Por José María Arévalo
(El poeta José María Fernández Nieto, premio de las Letras de Castilla y León 2012)(*)
Hace un mes se nos fue José María Fernández Nieto, premio de las Letras de Castilla y León 2012, decano de los poetas de nuestra autonomía, escritor, editor y farmacéutico palentino. La prensa ha destacado también que fue hombre de profundas convicciones religiosas, que llevó a su obra, cultivando «una poesía cargada de contemplación y de ternura», que dijera en la homilía de su funeral el oficiante. Para Luis Alberto de Cuenca era «un hombre entero, con una poesía de corte clásico, clara, verdadera», como expresó en el homenaje que le ha tributado en Valladolid la Fundación Jorge Guillén. La generosidad –añadió- fue una de las virtudes que más se ha destacado siempre de él. Generosidad que en el plano literario cristalizó en el apoyo que prestó a numerosos poetas y escritores jóvenes, lo que le convirtió en el padrino intelectual de varias generaciones. Y Carlos Aganzo, director de El Norte de Castilla, ha escrito: «No podremos decir que a José María Fernández Nieto le sorprendió la muerte, porque también la muerte, como parte esencial del sentido de la vida del hombre, fue una compañera permanente en la poética del escritor de Mazariegos. Ni la muerte ni la búsqueda de la trascendencia, como manera de ser y de estar en el mundo. Pues si algo puede definir al poeta, al amigo José María Fernández Nieto, es, con sus mismas palabras, su capacidad de vivir como «un niño embriagado de ternura / que está como jugando a lo divino».
Conocí personalmente a José María Fernández Nieto a principios de los setenta, junto a aquellos primeros de la Obra que también se nos fueron, Julio Herrero, Patricio Izquierdo, Arri (Arrizabalaga), pero en aquellos años yo había dejado prácticamente de escribir poesía, dedicado al lenguaje jurídico, tras abandonar la carrera periodística y literaria. Solo mantuve la afición a la pintura, que llena ahora mis actividades de jubilado. Así que conocí más a José María como hombre que como poeta, y después lo he lamentado sinceramente. Sí sabía de su actividad en la rebotica del número 40 de la Calle Mayor, en la farmacia que fuera ya de su padre, en la que nacieron tantas revistas, libros y tertulias. Allí iba a buscarle, para tomar un cafelito y charlar.
Pienso que de haberle conocido en otras circunstancias no habría perdido tanto tiempo en buscar lenguajes nuevos en la expresión pictórica, y seguro que había recuperado el interés por la literaria, arropado por la sencillez y claridad de la poética de José María, que me hubiera limpiado de la confusión y abigarramiento por los que había caminado. Han tenido que pasar treinta años, y un encuentro inopinado con la acuarela, para que volviera a la sencillez en la forma, a expresarme de forma inteligible. José María lo practicó siempre, y una gran inspiración le permitía escribir sobre contacto con la realidad más cotidiana, no perder el contacto con ella. Hay dos villancicos que escribió hace años, y ahora he visto seleccionados en los comentarios a su figura, que lo expresan claramente, el “Villancico de la enfermera”, y el “Villancico del futbol”. Creo vale la pena recogerlos, antes de recordar su actividad pública, de la que quiero incluir una breve reseña.
Villancico de la enfermera
–Enfermera:
Jesús tiene calentura
de amor y de primavera.
¿Sabes tú con qué se cura?
–Enfermera, por favor,
piensa qué le vas a dar,
que es el suyo un mal de Amor
que no se puede curar.
–Enfermera:
acércate hasta el Portal
y ponte a su cabecera.
¡Ay, si su Madre supiera
con qué se cura este mal!
La enfermera, en oración,
se arrodilló humildemente.
Como una roja simiente
le dejó su corazón
sobre la paja del heno.
Y Jesús se puso bueno
de repente.
Villancico del futbol
Porque ha nacido el Señor
mañana no habrá partido.
¡Acércate, jugador,
a ver al recién Nacido…!
Con su camiseta a rayas
llega el muchacho risueño
¡Silencio, amigo, no vayas
a despertar al pequeño..!
José, que no conocía
las reglas del balompié,
le ha preguntado a Maria:
¡Cómo saberlo podría
si no lo sabe José!
José pregunta: «¿Has venido
a rendirle pleitesía?»
Y el jugador, sorprendido,
dice que no, que él creía
que era el Portal portería
de algún celeste partido.
Jesús, con sus manos bellas
le está pidiendo el balón
y recibe la ovación
de un graderío de estrellas.
Chuta el Niño a la primera;
María exclama: «¡Es un sol!»
José dice: «¡Aquí hay madera!»
Y en la Creación entera,
bien claro y en español,
los demonios gritan: «¡Fuera!»
los ángeles gritan: «¡Gol!»
No obstante quizá sean más expresivos de su lenguaje los que se refieren al ser castellano, al paisaje y sus hombres, que describió maravillosamente, como aquellos del poema “Tierra mía” que acaban : “Soy, a Dios gracias, ávido mendigo / de esta tierra que vive porque espera, / soy pájaro, trigal, cántaro y era / de esta Tierra de Campos que bendigo. / Porque aquí, en la quietud de Mazariegos, / nací, gracias a Dios, mientras nevaba, / como una llama niña y ruiseñora. / Y hoy, abrasado ya por tantos fuegos, / recuerdo mi niñez junto a la Nava / donde por primera vez vi la aurora”.
En 1945, el mismo año en que se licenció en Farmacia, fundó, junto con Gabino Alejandro Carriedo, Dacio Rodríguez Lesmes y Mariano del Mazo, entre otros, la Peña Nubis, que tomó su nombre de la denominación latina del río Carrión. A partir del año siguiente comenzó la edición de una revista y la organización de diversas actividades.
En 1955, con Marcelino García Velasco y Carlos Urueña, creó la revista de poesía y crítica ‘Rocamador’, de la que se editaron 45 números y que tuvo un amplio eco no solo en España, sino también en Hispanoamérica. Al principio estuvieron bajo la tutela del «Círculo Cultural del Movimiento»; pero luego, por unas poesías que publicaron de Neruda, Vallejo y otros, tuvieron problemas con la censura, y José María decidió sufragar personalmente la revista. Así, fueron saliendo números hasta el año 1968. Hoy, aún sigue funcionando «Rocamador» en su vertiente de publicación de libros, hasta ahora bajo su dirección.
Fue también uno de los fundadores de la revista ‘Juan de Baños’ y colaborador de ‘Sarmiento’, en Valladolid, ambas iniciativas promovidas por un gran amigo, el también poeta palentino Andrés Quintanilla Buey. Fue asimismo miembro activo del grupo El Saloncillo.
En 1957 fue nombrado académico de número del la Institución Tello Téllez de Meneses de la Diputación y en 1993 ingresó en la academia de juglares de San Juan de la Cruz de Fontiveros. Era presidente nacional de honor de la Asociación de Escritores y Artistas Farmacéuticos de España, cargo que ejerció en activo durante cinco años, y ayudó a constituir, junto con otros 19 autores, la Academia Castellano y Leonesa de la Poesía, en 1998.
Publicó su primer libro, en el año 1944, con el título de «Primeros poemas», aunque él considera como primero «Sin primavera», del año 1946. Es autor de más de veinte títulos, incluso uno en francés, «Pòemes Choisis», en el año 1963. Uno de los libros de mayor éxito, y que recordaba con mayor agrado, es «La Trébede», de 1961, con varias ediciones sucesivas, en el que se recoge el ambiente rural de esta tierra nuestra.
José María Fernández Nieto había ganado numerosos premios de poesía nacionales e internacionales, como el «Cervantes» de Valladolid, «Provincia de Álava», «Ciudad de Palma», «Antonio González de Lama» de León, «Ciudad de Lérida», «Guipúzcoa» de San Sebastián, “Ciudad de Huesca” o el de “Ciudad Real”, entre otros, concedidos por libros de poemas, así como más de 300 premios por textos sueltos en «Justas Poéticas» por toda la geografía española. Colaboró durante muchos años en radio, prensa y otros medios de difusión cultural, y ofreció numerosos recitales y conferencias a lo largo de su dedicación a la poesía y a la literatura.
El Ayuntamiento de Mazariegos acordó en 1990 por unanimidad dar su nombre al colegio público de preescolar y primer ciclo de EGB de la localidad terracampina, destacando sus valores humano y artístico. En el año 2001 fue galardonado con el Premio El Norte de Castilla, y en 2002 fue ya nominado para el Premio de las Letras de Castilla y León, que obtuvo el 23 de marzo de 2012.
En fin, para concluir, recojo un poema muy significativo de su talante, el que tituló “Fiesta de vivir”. Mientras lo reproduzco, parece que estoy viendo a una de mis nietas, que le dice a su hermano más pequeño, interesada por un juguete que no quiere soltar, lo que tantas veces le inculca mi hija : “Pablo, es que hay que compartir”.
Fiesta de vivir
Fiesta es vivir en compañía.
Para cantar
las aves se congregan en el árbol;
para que huela el aire
juntas crecen las rosas. No es suficiente
una espiga para amasar el pan.
El júbilo, como el tapiz, se teje
con numerosos hilos.
El llanto es más posible
cuando los ojos se hartan de estar solos.
Fiesta es vivir en compañía.
La tristeza
siempre está sola.
Es como un lago: Agua
que nunca desemboca.
Fiesta es el río
porque nutre, acompaña, ama la tierra
y viste las orillas.
Vivir es entregarse
a alguien, andar juntos, conversar,
ir aumentando el mundo con palabras
dichas a medias.
Fiesta es vivir en compañía,
cantar en coro, en orfeón de almas.
Vivimos juntos y morimos solos.
Fiesta es amar a Dios, en compañía.
En fin, José María Fernández Nieto, caballero castellano, poeta cabal, vete preparándonos una buena tertulia con el Señor y los nuestros.
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