Por Carlos de Bustamante

(Santuario de la Anunciación en Nazaret. Acuarela de David Robert en “View the Holy Land”; odisea2008.com)(*)
Virutas, ratoncillo del taller de José, ya era carpintero entre los de su especie. Cada día lo vivía sin miedo en el taller entre los restos-virutas- de los trabajos que realizaban el amo y su esclavito, sin serlo, Tarsicio. Aprendió, a su modo, el oficio. Cerró al fin la boca por la sorpresa recibida por las palabras del Ángel Gabriel. Muy cerca de su amigo humano niño Tarsicio, enderezó al máximo las orejillas y siguió a la escucha embelesada. Como yo Tarsicio, sin movimiento, claro, de orejas.
Aparte de que ya se lo sabrán ustedes, como las anteriores, recuerdo sólo algunas palabras sueltas. Tan impresionados “estábamos”.
Myriam dijo al Ángel: “¿De qué modo se hará esto, pues no conozco varón?”.
Con sólo cinco o seis años, y según expresión barriobajera que les ruego me perdonen de lo escuchado, “no me jalé un rosco”. No entendí nada.
-¿Qué ha dicho el Ángel?, le pregunté a Virutas en suave siseo desde nuestro escondite.
-¡Pero qué ignorante eres Tarsicio!, me recriminó Virutas, que añadió, casi enfadado, mas no sin un cierto rubor que con la claridad intensa le pude ver: “´¿Es que acaso no sabes cómo se viene al mundo?” ¿Cómo venimos tú y todos nosotros?”
-Si nadie me lo explica, ¿cómo lo voy a saber?, le dije sinceramente. Me descubrió el secreto precioso de la vida.
-“ El ángel Gabriel dice que sin necesidad de unirse a ratón- o sea a varón alguno- Dios hará el milagro de que Myriam se quede embarazada.
-¡Aaaah…!, le contesté sin aún entender. Del rubor, Virutas pasó al rojo encendido.
-¡Tarsicio, me estás poniendo nervioso!, replicó, excitado por mi cara de haba-. ¿Es que acaso no has visto nunca cómo se unen macho y hembra de cualquier especie y luego nacen ratoncillos como los míos o niños como vosotros…? Fui ahora yo el que se puso un poco colorado. Entendí y boquiabierto por el anuncio, me quedé pasmado. Más cuando escuché la contestación de mi Ama y Señora Myriam que recuerdo perfectamente:
“He aquí la esclava del Señor. Hágase en mi según tu palabra (“¡¡Fiat!!”)”.
Entendí “divinamente” que, aún sin vivir juntos-unirse hombre y mujer- teníamos ante nosotros lo que dijo el Ángel: “será llamado Hijo de Dios”. O sea, y entiéndalo bien de Tarsicio niño lo que muchos hombres dicen disparates, que no se creen ni ellos. Ante nosotros -Virutas y Tarsicio- teníamos oculto en el seno de Myriam, Ama y Señora, al mismo Yahveh -YO SOY- hecho hombre. Pequeñito, no nacido, pero Hombre. Desde que mi Ama dijo “Hágase”. ¿Vale…? Pues vale.
Algo dijo también de una tal Isabel, prima de Myriam, que también estaba embarazada, aunque era casi, o sin casi, viejecita. “Porque para Dios nada hay imposible.
Se fue la luz. Se hizo de noche. Virutas, impresionado, al taller. Tarsicio, servidor de ustedes y esclavito, sin serlo, de mi Ama y Señora, a “meditar”. Feliz. Ahora, ¡lástima!, en la noche oscura. Nos vemos…
—
(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://farm4.staticflickr.com/3185/3095543438_05250b2e66_o.jpg
Home