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Rincones con fantasma. 3. En torno al Puente Mayor

Tres foramontanos en Valladolid 16 May 2013 - 07:29 CET
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Por José María Arévalo

(Reconstrucción de Juan Carlos Urueña Paredes, de la antigua Puerta del Puente Mayor, en base a la litografía de Benoist que se incluye más abajo)(*)

En el siguiente recorrido por el Valladolid perdido incluimos hoy las fotos y el texto que, sobre la Puerta del Puente Mayor, y sobre la aljama o judería, la calle de Mirabel y la plaza “de los Ciegos”, aparecen en el libro de Juan Carlos Urueña Paredes “Rincones con fantasma. Un paseo por el Valladolid desaparecido”, en la edición que publicó El Ayuntamiento de Valladolid en el año 2006, que estamos reseñando, en el que Urueña ha recreado el aspecto exterior de buen número de edificios desaparecidos, insertándolos en el entorno actual, y comentado su devenir, acompañando todo ello con curiosidades y anécdotas de los libros que usó para documentarse.

(Litografía de Benoist perteneciente a la serie “Vieille Castille” publicada en París en el siglo XIX)(*)

Incluiremos también la historia del Puente Mayor, siguiendo las explicaciones de vallisoletvm.blogspot.com.es, pero ya ahora parece oportuno aclarar que la Puerta del Puente Mayor, cuya reconstrucción digital realiza Juan Carlos Urueña Paredes, es un arco del triunfo a la entrada del puente por el lado del Barrio de la Victoria, que se construyó en 1689, con motivo de la visita del rey Carlos II a nuestra ciudad. Arco que, como veremos, fue demolido en el siglo XIX. En la otra boca del puente se elevaba el pequeño humilladero de San Sebastián, derribado durante la Guerra de la Independencia.

Tras la reconstrucción digital, que veíamos en el artículo anterior, de la desaparecida iglesia de san Nicolás, que se alzaba casi delante del Puente Mayor, y sucesos que la acompañaron, continúa Urueña: “La plaza de la Trinidad prácticamente linda con la antigua aljama o judería. La aljama llegaba cerca del Puente Mayor, cuya construcción fue atribuida por la creencia popular a D.ª Eylo, mujer del Conde Ansúrez. El puente fue durante muchos años la única manera de cruzar el arisco Pisuerga, río que nos ha inundado varias veces y escenario de juegos de toros y muchas desgracias. La más tonta que ha pasado a la historia es la muerte del sacristán de san Pedro, al que no se le ocurrió otra cosa que ponerse a cavar en el hielo que cubría el río en el pavoroso invierno de 1729, para ver cuanto grosor tenía. El pobre tuvo ocasión de verlo por el lado de dentro.”

“Desde el puente – continúa Juan Carlos Urueña – y bordeando la aljama corre la calle de Mirabel cuyo nombre, según Agapito y Revilla, se debe a que conducía al palacio de Mirabel, una de las residencias del rey Alfonso X el Sabio que se alzaba cerca de la Overuela. Allí suponen algunos autores que comenzó este monarca la redacción de sus famosas Partidas.

(Foto antigua del Puente Mayor, con otra del arco adicionada)(*)

En el corazón de la aljama se encuentra una pequeña plaza que se llama “de los Ciegos”, escenario de la leyenda de la “casta Susana” recopilada por Amancio Sabugo Abril.

En ella se cuenta que un rico hombre de negocios judío llamado Salomón, tenía una bellísima hija de nombre Susana habida en un matrimonio del que enviudó sin volverse a casar. Siendo así, tenía a su única hija como el tesoro más grande, pero repartía el amor de padre con su afición al precioso jardín de su casa en el que se solazaba.

( Plano de Ventura Seco. Nº 62, Convento de san Bartolomé; enfrente la Puerta del Puente Mayor, y nº 81 humilladero de la Cofradía de la Pasión)(*)

La fama de la belleza de Susana y sus increíbles ojos color violeta se extendió por todo Valladolid, y al poco tiempo la casa de Salomón se vio acosada por multitud de pretendientes incluidos los de las familias más nobles. Don Salomón se asustó y ordenó a su hija que cuando saliese de casa se cubriese y embozase de tal modo que nadie pudiera contemplar su hermosura. Esto no hizo más que echar leña al fuego, pues cuatro judíos, tres comerciantes y un rabino, se pusieron de acuerdo para espiar a la bella por las rendijas de la puerta del jardín, que la vanidad de don Salomón permitía que tuviera para que la gente admirase y envidiase su cuidado vergel.

Al poco rato de apostados los mirones apareció Susana, quien se dirigió a una elaborada pila de alabastro con la intención de bañarse. Justo en el momento en que la joven quedó desnuda, no se sabe si porque tal belleza los cegó o porque Yahvé los castigó, perdieron la vista para siempre. Así explica la memoria popular el porqué del nombre de la plaza.

De esta zona nada más dice el libro de Juan Carlos Urueña Paredes “Rincones con fantasma. Un paseo por el Valladolid desaparecido”, así que recurrimos también hoy a la magnífica recopilación de vallisoletvm.blogspot.com.es para completar la historia del Puente Mayor de Valladolid. “Fue construido, según la tradición, en 1080 por iniciativa de Doña Eylo, esposa del Conde Ansúrez. Su edificación tuvo gran importancia en el desarrollo urbano, en particular manifestado en la incipiente formación de un nuevo barrio al otro lado del río Pisuerga, el Barrio de La Victoria.

Lo cierto es –continúa vallisoletvm.blogspot.com.es- que el actual puente debe datar de los siglos XIII o XIV, lo que se ve por sus características estilísticas: arcos apuntados. En algún momento (quizás en el siglo XV) fue duplicada su anchura, como se aprecia en el intradós de los arcos, siendo en realidad dos puentes paralelos adosados.

A finales del siglo XVII, el puente tenía diez ojos y como pretil una barandilla rematada con bolas. Las crecidas e inundaciones, así como el uso constante hicieron necesarias importantes reparaciones en numerosas ocasiones durante los siglos XVII y XVIII. En 1689, con motivo de la visita del rey Carlos II a nuestra ciudad, se construyó un arco del triunfo a la entrada del puente por el lado del Barrio de la Victoria, arco demolido en el siglo XIX. En la otra boca del puente se elevaba el pequeño humilladero de San Sebastián, derribado durante la Guerra de la Independencia.

También durante esa guerra, en 1812, se volaron dos arcos, por las tropas inglesas y por las francesas; que fueron reparados con estructuras de madera que, provisionales o poco sólidas, plantearon la conveniencia de rehacerlos en piedra, reconstrucción que se acuerda con el cantero vizcaíno Juan Yrure en 1825, definitivamente terminada en 1828.

En 1886 se reformó el puente con profundidad, regularizándolo y construyendo el actual tablero, con lo que el puente perdió sus antiguos pretiles y su antiguo tablero con subida-bajada típico de los puentes medievales.

Durante ocho siglos –concluye vallisoletvm.blogspot.com.es- fue el único puente de la ciudad.”

La próxima semana, y siguiendo de nuevo a Juan Carlos Urueña, nos acercaremos al barrio de la Victoria, “ya que nos hemos dedicado –dice- a la zona del puente Mayor y la Huerta del Rey”. Nos explica que le da nombre al barrio el desaparecido monasterio franciscano de Nuestra Señora de la Victoria, del que se conserva la iglesia, actual parroquia, tras ser demolido el convento por los franceses. Y veremos la reconstrucción digital de la desaparecida Iglesia del Convento de los santos Mártires san Cosme y san Damián.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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