y al cachicán con la expresión-¡ay!- por entonces habitual:

-¡Con Dios don Julio! ¡Hasta mañana si Dios quiere señor Santiago! Entre pinares por el atajo a Traspinedo, hombres y mujeres, castellanos heroicos desaparecieron ¡alegres! Entre las sombras. Amo y cachicán permanecieron aún un buen rato en el corte. Meditaba don Julio sobre si con el “remolachal” cubriría las pérdidas con las patatas malvendidas, cuando le sobresaltó la expresión del Sábanas:

-“¡Súperiorón el cacho ¿eh?! ¡Digo ó, que allá que leandarán las veinte toneladas la obrada! ¡¡Por lo meenoos..!! Acto seguido comenzó a señalar con la inseparable “callada”(cachaba), las remolachas tremendas que “daba la bendición el verlas”.

Es que el Redondal, le dijo don Julio, tiene una tierra extraordinaria…

-“¡Tié-le interrumpió Peduco- lo que tié que tener!: Basuras, agua y abono! ¡A ver…! ” Después de frase tan iluminada, caminaron “agudos” al caserío. Allí “riba”, el cielo estaba raso, presagio de helada “negra” mañanera. Las luces que parpadeaban en el caserío, devolvieron a don Julio a la penosa realidad. Después de roturar la alfalfa del Redondal, para nada tenía que envidiar el cacho al del año de sus anteriores recuerdos. Pero sin personal, que emigró casi todo del pueblo a diferentes capitales y después del trabajo cuasi inhumano realizado, tuvo que pensar en el progreso. Y por qué no, en amortizar las tremendas inversiones realizadas en maquinaria y “lluvia” para el riego.

Se “alcordó” de la cosechadora que probó con rotundo fracaso con las achicorias que sacaba partidas.

Al día siguiente, con hielo o sin hielo, la cosechadora pelaba, “esculaba”, arrancaba y cargaba luego en el volquete las remolachas-enteritas- al ritmo de marcha del tractor.

-¡Si lo viera Cagaris…! Exclamó Vidal “Peduco”, cachicán a la marcha del señor Julio. “¡Y no me diga, jefe, que veré cosas mejores, porque “mejor questo ya no luhay!”.

Y lo hubo: cosechadora que hacía lo mismo que la “extrordinaria” Klein, pero con ¡seis surcos a la vez!

Perplejo “Peduco”, dijo no del todo en broma:

-“¡No si entodavía, desta sale el completo con azúcar y todo!”. Sonrió don Julio, pero calló, pensativo como estaba en añoranzas inolvidables. Próximo a finalizar el “ivierno”, será el próximo día si Dios es servido cuando, soñador, dé fin a tantas labores de Ayer, objeto de recuerdo de cuantos peinamos canas hace “mu bien de tiempo”.

—
(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://farm9.staticflickr.com/8066/8179266096_a7051f3614_b.jpg

Tres foramontanos en Valladolid

Los autores nos cuentan… Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Aunque de raíces castellanas, nuestra formación, como se indica en los resúmenes biográficos que siguen, tiene lugar más allá de las […]

Más en Tres foramontanos en Valladolid

Mobile Version Powered by