Por José María Arévalo

(Cartel de la película «La vida de Pi», ganadora del mayor número de Oscar 2013)(*)
Como ya me viene sucediendo con las críticas, más bien comentarios, a exposiciones de pintura que incluyo en este blog a punto de clausurarse o ya concluidas, este año me ha cogido el toro de la entrega de los Oscar, cuando en ediciones anteriores he podido ir comentando con antelación las nominadas – en varios artículos- y aventurado mi quiniela ganadora. Qué le vamos a hacer, la vida es así. De todas formas ya les he comentado otros años que lo más interesante de los Oscar es descubrir buenas películas, o posibles buenas películas, no vayan a pasársenos sin verlas, que no siempre estamos atentos a las carteleras y algunas no se estrenan en las salas de cine españolas en estas mismas fechas. Bueno, no importa, las comentaré en artículos sucesivos. Lo que siento es que, habiéndolas visto todas o casi todas, e incluso proporcionado a mis amigos por “la nube” que tengo montada –ya les comenté en su día-, no he podido reaccionar a tiempo y además mi quiniela rozaba el pleno, no como el año pasado que aposté por “Hugo” y se llevó los premios aquella muda de cuyo nombre no quiero ni acordarme (bueno, “The Artist”, no vaya a despistarles). Todavía no he visto, aunque la tengo, la muda española que ahora recoge premios, “Blancanieves”, me da pereza.
De momento empiezo a comentarles el palmarés. Las noticias de prensa son un tanto discrepantes, pues mientras algunos dan como triunfadora a “Argo”, que se ha llevado el Oscar a la mejor película, otros explican que ha sido “La vida de Pi”, dirigida por Ang Lee, que se ha llevado cuatro estatuillas, incluida la de mejor dirección. “Argo” y “Los Miserables” han sumado tres cada una. “Django desencadenado” y “Lincoln” han obtenido dos de los premios; a ésta última, de Steven Spielberg, la califica la prensa como la gran derrotada de la 85 edición de los Premios de la Academia de Hollywood, pero porque la prensa misma la había dado como la previsiblemente ganadora, con doce nominaciones, y solo se ha llevado el Oscar a mejor actor, que lo es Daniel Day-Lewis y otro de tercera línea, al mejor diseño de producción. A mi “Lincoln” no me dijo nada, bien es verdad que la vi subtitulada, modo en el que las complejas maniobras políticas en que consiste se siguen con dificultad; tengo que verla de nuevo ahora que la tengo en castellano. Las otras, en cambio, me han parecido francamente interesantes, sobre todo “La vida de Pi”. Y desde luego, “Amour”, que se lleva el Oscar a mejor película extranjera, aunque figuraba en las listas de prensa junto a las antedichas, no sé por qué. Les comento.
Pero antes hay que completar la noticia: Mejor Actriz Protagonista: Jennifer Lawrence, por “El lado bueno de las cosas”; Mejor Actor Protagonista: Daniel Day-Lewis, por “Lincoln”: Mejor Guión Adaptado: “Argo”; Mejor Guión Original: Quentin Tarantino por “Django desencadenado”; Mejor Actor de Reparto: Cristoph Waltz por “Django desencadenado”; Mejor Actriz de Reparto: Anne Hathaway por “Los Miserables”; Mejor Película de Habla no inglesa: “Amor”, de Michael Haneke; Mejor Largometraje de Animación: “Brave”, de Mark Andrews y Brenda Chapman. Y otros de menor interés, pero que pueden descubrirnos buenas películas, como la última del “agente 007”, “Skyfall”, que se lo ha llevado a Mejor Canción Original.
“Argo”, Oscar a la mejor película, me recuerda aquella serie extraordinaria y de ritmo trepidante que era “24 horas”, te produce el mismo divertido desasosiego, en buena parte por el excelente montaje, más que por el asunto, que es lo de menos, aunque se ha llevado el Oscar sin duda por tratarse de tema muy afecto a los americanos, la liberación de seis miembros de su embajada iraní. Nos dicen las noticias que el régimen islámico considera que la película de Ben Affleck «carece de valor artístico». Pues no dejan de tener razón, pero es entretenidísima, ya digo, como “24 horas”. Además, los iraníes ven el hecho de que Michelle Obama anunciase la distinción, como un signo de politización. En la prensa española leo: “La primera dama irrumpió en la gala para entregar el galardón a mejor cinta a ‘Argo’, una película que bendice a la CIA”. O sea que también tienen razón. Pero estas críticas hay que tomarlas como lo que son, como el que la agencia de noticias estatal iraní “Fars” haya retocado la imagen de la primera dama en la gala de los Oscar para que su vestido cubra los hombros y el escote.
Parecidas oportunidades que “Argo”, aunque es claramente menos atractiva, tenía “La noche más oscura”, en la que una joven agente de la CIA descubre el paradero de Bin Laden. No las encuentro, ni a una ni a la otra, con suficiente entidad para tan importante galardón.
Como tampoco la tiene “Django desencadenado”, trepidante en el estilo Tarantino, pero no tan desagradable como aquella otra suya, “Malditos bastardos”, que tuvo cinco nominaciones a los Oscar 2009 y finalmente consiguió el de Mejor Actor de Reparto por la interpretación de Christoph Waltz. Creo ya les conté en mi crónica que no pude resistirla más de quince o veinte minutos. En cambio “Django” la he visto con gusto e incluso me han parecido casi justificadas algunas de sus escenas de violencia, quizá por reflejar épocas más antiguas. Como crítica a la esclavitud, hubiera competido mejor frente a “Lincoln” sin esos excesos. En cambio sí puede considerarse “artística”, por su magnífica recreación de los tiempos de la esclavitud y los personajes sureños de la época. Y por su fuerza narrativa que recuerda tanto a las películas del otro gran violento, Sam Peckinpah.
Tampoco tenía, en mi opinión, suficiente fondo y calidad artística “El lado bueno de las cosas”, como “Argo” de ritmo rápido, pero que no pasa de ser una simpática comedieta. Así que me quedaban para rellenar la quiniela, como películas con mensaje, trascendentes, “La vida de Pi”, “Bestias del sur salvaje”, “Los Miserables” y “Amour”. Extraña película “Bestias del sur salvaje”, que nos cuenta muy poéticamente las vicisitudes de una niña de color en una colonia de marginados, con una vida increíblemente miserable y aún así, para ellos y ella, sumamente atractiva, con momentos gratificantes como los banquetes de marisco que de vez en cuando celebran. Un tanto lineal en su simplicidad, y la de sus personajes, pero emocionante.
Justo la impresión contraria me ha producido “Los Miserables”, de temática próxima pero con complejo argumento, el de la novela de Victor Hugo, y abigarrada puesta en escena, tanto en la difícil vida del protagonista Jean Valjean hasta que se cruza con la que será su protegida, Fantine, como en las calles de París, entre los miserables, donde cada vez se extiende más el anhelo de la libertad frente a la tiranía y la injusticia social. No soy muy amigo de los musicales, de manera que me ha costado meterme en la película, que reconozco está maravillosamente realizada, sin la superficialidad de la otra película de las nominadas que transcribe un clásico, “Anna Karenina”, que sigue la famosa novela de León Tolstói, y que al final ha obtenido el Oscar a Mejor Vestuario. En el fondo son dos películas, para mi gusto, de escaparate, muy bien realizadas, de gran valor en su estilo ambas, pero que resultan muy artificiales.
Al final yo votaba por “La vida de Pi” y por “Amour”, sin decantarme, y parece que he acertado porque ambas han sido las ganadoras, la segunda como mejor película de lengua extranjera. Una vida de aventura, la de Pi, que sobrevive a un naufragio con la única compañía de un fiero tigre, frente a otra, la del matrimonio octogenario de Georges y Anne, magníficamente interpretados por Jean-Louis Trintignant, y Emmanuelle Riva, completamente ordinaria. Porque la dedicación de Georges a su esposa es la común de todo marido que ha tenido la gran fortuna de entenderse con su mujer a lo largo de toda una vida, lo que se dice ya no es tan habitual. Yo no lo creo, al menos lo que sigo viendo a mi alrededor, y yo mismo he vivido, son matrimonios en su gran mayoría bien avenidos, por lo que al cabo de muchos años de convivencia es normal que incluso el marido – los hombres tenemos fama de menos delicados y dedicados pero a la hora de la verdad nos portamos- se vuelque con su mujer cuando ésta padece una enfermedad terminal. Ciertamente Georges y Anne, en la película, son un ejemplo de educación y buen carácter envidiables, desde luego con algunas rarezas, más propias de la edad. Una de ellas es la resistencia de Anne a ser hospitalizada, lo que lleva a Georges a dedicarse totalmente a cuidarla. Hasta aquí, todo normal. Duele que esta conducta ejemplar le lleve –un poco injustificadamente- a perder la cabeza, dando un final negativo y poco ejemplificante a la historia. Así que una maravillosa y tan poética descripción de la vida matrimonial acaba mal, aunque con ello indudablemente gana en fuerza dramática. Al final uno piensa que a cualquiera se le puede ir la olla, y no tiene por qué ser lo habitual, Dios los tendrá en su gloria.
En “La vida de Pi” la alusión a la providencia divina es explícita desde el comienzo, pues al escritor, al que el protagonista cuenta su aventura, le han dicho que ésta lleva a Dios al más descreído. Después de contarle el naufragio, en el que muere toda la familia de Pi, y cómo él se salva, resulta que Pi, por lo increíble de su historia –que no les desvelo, hay que verla-, tuvo que ofrecer además otro guión más realista cuando los agentes de seguros no parecen convencidos de la primera versión; se lo cuenta también al escritor y le explica que así nos pasa con Dios, que hay que elegir. El entrevistador elige la versión increíble, y Pi le confirma que los agentes de seguros eligieron la misma. Lo mejor es que en la aventura con el tigre no hay ningún hecho sobrenatural, solo que es difícil de creer que las cosas que narra hayan pasado. De modo que ésta película sí acaba bien, y se lleva más Oscar que ninguna. Yo también se lo di en mi quiniela.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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