“Universidad virtual”, de Serafín Fanjul, y “Religión en la escuela, polémica tradicional”, de Aceprensa

(Viñeta de Borja Montoro en abc.es el pasado 19 de Octubre)(*)
UNIVERSIDAD VIRTUAL
Artículo de Serafín Fanjul publicado en ABC el pasado 29 de Mayo
Es tal la calamidad de la enseñanza estatal en nuestro país, que nadie se atreve a defenderla en sus contenidos y formas, aparte del ataque general contra el ministro Wert y su proyecto. Los inevitables manifestantes progres o separatistas nutren su escuálido argumentario en viejos espantajos del pasado que poco tienen que ver con el asunto y hasta con la actual sociedad española: clericalismo, los inalienables derechos del pueblo catalán (o de Matalascabrillas del Duque, tanto da), el hijo del obrero a la Universidad… Lemas gastadísimos hace decenios, repetidos según la vieja técnica goebbelsiana de reiterar una mentira cien, mil veces hasta volverla verdad indiscutible. Y les va bien con su parroquia, siempre dispuesta a creer (y a cobrar consiguientemente) que el mundo sólo se divide en ricos y pobres, buenos y malos. Y ellos, faltaría más, son los buenos.
La llamada Ley Wert tiene agujeros, por ejemplo rendirse ante los separatistas y renunciar a la normalización del castellano en Cataluña en administración y enseñanza por la vía natural y lógica: obligando a la Generalitat a cumplir la Constitución, las leyes, las sentencias judiciales y los derechos de los castellanoparlantes, esos mismos derechos por los que clamaban los catalanistas hace cuarenta años (enseñar al niño en su lengua materna). Un parche de cobardía pretendiendo suplantar las legítimas presiones que Mariano Rajoy tiene en su mano (legales, económicas y coercitivas, si hay que llegar a ellas). Fracasará el intento por la pacatería que lo lastra y envuelve. Y lo mismo sucederá en los demás capítulos: promoción del mérito, autoridad de los profesores, exigencia de preparación de los mismos, contenido de las materias.
Y, sin embargo, hay que intentarlo, porque el desastre es insostenible. Las hornadas que entran en la Universidad, las supuestamente mejor preparadas de la historia, escriben, tan ricamente, «exquema, excased, conbite, edicción, tradicción, extración» (y muchísimas más), las clases se han poblado de botellitas de agua, de móviles que suenan en cualquier momento –¿y por qué no, so carca?–, de ordenadores que acaban de distraer por completo la atención de los alumnos. Eso si algún profesor –demasiados– no quiere hacerse el coleguilla y el guay y se presenta en el aula con la taza del café en la mano, abriendo la barra libre pa’loquesea.
«Ahora, un buen profesor no es sólo quien tiene unos conocimientos y los transmite, sino un tecnócrata, burócrata, gestor y politiquero…», me escribe una profesora todavía joven pero valiosa, y completamente desencantada de la Universidad, en la que entró con entusiasmo idealista, como tantos otros. La tecnología, introducida hasta en la sopa, venga o no a cuento, por los buenos cuartos que se gastan comprando y renovando continuamente toda la cacharrería electrónica, pretende reemplazar a la reflexión, el estudio reposado, la lectura minuciosa y exhaustiva de los temas de trabajo: Wikipedia y el Rincón del Vago son las principales fuentes y bibliografía de la mayor parte de los alumnos, esos que se pasan por la biblioteca pidiendo «un» libro sobre tal o cual tema, «pero que sea cortito». Clases virtuales, lecturas virtuales, resultados no menos virtuales.
Hace veinte años era un lugar común en la prensa española, acogido con gran algazara, comentar que «los estudiantes de EE.UU. son casi analfabetos» ( Diario16, 3 mayo 1995), aunque ya de aquella se alzaban voces serias y sabias denunciando lo que por acá sucedía (v. g., Carmen Díaz Castañón, ElPaís, 12 enero 1993) en lo tocante a nuestra lengua común. Nadie les hizo caso. Y menos que nadie los políticos que, al contrario de lo que afirman, nunca aprenden nada de los acontecimientos, no más aguantan hasta que estos los desbordan y desplazan: ¿recuerdan a Felipe González asegurando haber «entendío el mensahe», cuando perdió la mayoría absoluta?
La lengua y su uso racional, testimonio de riqueza de pensamiento, han sido sustituidos por una jerga de informáticos y pedagogos que yo –confieso mi incultura– a veces no comprendo y otras muchas me da risa por la mezcla de papanatismo, ignorancia y pésimas traducciones del inglés que subsume, con una retórica vacua de «interacción entre conocimiento y habilidades y actitudes», con «umbrales comunes», mucho «vale» de por medio y la modificación semántica de honradísimas palabras españolas cuyo sentido se retuerce de forma estúpida (competencias; usabilidad, grado de eficacia; negociar; gestionar; virtualizar, el entorno «virtual» frente al «presencial», o sea, sencillamente, ir a clase). Estamos en el país del «segmento de ocio» (recreo), de la «unidad administrativa» por Secretaría, de la Guía Docente por Programa. Grandilocuencia que nada aporta y a nadie engaña. Es la Universidad del b1, b2, c1, c2 como niveles de dominio de una lengua, la del cronograma; del «empoderamiento», de empowerment, o sea refuerzo, fomento, potenciación, vocablos al parecer inalcanzables para las altas lumbreras que dirigen nuestra educación. Y todo rebozado en una fraseología huera de «perspectivas novedosas, percepción del otro, objetos de análisis, espacios de convivencia, conjunción de diferentes comunidades…». ¡Qué vaciedad y qué bostezo!
La multiplicación de alumnos fue el objetivo, como prueba de avance social (y socialista), hasta conseguir tener, en proporción, el doble de universitarios que Alemania, una jaimitada, porque aumentó el gasto («El hijo del obrero a la Universidad»: ya lo consiguieron, aunque aún no se han enterado) y tiró por los suelos el nivel y la seriedad de la institución, que, por esencia, debe ser selectiva, que no clasista. Proliferaron las universidades en cada provincia (seña de identidad irrenunciable, junto con el aeropuerto y a la estación del AVE), cuando ya en el siglo XVII se prevenía del abuso en el número. «Y débese ponderar que en tan corta latitud como la que tiene España hay treinta y dos universidades y más de cuatro mil estudios de gramática, daño que va cada día cundiendo más, habiéndose diversas veces pedido el remedio y últimamente en las Cortes de Madrid del año 1619», dice Fernández Navarrete en Conservación de monarquías. Nada menos.
Para terminar, sólo citaremos al profesor Rodríguez Adrados, tan justamente galardonado como injustamente desoído: «Y tenemos la famosa declaración o lo que sea de Bolonia, que va a acabar de cargarse la Universidad. Van a dejar las especialidades en tres años. Y, luego, el que quiera dedicarse a la enseñanza tendrá que hacer dos años de psicopedagogía. Olvidar lo poco que sabe. Si a mí, tras muchos años de griego, me dicen que para enseñar tengo que aprender psicopedagogía, de seguro que me retiro al yermo para hacer penitencia» (ABC, 5-4-2006).
RELIGIÓN EN LA ESCUELA, POLÉMICA TRADICIONAL
Artículo de Aceprensa publicado el pasado 22 de Mayo
El proyecto de ley de la nueva reforma educativa (LOMCE) cambia la situación de la asignatura de Religión. Como hasta ahora, seguirá siendo de oferta obligada en los centros educativos y optativa para los alumnos. Lo que cambia es que a partir de ahora su nota contará, como la de otras asignaturas, a efectos de la media académica del curso, y por lo tanto para pedir beca. Otra innovación es que los alumnos que no elijan Religión tendrán que estudiar una nueva asignatura de Valores Culturales y Sociales en Primaria y Valores Éticos en Secundaria.
Tanto Religión como Valores son asignaturas optativas, pero hay que estudiar una de las dos y el alumno también puede matricularse en las dos. Una u otra se tendrán en cuenta a efectos de superar el curso, pues no se puede pasar con más de dos suspensos. En las reválidas al final de cada etapa no se examinará sobre ninguna de las dos.
Aunque no sea un punto central de la nueva reforma educativa, la oposición ha sacado el hacha de guerra contra estos cambios, pues su ideal nunca abandonado es eliminar la religión de la enseñanza escolar.
La polémica sobre la asignatura de Religión en la escuela, que se arrastra desde hace más de dos décadas, se ha tratado en Aceprensa en diversos artículos (Consultar la voz: Religión en la Escuela). Seleccionamos algunos:
España: La asignatura de Religión, legal y equiparable a las demás
Sentencia del Tribunal Supremo de 2009 en la que rechaza que la enseñanza de la Religión en la escuela vulnere la aconfesionalidad del Estado.
La incultura no es laica (María Elósegui)
Recuerda que la enseñanza de la religión es un hecho normal en las escuelas de muchos países europeos, y muestra su necesidad para formar personas cultas.
Escuela confesional, escuela laica, escuela neutra… (Felipe-José de Vicente)
Analiza algunos argumentos que a veces se utilizan en España contra la asignatura de Religión.
España: satisfechos con la clase de Religión
Una encuesta de 2010 revela el grado de satisfacción entre los alumnos que cursan la asignatura de Religión, y las motivaciones de sus padres y sus profesores.
Artículos de Aceprensa relacionados: “Dos de cada tres alumnos cursan Religión Católica en España”
DOS DE CADA TRES ALUMNOS CURSAN RELIGIÓN CATÓLICA EN ESPAÑA
Publicado en Aceprensa el 23.MAY.2013
En su informe anual, la Comisión Episcopal de Enseñanza ha subrayado que en la actualidad, 2 de cada 3 alumnos eligen cursar voluntariamente Religión católica, y ha pedido a los responsables de los centros que “garanticen el ejercicio efectivo de este derecho que asiste a los padres”. En una nota informativa los obispos razonan la importancia de la asignatura.
El 66,7% del total de los alumnos de Infantil, Primaria, Secundaria Obligatoria (ESO) y Bachillerato están matriculados este curso en formación religiosa y moral católicas, lo que representa 3,5 puntos menos que en el 2011-12, cuando eran el 70,2 por ciento.
Así lo informó, el 11 de marzo pasado, la Conferencia Episcopal Española (CEE), que destacó que el descenso se ha producido solamente por la disminución de los que han optado por dicha asignatura en los centros estatales (56,5% respecto al 61,5% del curso anterior). Sin embargo, ha aumentado este curso en 2 puntos porcentuales (del 97,2 al 99,2%) y en 1,7 (del 69,6 al 71,3%) los matriculados en religión en los centros religiosos y en los privados, respectivamente.
Escogen la Religión el 75,1% de los alumnos de Primaria, el 72,4% de Infantil, el 55,6% de ESO y el 41,1% de Bachillerato.
En los centros religiosos el porcentaje de los matriculados en Religión supera el 99%.
En los centros públicos, el número de alumnos matriculados en Religión desciende a partir de la ESO (40,4%) y cae aún más en el Bachillerato (26,6%).
En los centros privados, el descenso se produce sobre todo en el Bachillerato (48,3%).
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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