Por Carlos de Bustamante

(In galleria. Acuarela de Alesandro Andreuccetti en aandreuccetti. altervista.org. 31×41)(*)
Apunté algo de esto en mi artículo anterior. Asumo el riesgo de provocarles un mortal aburrimiento, por continuar el ciclo de esta serie.
Tanto en el amor de los esposos veteranos, como entre el de algunos jóvenes de diferente carácter y emotividad -decía- puede no estar presente la afectividad propia de la juventud. Dicho entre ellos casi todo, con sólo “estar”, es a veces más que suficiente. ¿Acaso hay desamor por ello? ¡Válgame Dios que desatino! Aunque la afectividad-pasión-amor, puede ser y es en el matrimonio cristiano buena y ¡santa!, porque a cierta edad disminuyan, en absoluto disminuye en el mismo grado el verdadero amor.
Como en el artículo anterior “ítem digo” que en no pocos matrimonios se da, que lo que a uno de los dos (hombre y mujer) le sobra (afectividad, por ej., ), al otro le falte. ¿Y por ello no hay amor…? ¡No; en absoluto!
Como les dije, repito: quien esto escribe es cristiano católico. Puede, pues, interrumpir la lectura quien, raramente con razón o sin ella, no lo sea. “A partir de ahí- como tanto se dice y se abusa ahora- libremente me permito añadir aquí la más importante cita que les puedo ofrecer sobre el Amor. Es la que procede del Santo Evangelio según san Juan:
“Nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo como salvador del mundo. El que confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él y él en Dios. Y nosotros hemos conocido y creído en el amor que Dios nos tiene. Dios es amor, y el que permanece en el amor, permanece en Dios y Dios en él.
En esto alcanza el amor su perfección en nosotros: en que tengamos confianza en el día del juicio, porque tal como es él, así somos nosotros en este mundo. En el amor no hay temor, sino que el amor perfecto arroja fuera el temor, porque el temor supone castigo, y el que teme no es perfecto en el amor.
Nosotros amamos, porque Él nos amó primero. Si alguno dice: Amo a Dios y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues el que no ama a su hermano a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve. Y hemos recibido de ÉL este mandamiento: Quien ama a Dios, ame también a su hermano”.
Sería una insensatez por mi parte añadir nada de cuanto queda escrito sobre el Amor. Leída y meditada esta Palabra de Dios, se comprende que aún en las épocas más oscurecidas por el materialismo, la sensualidad y el deseo de bienestar-como puede ser ésta en que vivimos-, hay hombres y mujeres fieles, que en medio de sus quehaceres son la alegría de Dios en el mundo.
Tampoco quiero insistir más, por ahora, en disquisiciones sobre el amor. Añadir tan solo conceptos puntuales, y que con la debida licencia de don JR. Ayllón, sería un fallo imperdonable no acudir a la cita de cuanto enseña en su obra “Antropología filosófica” (Ed. Ariel). Lo hace en ella con tal claridad, que es perfectamente entendible aún para los no iniciados en esta disciplina.
Difícil empeño el mío si tras los referido con peor que mejor fortuna tratara de explayarme ahora en argumentos del filósofo dicho. Como aperitivo y final de artículo, dejo sólo iniciado un tema apasionante: los sentimientos. “Son –inicia el estudio `nuestro amigo´- algo natural de afinidad que facilita las relaciones enriquecedoras del hombre con sus semejantes”. De sus palabras deduzco, como él, que “un sentimiento puede dar lugar a varias (cuatro) relaciones fundamentales y que son otras tantas formas de amar: el afecto, la amistad, el amor y la caridad”. Si la caridad, digo en el sentido religioso de cuanto llevo escrito, es amor, las formas de amar tienen origen primigenio en los sentimientos. Como tampoco concibo la verdadera amistad indiferente al amor (no esponsal, claro), nos quedarían dos de cuatro dichas: el afecto y el amor. Suficientemente referido éste (pero con mayúscula) de la mejor fuente cual es la Palabra de Dios transmitida por el “discípulo que Él amaba”, faltarían-amén de otros conceptos importantes (emotividad por ej.,)- comentarios sobre los afectos y, por extensión, de la variedad en los sentimientos y pasiones. Será, si Dios es servido, en el próximo artículo de este aprendiz a filósofo.
—
(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://farm9.staticflickr.com/8379/8451877684_17ebbaefd5_b.jpg
Home