Por José María Arévalo

(Jenaro Pérez Villaamil. Colegio S. Gregorio, Valladolid)(*)
De la custodia y conservación, por la Real Academia de la Purísima Concepción de Valladolid, desde la desamortización de Mendizábal e incluso antes, de los magníficos grupos esculturales con que cuenta ahora nuestra ciudad, hemos dado una amplia referencia en capítulos anteriores, siguiendo la narración de doña Amalia Prieto Cantero en su libro “Historia de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de la Purísima Concepción de Valladolid”, que estamos reseñando, con lo que nos unimos a la celebración del 230 aniversario de que Carlos III admitiera a la Academia vallisoletana bajo su protección, en 1783. Vamos a ver cómo concluye la responsabilidad de la Academia cuando se acaban de montar los pasos de Semana Santa y se trasladan al Museo Nacional de Escultura.
En el artículo anterior empezamos a recoger el capítulo que doña Amalia titula “El Museo Provincial de Bellas Artes y la Junta de Patronato hasta su traslado a San Gregorio en 1932-1933”, y concluíamos viendo cómo el Museo de Bellas Artes después de creada la Junta de Patronato, continuó en el palacio de Santa Cruz durante veinte años más, compartiendo los locales del ex-colegio del Gran Cardenal de España don Pedro González de Mendoza, con el Museo Arquelógico, la Biblioteca Universitaria, la Academia de la Purísima Concepción y su Escuela de Música, la Comisión Provincial de Monumentos, y la Escuela de Artes y oficios. Enumeración de servicios que pone de manifiesto la dificultad, o la imposibilidad, de que el Museo de Bellas Artes estuviera bien instalado por disponer sólo de locales con poca luz y faltos de espacio. “Por ello se opinaba –continúa ahora doña Amalia- que tanto la Academia como la Comisión de Monumentos debieran de trasladarse al edificio de San Gregorio de esta ciudad y que a la Escuela de Artes y oficios se la debiera proporcionar otro local para su instalación con lo que el palacio de Santa Cruz sería suficiente para tener, en él, bien instalados, los servicios que estaban a cargo del Cuerpo de Archiveros-Bibliotecarios y el Museo de Bellas Artes.
“Mas todo esto, durante veinte años, no pasó de ser un buen deseo. Pese a todos los inconvenientes citados hay que decir que las salas del Museo de Bellas Artes recibieron durante este tiempo una organización más conveniente para la buena exposición de los objetos en ellas depositados. No obstante todo resultaba inadecuado para un establecimiento que albergaba tan valiosas obras artísticas y exigía, por eso, una instalación a tono con su importancia lo cual ha conseguido, más adelante, cuando por 1933 fue trasladado al edificio de San Gregario.
Los ingresos de obras de arte, aunque escasos, no cesaron. Algunos depósitos de objetos artísticos que se hallaban en iglesias de la ciudad fueron devueltos -como las figuras que estaban en la de San Esteban- o se hicieron otros por orden de la superioridad. Todo ello, sin embargo, es de escasa importancia. En este período lo que realmente se hizo, y que debe destacarse por su trascendencia, fue el armar los pasos de la Semana Santa que desde la primera década del pasado siglo habían dejado de salir en los desfiles procesionales y cuyo historiado había pasado, en 1828, a la casa de la Academia y después, por 1842, al Museo establecido en Santa Cruz. (Las procesiones habían sido suprimidas, por orden de la Superioridad, en 1808. En 1810 el mariscal francés Kellermann mostró deseos de verlas por cuyo motivo salió la del Santo Entierro del Viernes Santo el 21 de abril de dicho año; conf. Juan Agapito y Revilla, “Las Cofradías, las Procesiones y los Pasos de Semana Santa” Valladolid.Impr. Castellana, 1925, pp. 216 y 27, con referencia a Francisco Gallardo en Noticia de casos particulares ocurridos en Valladolid…, años 1008 y siguientes).
Contando con el permiso del Arzobispo Remigio Gandásegui, se armaron primeramente seis grupos escultóricos que salieron en la procesión del Viernes Santo de 1920. Como era necesario colocarlos en un local adecuado se trasladaron a la iglesia de San Benito el Real en donde se custodiaron éstos, y los grupos que en lo sucesivo fueron armándose, para que salieran en los desfiles procesionales. En tal local permanecieron durante tres años hasta que, en 1923, terminado ya un pabellón que se construyó en Santa Cruz para instalados, pudieron volver tales escenas -o “pasos”- al Museo de Bellas Artes, lo cual tuvo lugar al finalizarse el desfile procesional del Viernes Santo de dicho año.
El trabajo de armar los referidos pasos se inició en 1920, siendo Director del Museo de Bellas Artes Francisco de Cossío, y se prosiguió desde 1924 por su sucesor Juan Agapito y Revilla, alma de esta reorganización, el cual para efectuada con el mayor acierto, realizó detenida estudio de las figuras que los componían rectificando muchas veces los grupos formados, todo ello en consonancia con la representación que se deseaba formar y con su historiado.
Otro trabajo realizado por Agapito y Revilla fue la publicación del Boletín del Museo Provincial de Bellas Artes de Valladolid que salió de 1925 a 1929 inclusive -números 1 a 9- impresos por Casa Santarén. En él se publicaron las Memorias del establecimiento redactadas por dicho director. En la de 1924 proporciona datos de interés que, unidos a los consignados anteriormente en la «Nota histórica» del Catálogo de la Sección de Escultura del Museo citado, publicado en 1916, constituyen una valiosa reseña de la historia de las obras de arte depositadas en el referido centro, remontándose tales noticias al año 1802 en que, por R. O. de 30 de septiembre, se dispuso la recogida de las esculturas de tales pasos de Semana Santa, cuyo cumplimiento no tuvo lugar hasta 1828, siendo más detallados los datos que proporciona referentes a la desamortización de las obras de arte que tuvo lugar a partir de1835-1836, y a su colocación en locales del edificio del ex-colegio de Santa Cruz en los años 1842 y siguientes. En las Memorias sucesivas va exponiendo las vicisitudes del Museo, ciertamente encasilladas en las directrices indicadas.
Al llegar al año 1930 aparece el Boletín de la Real Academia Provincial de Bellas Artes de la Purísima Concepción que, en cierto modo, es continuación de aquél, en el cual se refleja la vida de este centro y se publican trabajos relacionados con las obras de arte en el Museo existentes.
Al ser elevado a Nacional de Escultura Policromada el Museo Provincial de Bellas Artes de Valladolid, en 29 de abril de 1932, comienza para él una etapa de exaltación de sus valores, que requeriría un estudio especial reservado para un ,especialista en el asunto, lo cual está haciéndose. Con ello terminan, pues, estas notas referentes a dicho Centro. La mejora experimentada en el Museo se debe, en gran parte, al que entonces era Director General de Bellas Artes, Ricardo Orueta, en cuyo honor colocó el Ayuntamiento de Valladolid una modesta placa en el patio pequeño del edificio deSan Gregorio.”
Con el próximo artículo, la semana que viene, concluiremos la reseña de esta historia de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de la Purísima Concepción de Valladolid, que hemos venido publicando, siguiendo la tan interesante narración de doña Amalia Prieto Cantero.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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