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El Yoga, incompatible con el Cristianismo

Tres foramontanos en Valladolid 22 Dic 2012 - 07:26 CET
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Por Carlos de Bustamante

(La Danseuse Holoke-Go-Zen. Dibujo de Guiseppe de Nittis, Museo de Bellas Artes de San Francisco; en pintura.aut.org. 216 x 286)(*)

Un sacerdote de la India – James Manjackal, MSFS ForumLibertas.com- explica cómo la teología panteísta y la insistencia en el “yo” hacen del yoga algo muy lejano a Cristo y a lo santo.

No puedo ser original. Si anteriormente comencé con “Fidelidad, lealtad y honradez”, con “Yoga -luego-, Zen y otras yerbas…orientales”, no sería completa la exposición si no incluyera esta filosofía y práctica del yoga. Extendida por los cinco continentes, como la mala yerba que creo es:

“Como cristiano católico nacido en el seno de una familia católica tradicional en Kerala, en la India-dice James Manjackal -, pero habiendo vivido entre hindúes y ahora como religioso, sacerdote católico y predicador carismático en 60 países de los cinco continentes, creo que tengo algo que decir sobre los efectos perniciosos”. “Para algunos el Yoga -continúa como fruto de su experiencia- es un medio de relajación y de alivio de la tensión, para otros es un ejercicio que promueve la salud y el estar en forma y, para una minoría, es un medio para la curación de enfermedades. En la mente del católico medio, ya sea laico o del clero, hay mucha confusión pues el Yoga según se promueve entre los católicos no es exclusivamente ni una disciplina relacionada con la salud ni una disciplina espiritual sino que unas veces es una cosa, otras veces la otra, y frecuentemente una mezcla de las dos”.

Añade luego una advertencia que, por la profusión y peligro cierto que entraña, no puedo omitir: “Pero el hecho es que el Yoga es principalmente una disciplina espiritual y sé que incluso hay sacerdotes y hermanas en seminarios y noviciados que aconsejan el Yoga como una ayuda para la meditación y para la oración. Es triste que hoy en día, muchos católicos estén perdiendo la confianza en las grandes prácticas espirituales y místicas para la oración y la disciplina que recibieron de grandes santos como Ignacio de Loyola, Francisco de Asís, Francisco de Sales, Santa Teresa de Avila, etc. y ahora sigan a espiritualidades y místicas orientales que provienen del Hinduismo y del Budismo”. Añade luego de forma categórica (¿demasiado-dirán algunos- intolerante?): “A este respecto, un cristiano sincero debería informarse sobre la compatibilidad del Yoga con la espiritualidad cristiana y sobre la conveniencia de incorporar sus técnicas en la oración y en la meditación cristiana”.

Para mejor entendimiento de los lectores y de cuantos confundidos o de buena fe, practican esta disciplina filosófica-deportiva-religiosa, explica con detenimiento cómo y por qué sus -¿intolerantes?- afirmaciones anteriores:

Yoga: unión con una divinidad impersonal

¿Qué es el Yoga? La palabra Yoga significa «unión», el objetivo del Yoga es unir el yo transitorio (temporal), «JIVA» con el (yo eterno) infinito «BRAHMAN», el concepto hindú de Dios. Este Dios no es un Dios personal, sino que es una sustancia impersonal espiritual que es uno con la naturaleza y el cosmos. Brahman es una sustancia impersonal y divina que “impregna, envuelve y subyacente en todo”. El Yoga tiene sus raíces en los Upanishads hindúes que son anteriores al año 1000 a.C., y dice sobre el Yoga que “une la luz dentro de ti con la luz de Brahman”. “Lo absoluto está en uno mismo” dicen los Upanishads Chandogya, “TAT TUAM ASI” o “ESO ERES TÚ”. Lo Divino habita dentro de cada uno a través de Su representante microcósmico – el yo individual- llamado Jiva. En el Bhagavad Gita, el señor Krishna describe el Jiva como “mi propia parte eterna”, y afirma que “la alegría del yoga le llega al yogi que es uno con Brahman”. Curioso -digo- que tal batiburrillo de palabras ajenas a nuestro idioma, religión y costumbres, sean comunes en quienes, por incultura unos, por atractivo y subyugante otros, las dominen con toda normalidad.

“En el año 150 a.C -prosigue la exposición al detalle-, el yogi Patanjali explicó las ocho vías que guían las prácticas del Yoga desde la ignorancia a la iluminación. Las ocho vías son como una escalera. Son:

1.-autocontrol (yama).
2.- práctica religiosa (niyama).
3.- posturas (asana).
4- ejercicios de respiración (pranayama).
5.- control de los sentidos (pratyahara).
6.- concentración (dharana).
7.- contemplación profunda (dhyana).
8.- iluminación (samadhi).

Aquí es interesante observar que las posturas y los ejercicios de respiración, que frecuentemente son considerados en occidente como todo el Yoga, son los pasos 3 y 4 hacia la unión con Brahman.

El Yoga no es sólo un sistema elaborado de posturas y de ejercicios físicos, es una disciplina espiritual que pregona llevar el alma al samadhi, a la unión total con el ser divino. El samadhi es el estado en el que lo natural y lo divino se convierten en uno, el hombre y Dios llegan a ser uno sin ninguna diferencia. (Brad Scott: ¿Ejercicio o práctica religiosa? Yoga: Lo que el profesor nunca le enseñó en una clase de Hatha Yoga” en el Watchman Expositor Vol. 18, No. 2, 2001)”.

Consciente de lo arduo del tema, como también de la importancia por ser “doctrina” tan difundida, finalizo por hoy la exposición. Si Dios es servido, será en el próximo artículo donde autor y difusor, les irán atando cabos para finalizar lo que, hasta el presente, me era absolutamente desconocido.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://farm9.staticflickr.com/8479/8287832678_dc3f67b8f6.jpg

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