Periodistadigital América Home
3 segundos 3 segundos
Coronavirus Coronavirus La segunda dosis La segunda dosis Noticias Blogs Videos Temas Personajes Organismos Lugares Autores hemeroteca Enlaces Medios Más servicios Aviso legal Política de Privacidad Política de cookies
-

Rincones con fantasma.1. Un paseo por el Valladolid desaparecido

Tres foramontanos en Valladolid 25 Abr 2013 - 07:27 CET
Archivado en:

Por José María Arévalo

(Calle de Teresa Gil. Composición de Juan Carlos Urueña Paredes, en la que monta una foto antigua fusionándola con otra actual)(*)

El Ayuntamiento de Valladolid realizó una nueva edición en el año 2006 del interesantísimo libro de Juan Carlos Urueña Paredes “Rincones con fantasma. Un paseo por el Valladolid desaparecido”, que incluía un prólogo del Alcalde, León de la Riva, para el que “en una sociedad como la nuestra, en la que el protagonismo de la imagen es absoluto e indiscutible, el trabajo de Juan Carlos pone a nuestro alcance la posibilidad de recorrer virtualmente un Valladolid que ya no existe, ofreciéndonos la oportunidad de disfrutarlo con nuestros propios ojos”. Pero además nos ofrece “mil y una anécdotas e historias hilvanadas para ayudarnos a identificar los fantasmas” de una ciudad que “ansía que la amemos, la protejamos y sintamos por ella un infinito orgullo”.

Circula estos días por la red un pdf de aquella edición, lo que nos facilita su publicación en sucesivos artículos, y permite centrar nuestra atención, monumento por monumento, en cada uno de los hitos que recorre el libro. Espero les sea útil y atractiva a nuestros lectores. Como se señala más adelante, no se trata de un trabajo científico; Juan Carlos Urueña solo ha intentado recrear el aspecto exterior de buen número de edificios desaparecidos, especialmente religiosos, insertándolos en el entorno actual, y comentar su devenir, acompañando todo ello con curiosidades y anécdotas de los libros que usó para documentarse. Hoy reseñamos los prólogos de esta edición, y el del libro original, del propio autor. Advierte de entrada Juan Carlos Urueña, del que son los dibujos, fotografías y montajes informáticos, que “las fotografías antiguas que aparecen en el libro han sido fundamentales como apoyo documental. Muchas de ellas han sido utilizadas como base a montajes fusionándolas con fotos actuales de la misma zona. Las fuentes principales se han obtenido de libros recopilatorios o estudios publicados, y no directamente de sus propietarios. He tenido que obrar así pues, salvo excepciones, dichas recopilaciones y estudios no citan la propiedad de cada foto, sino que dan una reseña general de los archivos y colecciones de origen, en algunos casos de hace décadas”.

“En cada foto antigua –continúa el autor- se cita el libro donde está publicada con la abreviatura: “lib. prd.” (libro de procedencia). Estos libros están citados en la Bibliografía al final de la obra. La mayoría de las fotos se hallarán en los fondos del Archivo Municipal de Valladolid, ya que muchas de las colecciones citadas en los libros han sido donadas a esta Institución. Lamentablemente no he podido concretar este extremo, ya que según me indicó amablemente el personal del Archivo, se está trabajando aun en la clasificación y digitalización de sus numerosos fondos, lo que me impide a día de hoy una consulta pormenorizada”.

Además de la presentación del Alcalde de Valladolid , esta edición incluye un texto de doña M.ª Antonia Fernández del Hoyo, Doctora en Historia del Arte, de la Universidad de Valladolid, que vale la pena reproducir:

“Los avatares de su historia, el desarrollo experimentado en época moderna y, en no poca medida, la escasa sensibilidad de sus vecinos, han configurado la imagen actual de Valladolid: un tejido urbano formado por caserío no demasiado armónico del que emergen magníficos edificios que testimonian aspectos monumentales de otras épocas.

Seguramente, muy pocos de cuantos transitan hoy por sus calles se plantean cómo fue la ciudad en otros momentos de su historia. Únicamente quienes nos dedicamos a la investigación histórico-artística sobre su patrimonio podemos reconstruir –a partir de los trabajos de historiadores precedentes y, especialmente, mediante el estudio de la gran riqueza documental que atesoran sus archivos– una ciudad distinta cuyas calles seríamos capaces de transitar, en cuyas iglesias podríamos reconocer sus capillas por los nombres de sus fundadores o los retablos por los de sus autores, palacios cuyas estancias recorreríamos contemplando las pinturas o tapicerías que les adornaban y hasta ser recibidos por su dueño de quien conoceríamos perfectamente su historia familiar.

En muchos casos, estos estudios se editan, gracias en gran medida al patrocinio de las Instituciones, que ponen al alcance de cualquier persona interesada el conocimiento del Valladolid perdido.

Pero Juan Carlos Urueña ha seguido un camino distinto. Partiendo de los escasos testimonios gráficos que se conservan, así como de los trabajos publicados por los profesionales de la Historia, unidos a los dibujos que él mismo aporta –realizados mediante técnicas informáticas que maneja con habilidad y sin regatear esfuerzo–, Juan Carlos Urueña intenta recrear el aspecto exterior de buen número de edificios desaparecidos, especialmente religiosos, insertándolos en el entorno actual.

Como el propio autor reconoce, su meta no ha sido la precisión científica. En ocasiones la imaginación ha suplido lo que no podía documentar con exactitud. Tampoco se ciñe enteramente al rigor histórico, ni ha apurado toda la bibliografía. Sin embargo, su trabajo, pleno de entusiasmo al evocar un Valladolid perdido, servirá de acicate al vallisoletano para profundizar en el conocimiento del pasado de su ciudad, paso ineludible para defender el patrimonio que aún conserva”.

Juan Carlos Urueñ dedica “Rincones con fantasma. Un paseo por el Valladolid desaparecido”, “A mis padres, a todos los que me rodean, y también a los que ya no están”, e incluía –entiendo que en su primera edición, que reproduce lógicamente la del Ayuntamiento de Valladolid- el siguiente prólogo, que titula “Introducción y explicación de necesaria lectura”:

“Quiero en primer lugar aclarar al posible lector en esta primera página, lo que va a encontrar en este libro: una obra eminentemente gráfica que busca la reconstrucción de algunas de las edificaciones más importantes del Valladolid de antaño.

El conocedor del tema notará que faltan muchos edificios de la extensa nómina de los desaparecidos, y es que no todo se puede recuperar. Antes de empezar a trabajar tuve que adoptar un criterio con el que escoger cuáles de los monumentos se podrían recrear con un mínimo de rigor.

Lo primero que hice fue excluir aquellos de los que se conserven fotografías, pues es absurdo reconstruir aquello de lo que ya hay una imagen. Hago una excepción con dos de las antiguas puertas de la ciudad, pero con la intención de recrearlas en el espacio urbano donde estuvieron.

En segundo lugar, decidí no ocuparme de palacios o casas nobles, pues es una labor que ya está tratada, y magníficamente, en el libro de Jesús Urrea “Arquitectura y nobleza: casas y palacios de Valladolid”. También en esto hago otra excepción con la Casa del Cordón, el palacio de Távara y el del Almirante, pues lo singular de sus edificios lo justifica.

En tercer lugar decidí ocuparme sólo de aquellos monumentos de los que, además de descripciones escritas, se conserva un dibujo o grabado lo suficientemente detallado como para obtener un resultado fiable. La principal fuente ha sido la obra de Ventura Pérez, un humilde trabajador de mediados del siglo XVIII, que ilustró con sus dibujos la “Historia de Valladolid” de Antolínez de Burgos, tesoro para la historia local. Poco pudo sospechar aquel pobre ensamblador que, después de tres siglos, su trabajo sería retomado por mí, otro humilde trabajador, y recuperado gracias al dibujo y las actuales técnicas informáticas. Otro Ventura, Ventura Seco, escribano de su majestad y casi coetáneo del anterior, tuvo el acierto y la curiosidad de elaborar un minucioso plano de Valladolid en el año 1738, rescatado posteriormente por el infatigable historiador local Juan Agapito y Revilla. Es el complemento ideal a los dibujos de Ventura Pérez y permite localizar los edificios con gran precisión. Gracias a los “dos Venturas” este libro ha sido posible. También me han servido grabados y dibujos de autores posteriores que iremos viendo en cada caso.

Por último, tuve que formarme un criterio de selección conforme a la importancia. Una responsabilidad. Existieron muchos edificios curiosos en la ciudad de los que no me ocupo: los humilladeros de La Cruz y la Pasión; ermitas como las de la zona del puente Mayor, que fueron la de Nuestra Señora del Camino, san Lázaro, san Roque y san Sebastián; las de la calle Santiago, que fueron la de la Consolación y “Juan Urtado”; o san Alejo en el camino del cementerio. Cárceles como la de Corona, la de la Ciudad o la Galera de mujeres. Hospitales y hospicios como el de las Ánimas o los Mártires, los niños de la Doctrina en la calle Doctrinos, de san José de Expósitos en la plaza de Martí y Monsó, el hospicio de los pobres, que salía a san Quirce. Instituciones como la Inquisición o el colegio de Velardes. Infraestructuras, como los diversos puentes, el Espolón, el Viaje de Argales, … y más.

Aunque de la mayoría de ellos no se conserva testimonio gráfico suficiente para hacer una recreación seria, tampoco la haría en muchos casos ya que pocos tuvieron gran importancia histórico-artística salvo la anécdota de su existencia. Tanto en Chancillería como en el Archivo Histórico Provincial se conservan muchos planos y dibujos detallados de edificios o partes de ellos que se podrían recrear con facilidad, pero creo que no son interesantes salvo para el lector experto en el tema.

También hay que aclarar algo obvio: no se pueden tomar las reconstrucciones como totalmente exactas. Desde luego, son escrupulosamente fieles a los datos que han llegado a mis manos, pero he tenido que recurrir a cierta dosis de imaginación para ambientar unos espacios perdidos para siempre: las casas y tapias anejas a las reconstrucciones, aunque siguen el esquema de los planos conservados y son del estilo de la época retratada no son, como es lógico, recreación de las originales de las que no existe legado gráfico. Lo que he cuidado mucho es buscar los materiales de la época para cada edificio; y lo he hecho en la propia ciudad en caso de haberlos. Hasta he calculado la luz conforme a su situación geográfica.

El texto del libro es una descripción orientativa de las zonas donde se alzaron aquellos monumentos, a la que van unidas aquellas curiosidades y anécdotas que fui encontrando en los libros que usé para documentarme. Me pareció buena idea hacer un libro ameno, y por eso en mi narración uso un tono distendido, pues al común de los ciudadanos al que va dirigido este trabajo no es mi deseo abrumarlo con un estudio de Historia. No se ofenda por ello el purista, pues tampoco tengo yo autoridad ni titulación para escribirlo. Lo que intento aportar es un apoyo gráfico, eminentemente visual, a estudios más profundos. Las rígidas técnicas de investigación impiden que los estudiosos puedan atenerse a la fantasía en lo más mínimo. Yo, desde mi posición de simple ilustrador, no estoy sujeto a esas ataduras, y hago, en esta obra, algo que estoy seguro que ellos hacen mientras escriben: imaginar aquellos rincones, soñar para la gente.

Aclarando que no soy un erudito, sino un dibujante enamorado del tema, queda también claro que estas páginas son sólo un trabajo de recopilación cuyo gran mérito es de todos aquellos estudiosos que se dejaron y se siguen dejando la vista en archivos y sacristías. Espero que mis ilustraciones les hagan evocar el pasado con la misma curiosidad y placer que sentí yo al crearlas. Ha sido un duro trabajo, pero hecho con mucho, mucho cariño.

Titulé este libro “Rincones con fantasma” porque al mezclar fotos modernas con antiguas del mismo paraje pude darme cuenta de que algunos detalles no habían cambiado en muchos años, pero lo que más me impresionó fue la exactitud con la que se podía ubicar el sitio por donde había desfilado un soldado, la esquina donde una mujeruca había tenido su puesto de castañas, la baldosa exacta donde habían saltado a la comba unas niñas hace cien años… “fantasmas” de muchas pequeñas historias de unos vallisoletanos que ya desaparecieron.

Cuando paso por alguno de estos sitios me los imagino allí, como si su presencia cotidiana en el pasado hubiera impregnado el ambiente. Estoy convencido de que en las viejas piedras viven los recuerdos de muchas vidas. También estos rincones guardan las cicatrices de otros “fantasmas”: aquellos magníficos monumentos que adornaron Valladolid y que demolió la ignorante piqueta. Convocar a estos últimos espíritus ha sido la razón de esta obra. Aunque he manejado gran cantidad de bibliografía y testimonios gráficos, habrá siempre quien pueda encontrar fallos. Por ellos, mil perdones y mi disposición a rectificar si se me indica el error, pero lo importante es dar una idea de lo que perdimos y ya es triste que se pueda hacer un libro entero con sólo una parte de tal pérdida. Que esto sirva como una llamada al vallisoletano para que vuelva la vista hacia lo que es suyo y debe conservar.

Un recuerdo para todos a los que como yo les gusta el pasado. ¡Cuántas cosas añadirían ellos a estas páginas!

Aunque en la bibliografía del final del libro cito las fuentes más importantes que he usado para documentarme, quiero enumerar para el lector profano los autores de las crónicas antiguas que aludo más frecuentemente en el texto, por dar una somera idea de sus personajes. Se incluyen por orden cronológico:

Tomé PINHEIRO DA VEIGA. Galante, vividor y satírico escritor portugués, que escribió su impagable “Fastiginia”, crónica de Valladolid durante y después de los festejos por el nacimiento de Felipe IV hasta la primera mitad de 1605.

Juan ANTOLÍNEZ DE BURGOS. Fue un estudioso de ascendencia noble que llegó a ser regidor de Valladolid. Escribió su “Historia de Valladolid” en la que recopila hechos de una forma bastante científica, hasta el año 1637.

Ventura PÉREZ. Fue un pobre trabajador, ensamblador de oficio. Como se explica en el texto, es el autor de los dibujos de fachadas con los que ilustró una de las copias de la “Historia” de Antolínez. También escribió su “Diario de Valladolid” en el que continuó la labor de Antolínez con acontecimientos que recopila desde 1700, veinte años antes de comenzar a escribirlo y llegan hasta 1802, recopilados por otros ya muerto Ventura.

Manuel CANESI ACEVEDO. Funcionario y estudioso que escribió una densa “Historia de Valladolid” manuscrita en cinco tomos, copiando bastante de la “Historia” de Antolínez, errores incluidos. Recoge la historia de Valladolid desde su fundación hasta mediados del siglo XVIII.

Matías SANGRADOR VÍTORES. Juez, académico y cronista de la ciudad, publicó a mediados del siglo XIX su “Historia de Valladolid”, siendo la primera de todas en pasar por la imprenta. Recoge datos desde la fundación de la ciudad hasta la muerte de Fernando VII, pero sin copiar a Antolínez como sus predecesores.

Estos autores, especialmente Antolínez, Ventura Pérez y Canesi, son los que más cito en el libro pues en su obra se haya la mayoría de los datos concretos sobre edificios, comentados con la ventaja de haberlos conocido en persona. De los estudiosos modernos ya fallecidos destaco las obras de Juan Ortega Rubio, catedrático de Historia que publicó su “Historia de Valladolid” en 1881; Narciso Alonso Cortés, profesor y escritor que publicó su “Miscelánea vallisoletana” en 1915; José Martí y Monsó, afable valenciano, profesor de dibujo en mi entrañable “Escuela de Artes Aplicadas” y buen pintor, que publicó sus “Estudios histórico-artísticos” en 1901; y sobre todo de Juan Agapito y Revilla, compañero de excursiones y anhelos del anterior. Agapito y Revilla fue un estudioso que ocupó el cargo de arquitecto municipal a principios del siglo xx, al que debe la ciudad ser uno de los que rescataron nuestra Semana Santa en su plano histórico y artístico.

Son estos autores algunos de los que más se preocuparon en su tiempo del patrimonio perdido, sobre todo el último. De los que recogieron su testigo y aún siguen con la labor, nada digo por no hablar de nadie en pretérito. Y que así sigamos muchos años. Juan Carlos Urueña Paredes”

La próxima semana iniciaremos el recorrido que realizara Juan Carlos Urueña en “Rincones con fantasma. Un paseo por el Valladolid desaparecido”, empezando en la que llama Zona de los Palacios Reales, la zona comprendida entre la Plaza de san Pablo, calle de san Quirce, la Huerta del Rey y san Benito, en la que “moraron muchos de los reyes que pasaron por nuestra ciudad”.

—
(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://farm9.staticflickr.com/8384/8672633170_54d37c99ec_b.jpg

Tres foramontanos en Valladolid

Los autores nos cuentan… Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Aunque de raíces castellanas, nuestra formación, como se indica en los resúmenes biográficos que siguen, tiene lugar más allá de las […]

Más en Tres foramontanos en Valladolid

Mobile Version Powered by