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Matrimonio de borrachines

Tres foramontanos en Valladolid 20 Ene 2013 - 07:20 CET
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Por Carlos de Bustamante

(Haya vieja.1996. Óleo de José María García Fernández, “Castilviejo”. 81 x100)(*)

Les dije “Versos sueltos de un mismo poema”. Pude decirles también y les digo, “Pinceladas castellanas”. En cualquier caso, ninguno de mis relatos son chistes •coloreados”. Son –y también se lo he dicho- anécdotas sencillas más o menos graciosas de nuestras sencillas gentes del campo. De ayer. Esto es “Matrimonio de borrachines”. Pura y sencilla anécdota.

El matrimonio Eulalia-Sinforoso eran “dos en una sola carne”. En todo. También en empinar el codo con exceso. Con demasiado exceso: borrachines.

Como “prive” y trabajo están reñidos, el matrimonio era más dado al vino que al trabajo. Si les surgía algún quehacer retribuido, el destino principal de los cuartos ganados, era abastecer debidamente la bodega. Con antecedentes tan poco fiables, lo normal era que el matrimonio estuviera mano sobre mano la mayoría de los días.
Sinforoso llegó a casa alborozado:

-¡Eulalia, Eulalia, me han ofrecido un buen trabajo!, exclamó gozoso.

-¿Cuál…?, preguntó “la Eulalia” con ansiedad.

El señor Luis, me dijo que si le alumbraba el majuelo del Estepal, me pagaría veinte duros por día, le respondió “Sinfo”, no sin “tentarse” los “reñones” con solo pensar en las cepas que debería cavar en el majuelo de cuando menos 30 o 40 líneos.

-Pos de primera en primera, Sinfo, le contestó la mujer con regocijo.

De “mañanada”, partió Sinfo azadón al hombro camino del Estepal. No muy sobrado de fuerzas y sin la bota de sus amores para mitigar sudores y trasudores, comenzó a cavar con ritmo acelerado en exceso.

El señor Luis, le sorprendió tirado al pie de una cepa recién cavada. Despertó sobresaltado cuando el amo del majuelo le “quinchó” en salvo sea la parte.

-En todos los trabajos se fuma ¿no señor Luis?, le espetó aún entre sueños.

Después de inspeccionar a conciencia el trabajo realizado por Sinfo, le dijo condescendiente:

-¡Hombre, Sinfo, así como mu bien no es que esté alumbrado el majuelo, pero te lo doy de paso. Contra el mediodía pásate-le dijo- por mi casa y te pagaré el jornal “alcordado”.

Después de tomar un vaso en la cantina del pueblo “a cuenta” marchó corriendo en “ca Luis” –“Luisón” por el tamaño-. Con los ojos haciéndole chiribitas, Sinfo recibió ¡cien pesetas!

Corrió a dar la buena nueva a “la su Eulalia”. Gozosos, se sentaron en el banco de la cocina a deliberar sobre el empleo de los cuartos.

-Había ó pensado… , dijo Sinfo, gastar noventaicinco pesetas pa vino y cinco pa pan. Y dicho lo cual. Se quedó tan oreado.

-¡¡”Alante… Sinfo, anda tontoanda, ande irás con tanto panazo”!!

Pagó, eso sí, el vaso pendiente y cumplió con su propuesta; “que pa eso he sido ó el que se ha eslomau en el majuelo”.

Cuando llegó a casa con la compra, “la su Eulalia” miró con desprecio a la media hogaza y empinó el codo hasta hartarse; es decir, hasta que se puso como una cuba.

Al poco rato los dos bailaban en la cocina mientras, sin catarla, la media hogaza descansaba sobre la mesa “mu blanca”.

El Sinfo y la Eulalia, dejaron pronto el pueblo y marcharon con otros borrachos “al cementerio a jugar al mus”.

Recordé:
“En la tumba de un tajada/ en la tumba de un tajada/ ha nacido un arbolito/ lleno de racimos de uvas/ lleno de racimos de uvas/, mira si será bonito/mira si será bonito”… Y como canción también de bodega:

“A mí me gusta el pan con queso/ a mí me gusta el pan con queso/ como se come en el rancho/como se come en el rancho/.Pero más me gusta un beso/, pero más me gusta un beso/ seguido de tres o cuatro/ seguido de tres o cuatro”.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://farm9.staticflickr.com/8359/8384245476_6363da8b59_b.jpg

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