Por Carlos de Bustamante

(Acuarela de Angel García Rubio de felicitación de las Navidades)(*)
Antes de finalizar esta serie de cinco artículos complementarios sobre métodos orientales de meditación introducidos peligrosamente- desde mi punto de vista- en nuestras creencias y prácticas católicas, aún a fuer de pesado, creo conveniente facilitarles el recuerdo y repaso de las diferentes variantes tratadas sobre el mismo tema.
Salvo error por mi parte, comencé con el artículo (en principio desconcertante) que pudo servir de introducción: “El mundo es un pañuelo”. Salió luego “Fidelidad, lealtad y honradez” cuyo título, en principio no respondía al “motivo” de la serie. El tercero-más centrado- llevó por título “Por qué el Yoga, Zen, y otras yerbas…orientales”. Si no me he perdido en el fárrago de argumentaciones, el siguiente y cuarto (más extenso) lo titulé: “Cuando te citan el Yoga en clave panteísta”. Les anticipé que aún me faltaba el informe que, además de las normas generales escritas por el Cardenal Ratzinger, desde su cargo de Prefecto en la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, y del testimonio duro pero esclarecedor del P. James Manjackal (misionero indio de la orden de dan Francisco de Sales), les comunicaría, digo, una última opinión digna de crédito total.
Se trata de la opinión al respecto del P. José Mª Vegas, sacerdote claretiano de misión en Rusia, a quien solicité informe y consejo. Éste es pues el quinto y último artículo con el que pongo punto final al controvertido-por algunos “bienintencionados” fieles católicos- asunto de las, al parecer, atrayentes prácticas filosófico-religiosas prácticas orientales.
Insistiré una vez más, para no herir susceptibilidades, que en absoluto estoy en contra de los ejercicios meramente físicos e incluso mentales (con reservas) empleados como exclusivamente métodos de relajación. Sí, no obstante, de la cuasi, o sin cuasi, inevitable mezcolanza con lo que atañe a nuestra religión católica, apostólica y romana. Para no aburrir (ya saben… hasta a las…) copio y pego la carta recibida del sacerdote dicho, hijo de un excelente amigo y compañero en la milicia.
Querido Carlos,
La meditación transcendental y otras formas de meditación ligados al yoga no son recomendables. Están ligados a una cosmovisión completamente ajena al cristianismo y si se avanza por ese camino se deriva casi inevitablemente a una especie de panteísmo, en el que no hay más que una especie de energía cósmica (positiva o negativa) desprovista por completo del rostro personal del Dios Padre de Jesucristo. El yoga (no me refiero a los ejercicios puramente físicos de relajación, desligados de esa cosmovisión, “aunque incluso así hay que tener cuidado”) es una forma de abrir canales a fuerzas que no son el Espíritu de Dios, el Espíritu Santo, por lo que inevitablemente abran al ser humano a espíritus que no pueden traer ningún bien, antes al contrario. Especialmente peligroso y sospechoso es cuando esas técnicas de meditación se realizan bajo la guía de algún «maestro». Sólo hay un mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo, por lo que no tenemos que acudir a formas de espiritualidad ajenas que nos apartan de ese único mediador. Mi experiencia como exorcista (soy el exorcista diocesano de la diócesis de Moscú) me dice que esos flirteos con esas formas orientales de espiritualidad son modos indirectos de contacto con el ocultismo, aunque se revistan de ángeles de luz. Puede ser que esas formas tengan sentido para personas orientales que no han conocido todavía a Jesucristo, pero no para nosotros.
Con las personas que mezclan cristianismo con ese tipo de prácticas hay que actuar con delicadeza, haciéndoles ver el peligro encerrado en esas prácticas y que en el cristianismo existen todos los medios necesarios para el crecimiento espiritual.
Espero haberte orientado.
Un abrazo,
José M.ª Vegas cmf.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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