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Rincones con fantasma. 12. San Pablo, una plaza de reyes

Tres foramontanos en Valladolid 09 Jul 2013 - 07:23 CET
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Por José María Arévalo

(En la superposición que realiza Urueña de la foto antigua, vemos que las columnas con los leones estaban originalmente mucho más adelantadas que como están actualmente)(*)

Siguiendo el recorrido por el Valladolid perdido que propone Juan Carlos Urueña Paredes en su libro “Rincones con fantasma. Un paseo por el Valladolid desaparecido”, en la edición que publicó El Ayuntamiento de Valladolid en el año 2006, que estamos reseñando, y completamos con textos de la web Vallisoletvm, vamos a ver lo que recogen sobre la plaza de San Pablo, que Urueña califica como “una plaza de reyes”.

Refiriéndose a la iglesia de san Pablo, “otro símbolo de la ciudad en el tiempo”, comienza Urueña expresando que “es otro de los emblemas de Valladolid gracias a su admirada fachada plateresca. Fue construida en unos terrenos llamados “de la Cascajera”, concedidos por la reina doña Violante en 1276. Dio nombre a la plaza, que fue una de las más célebres de Valladolid pues en ella se celebraron suntuosas fiestas y actos de Estado, siendo el escenario preferido por los Grandes de España para alardear de su pompa. Por aquí pasaron desde Santa Teresa de Jesús a Napoleón y su hermano José Bonaparte; nacieron Felipe II, su hijo el príncipe Don Carlos, Felipe IV y el infante Don Juan, hijo del emperador Carlos I, entre otras mil efemérides”.

Sobre la plaza algo más explica Vallisoletvm, en su edición de Enero de 2010 . “En esta plaza ocurrieron multitud de sucesos históricos que afectaron a la Historia de España. En ella y en las calles próximas residieron las familias mas calificadas de la grandeza española, nacieron reyes, se casaron príncipes, murieron monarcas, se celebraron cortes. En fin, constituyó el centro más distinguido del Valladolid de la aristocrácia, con todo su refinamiento de arte, lujo y magnificencia.

En ella se congregan un conjunto de edificios, los llamados «sitios reales» en siglos pasados, que la constituyen, desde el punto de vista artístico, en uno de los lugares más señeros de la ciudad de Valladolid: Palacio Real, Palacio de los Pimentel y, sobre todo, el magnífico retablo en piedra que representa la fachada de la Iglesia Conventual de San Pablo. Tambien se encuentra en este lugar el Instituto José Zorrilla.

( A la izquierda, reconstrucción aproximada de cómo sería la fachada de san Pablo en su forma original, realizada por Simón de Colonia entre finales del siglo XV y principios del XVI por encargo de fray Alonso de Burgos, obispo de Palencia) (*)

La historia de la plaza comienza –explica Vallisoletvm citando como fuente “Las Calles de Valladolid” de Juan Agapito y Revilla- cuando Dª Violante, esposa de Alfonso X y señora de Valladolid, mandó construir un modesto convento para los dominicos. Ya durante la época de Dª María de Molina, esta ordenó que se construyera en el mismo lugar un nuevo convento mas grande y una iglesia. Cuando murió la reina, las obras no se habían acabado y en su testamento de fecha 29 de junio de 1321 dejó una renta para su terminación. Lo último en terminarse fue la imponente fachada de la Iglesia de San Pablo”.

Pero sigamos el texto De Juan Carlos Urueña. “Una noticia curiosa sobre la zona, ocurrida el 7 de enero de 1831: «…como a las siete y media u ocho de la noche, se presentó en la atmósfera un meteoro muy grande sobre esta ciudad, como por encima de San Pablo, con un semblante de fuego tan vivísimo, que los habitantes que le vieron creyeron que se ardía la ciudad por el grande resplandor que daba, y otros se consternaron al ver tal terrible fenómeno; y esto le sucedió a muchos vecinos de los pueblos limítrofes que le observaron; y como a eso de las diez de dicha noche se fue deshaciendo en su marcha…» Astrónomos, ufólogos y demás estudiosos del cielo tienen aquí materia.

( En esta ilustración siguiente su posible aspecto tras la primera reforma del edificio, hecha escasos años después para elevarla a la altura de las bóvedas que sustituyeron a la primera techumbre de madera.)(*)

San Pablo se encuentra enfrente del antiguo Palacio Real y al lado de la sede de la Diputación. El Palacio Real fue al principio propiedad de Francisco de los Cobos, quien lo vendió posteriormente al duque de Lerma que lo cedió a la Corona ( “Arquitectura y nobleza, de Jesús Urrea, pág. 123) Del edificio destacan el patio y la escalera. Tuvo una torre que la gente llamaba “el peinador de la reina” que se cayó en 1732.

El edificio donde hoy se haya instalada la Diputación fue palacio de los Pimentel y los Rivadavia. En el siglo XVI albergó la ceremonia de la jura como príncipe heredero del futuro emperador Carlos V, y allí mismo nacería su hijo Felipe II. La fachada que se abre a san Pablo tiene una ventana con una reja; la tradición dice que fue cortada al medio para sacar al recién nacido y vuelta a cerrar con una gruesa cadena que aún hoy se puede observar. Dicen que se hizo así para que el niño perteneciese a la jurisdicción de san Pablo y se pudiera bautizar allí, pues si lo hubieran sacado por la puerta, habría pertenecido a la parroquia de san Martín”.

Sobre esta leyenda dice algo más Vallisoletvm, que supone desmentir su realidad. “La leyenda cuenta que por una de las ventanas del palacio, de la que cuelga una cadena, fue sacado el rey Felipe II al nacer para que fuera bautizado en la Iglesia de San Pablo, pues de salir por la puerta del palacio debería haber sido bautizado en la cercana Parroquia de San Martín. Sin embrago, parece ser que leyenda es una deformación de los hechos reales: para el bautizo de Felipe II se construyó un pasadizo
elevado entre la iglesia de San Pablo y el palacio para que la familia real discurriese por él sin pisar la calle. Al estar elevado el pasadizo, se usó como salida del palacio una de las ventanas, sin que sepamos con certeza cuál pudo ser”. Lo que no nos dicen es el por quéde que siga ahí la cadena enrollada a la reja de la ventana.

Sigue Juan Carlos Urueña: “El duque de Lerma, cuando asumió el patronato del monasterio a principios del siglo XVII, elevó la altura de la iglesia, añadiendo y cambiando de sitio los elementos de la fachada. Revolvió todo el conjunto de tal manera que hoy día su estudio es así de complicado. Esta última actuación dejó san Pablo como es en la actualidad”.

Narración que completa en los pies de las fotos, uno de los cuales, por su extensión hemos incluido resumido. Ahora lo completamos. Después de la reconstrucción aproximada de cómo sería la fachada de san Pablo en su forma original añade: “En la ilustración siguiente su posible aspecto tras la primera reforma del edificio, hecha escasos años después para elevarla a la altura de las bóvedas que sustituyeron a la primera techumbre de madera. Existen dudas sobre su aspecto entonces. En algunos estudios se propone la elevación de dos cuerpos más, pero no habría suficientes elementos escultóricos góticos para cubrir tanto espacio de entre los diseminados por la fachada. Siguiendo el estilo de Colonia y observando la fachada de la catedral de Ávila, también obra suya, se ha optado por poner todas las hornacinas góticas con santos en un único cuerpo formando el último piso, pues caben a la perfección y queda un conjunto armónico”.

(El único resto de las dependencias externas de san Pablo es esta “puerta de los carros”, que daba acceso al monasterio por su parte trasera)(*)

En Vallisoletvm de Octubre de 2009 se incluye el siguiente artículo, titulado “Iglesia y Convento de San Pablo”: “Esta iglesia conventual fue lugar de descanso de los restos mortales del infante Don Alfonso, hijo de Sancho IV y Doña María de Molina, muerto en 1291. Aquí permanecieron hasta que el año 1600, al adquirir el patronato el Duque de Lerma, fueron trasladados al monasterio de San Benito.

También sirvió de panteón de la reina Doña Catalina, madre del rey Juan II, trasladado en 1419 a la capilla de los Reyes Nuevos de Toledo, así como del mismo Juan II antes de hacerse el monumental sepulcro de la Cartuja de Miraflores (Burgos). El infante Don Juan, hijo de Carlos I y Doña Isabel de Portugal, muerto en 1528, y la reina Doña María de Portugal, esposa de Felipe II, recibieron sepultura en la iglesia hasta su traslado definitivo al panteón de Reyes, en El Escorial.

Esta iglesia sirvió de suntuoso marco en las solemnes exequias de reyes y príncipes. En él recibieron las aguas bautismales los reyes Enrique IV, Felipe II y Doña Ana Mauricia, hija de Felipe III y Doña Margarita de Austria. Aquí fue jurado príncipe de Asturias el futuro Enrique IV. En presencia de de reyes y nobles de Castilla recibió el capelo cardenalicio Adriano de Utrech, y celebró, en 1618, su primera misa el cardenal Duque de Lerma. Fue lugar predilecto de numerosos obispos que después desempeñaron su actividad pastoral en el Nuevo Mundo. En 1409 la Orden de Alcántara abrió el camino de las grandes asambleas de las Ordenes Militares y Cortes de reino en el convento”.

A continuación incluye el apartado “Historia del convento”, algunos de cuyos extremos ya refería Urueña Paredes, pero añade otros muchos. “Se pudo construir hacia el año 1276, por una donación de Doña Violante, esposa de Alfonso X el Sabio, quien cedió los terrenos para su edificación. El provincial de los dominicos obtenía carta de la reina con la concesión de “los terrenos comprendidos entre la Cascajera hasta San Benito”. En dicho lugar existía una capilla dedicada a Nuestra Señora del Pino, “por un gran pino que en ella había”.

Esa pequeña ermita sirvió de iglesia a los frailes quienes edificaron junto a ella su pobre casa “hasta que la cofradía de los pellejeros” compuesta de las personas más notables de la población, y a quien pertenecía la ermita, cedió gratuitamente algunas casas contiguas al Santuario, con las cuales dieron mayor extensión al convento.

En 1286 Doña María de Molina, esposa del rey Sancho IV, favorecía a los frailes predicadores reedificando, con magnificencia, el convento acogido a la protección del apóstol San Pablo. Aunque en su vida comenzó la obra y quiso que allí recibiera sepultura su hijo, el infante D. Alfonso, “no pudo acabarlo por la muerte que lo acaba todo”. A pesar de ello, hizo testamento donando a los dominicos las rentas que le pertenecían en el portazgo de la Ciudad, para construir la iglesia y el claustro que ella había iniciado.

De regreso del concilio de Constanza (1418), Fray Luis de Valladolid –hijo de este convento- recibió el nombramiento de confesor del rey Juan II. Puso estudio de teología en la Universidad de Valladolid, siendo lector y decano de la facultad. Años más tarde, en 1463, el cardenal Fray Juan de Torquemada, tío del inquisidor general Tomás de Tor quemada , comprendió que “la fábrica y edificios que años atrás se habían comenzado en tiempos de la reina Doña María, eran estrechos y por muchas partes arruinados y la iglesia muy pequeña y por ser de tierra muy mal segura”.

Trató de renovarla y la levantó desde los cimientos, “muy suntuosos y de fuerte muralla de piedra”. Para la empresa recibió préstamos del pontífice Pío II. Muerto en 1468, otro dominico, Fray Alonso de Burgos –obispo de Palencia, confesor de la reina Isabel, prosiguió la construcción y ornamentación del templo que “con la muerte del Cardenal Torquemada quedaba manca”. Decidió terminar la obra, “aunque la empresa era dificultosísima por ser lo que faltaba mucho y de muy grande costa y al parecer imposible en muchos años…con todo eso la acabó en pocos y muy pocos años e hizo cuanto en aquel convento hay que ver y estimar: el claustro principal, el sobreclaustro, coro, refectorio, hospedería, dormitorios, capítulo, librerías y otras oficinas con la portada de la iglesia, retablo y reja de la capilla mayor”.

Las obras fueron contratadas con Simón de Colonia. El convento agradeció a sus mecenas tan innumerables beneficios cediéndole, para edificar, la mayor parte del terreno del Colegio de San Gregorio, actualmente Museo Colegio de San Gregorio, propiedad del Estado. Al otorgar testamento recordaba, de nuevo, su obra, “otrosí mandamos a nuestro monasterio de San Pablo, cien mil maravedís con que paguen sus deudas e se desempeñen e rueguen a Dios por nuestra ánima”.

Posteriormente el dominico Fray García de Loaysa, cardenal de la iglesia, levantó la soberbia sacristía, “tan suntuosa sacristía que para iglesia conventual lo fuera”.

(San Pablo, Valladolid. 1906. Acuarela de William Wiehe Collins en «Cathedral Cities of Spain» written and illustrated by W. W. Collins, published by William Heinemann, London)(*)

En el año 1601 adquirió el patronato del convento Don Francisco de Rojas y Sandoval, gran duque de Lerma, quien proponiéndose –al decir de los contemporáneos- emular la obra del Escorial realizó las últimas reformas. Su esplendidez permitió levantar la cubierta de la iglesia a la altura que contemplamos actualmente, adelantando el segundo cuerpo de la fachada introduciendo los escudos de la casa ducal de Lerma, las cuatro figuras de los evangelistas y la repisa de la Virgen, junto con los machones que enmarcan la fachada. Invirtió en las obras una cantidad superior a sesenta mil ducados. Deseaba que el templo sirviera de descanso de sus restos y de su esposa.

La historia de la ciudad relata el ocaso del convento en la primera década del siglo XIX. En 1809 entraron en la ciudad 1.200 soldados franceses de infantería y bastantes de caballería, siendo acuartelados en el convento e iglesia. “El hortelano del convento dio muerte en la misma huerta del convento a un soldado francés y lo tiró al pozo, lo cual motivó que Napoleón decretase la supresión del convento, el secuestro de todos los bienes y la muerte del hortelano, que fue ejecutado.

Las mesas de piedra del refectorio del convento se convirtieron en asientos para el Campo Grande y las baldosas las colocaron en las aceras de las calles”. Demolido el convento, con su piedra se construyó el antiguo Presidio Modelo, que, posteriormente, sirvió para Academia de Caballería, derruida más tarde. Después de estas destrucciones solo quedaría en pie la iglesia que todavía admiramos por su grandeza y hermosura.

El 18 de agosto de 1835, por disposición del Capitán General de Castilla la Vieja le llegó la exclaustración. Por esta disposición los frailes tuvieron que abandonar el convento. Pocos años después fueron derruidos los pocos edificios conventuales que quedaban, respetándose solo la iglesia conventual. La comunidad fue restaurada en 1893. El espacio del que disponían los frailes para vivienda era mínimo. Es la razón por la que hubo que adaptar la antigua sacristía como vivienda conventual. Así sigue siendo hasta hoy”.

(En el plano de Ventura Seco se localiza “puerta de los carros” dando salida a la Rondilla de santa Teresa, pero al variar con el tiempo el trazado de la calle, haciéndose casi recta, la puerta ha quedado en la otra acera)(*)

Además, en otro artículo, titulado “La Puerta de los Carros del Antiguo Convento de San Pablo” Dicembre de 2009, Vallisoletvm completa la historia de esta puerta, que Urueña Paredes solo menciona en pie de foto. “Uno de los puntos de contacto con el exterior de los antiguos conventos de clausura, que se autoriza en la regla de Urbano IV de 1263, es una puerta que se abriría en cualquier lugar del muro exterior del monasterio para introducir en el patio del mismo aquellos objetos de gran tamaño, relacionados sobre todo con las labores agrícolas que se realizaban en la huerta inmediata al edificio, y que no pudiesen entrar a través del torno. Sería la llamada comúnmente en la documentación hispana «puerta de los carros», que debía estar sólidamente sellada al exterior y abrirse en contadas ocasiones.

En la actual rondilla de Santa Teresa pero en el lado opuesto de la calle, debido a que el trazado actual de la misma ha variado con respecto al antiguo, pueden observarse los restos de lo que fue aquella puerta de acceso a las huertas del convento de San Pablo ( incluye, igual que lo hace Urueña, una referencia al Plano de Bentura Seco de 1738, señalando con un punto rojo la puerta).

Finalmente, para completar esta relación, incluimos el texto que reprodujo Vallisoletvum, en Agosto de 2012, tomado del diario ABC, “El incendio de la Iglesia de San Pablo de 1968”.

“El pavoroso incendio se declaró el 9 de septiembre de 1968. El fuego fue descubierto durante la celebración de una de las misas de primera hora de la tarde. Inmediatamente se dio orden a los fieles para que abandonaran el templo, cosa que llevaron a cabo con relativa calma. Rápidamente comenzaron a verse las llamas en la bóveda de la iglesia. A las tres y media de la tarde ya se habían perdido, por lo menos, la mitad de la bóveda, obra de mediados del siglo XV, pintada por Carducho. Con la mayor celeridad fueron avisados los bomberos del parque de esta ciudad. También fueron avisados los de Palencia. Tan pronto como fue divulgada la noticia del incendio, se presentaron en el lugar del suceso el capitan general, gobernador civil, alcalde de la ciudad, jefe superior de Policía, delegado provincial del Ministerio de Información y Turismo, jefe de la Policía Armada, otras autoridades y arquitectos municipales. Se trabajó intensamente para evitar que el fuego se propagase al Museo Nacional de Escultura Policromada, edificio contiguo a la iglesia de San Pablo. Las pérdidas fueron de gran consideración, debido a las obras de arte que contiene el referido monumento. El siniestro se inició en la bóveda superior del altar mayor.”

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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