Por Carlos de Bustamante

(Rebaño. Pastel de Marco Picci, www.marcopicci.it)(*)
Menos mal que el conspicuo lector sabe interpretar perfectamente las comillas de “salvación”. Si no fuera así, podría asegurar que más de uno pensaría en otro “tronco” solemne. No digo que en parte –y puede que importante- no lo vaya a ser. Lo que sí digo es que sabrán a qué se refiere esta entrecomillada “salvación”.
A nadie se le oculta a estas alturas, que el progreso causó una verdadera revolución en el campo. Revolución que afectó (lo he tratado varias veces en artículos publicados en este blog) tanto a castellanos-obreros, como a los antiguamente denominados “amos”. Hoy “jefes”, empresarios, o los mal denominados “terratenientes”. Lo incuestionable fueron los efectos de esta revolución: emigración al extranjero para los primeros o emigración, también masiva, a nuevas industrias instaladas en las grandes capitales; en principio sólo en el norte de España. Y posibilidad para los malhadados “terratenientes…” de efectuar los obligados desembolsos, tantas veces ruinosos, por los que se entramparon con créditos y letras a muy altos intereses La “salvación”, pues, para el relator fue la Dehesa ganadera que les vengo tratando. Culpa sin duda, del guión de Israel que trajo mi entrañable amigo y veterinario militar Ismael Blanco Flecha (q.e.p.d.) y que nunca se lo agradeceré bastante. Verán acto seguido el porqué:
Las industrias lácteas para transformación de la leche de oveja en queso, estaban en pleno auge. El manjar exquisito entró en la posibilidad de consumo en familias para las que antes era prohibitivo. En consecuencia, el precio alcanzado para la leche, su materia prima, fue elevado y rentable. Pareja a esta rentabilidad fue el aumento espectacular de la producción de leche pura de oveja en la nueva Dehesa ganadera. Providencialmente visto por el relator acuciado por la necesidad como tantos otros labradores, tuvo en los hatajos de ovejas churras selectas la referida salvación por la muy alta producción de leche, que se disputaban las fábricas más afamadas fábricas del demandado producto: Flor de Esgueva, Boffard… y tantas otras de reconocida fama no sólo por estos pagos. La fuerte demanda hizo subir los precios de la leche de oveja; y como la Dehesa era eminentemente ganadera, por el momento en la especie ovina, la verdadera revolución en el campo y con ella las fuertes inversiones, mal que bien pudieron solventarse gracias a las tantas veces mentadas ovejas churras.
No cayó el relator en la tentación ambiciosa de seguir el progresivo aumento de la cabaña ganadera ovina, no. Puesto que con la cifra importante alcanzada (mil cabezas, mil) logró-no sin apuros- cierto equilibrio presupuestario, hubo de resolver luego verdaderos problemas que se hicieron patentes con la cifra de cabezas alcanzada. Mejor que el relator los expuso el buen pastor Valeriano.
-“Digo ó jefe, que nian con todos mis hijos metidos a zagales, puen llevar a cariar tantismo ganau. Y digo ó, jefe –prosiguió- que o trai usté pa la Dehesa más pastores, o este ganadillo tan extrordinario se nos marrota. Y también servidor le tié que decir, y usté perdone, que nian pastos quedan en la Dehesa pa que las uvejas enllenen nian una parte de la barriguilla. Y anque las churrillas se coman hasta los gijarros de las tierras, me se van a quedar-“páice” que termina- tan isquerosas, que va a dar hasta la ansión el verlas”. Lo parecía, pero aún no había terminado.
– “Y pal ordeño -prosiguió “dispués” del breve respiro-¿no habría denguna máquina pa las uvejas como pa las vacas? , porque -añadió- con tantísmo ganau un servidor tié ya las espaldas y los reñones marrotaus. Vamos ¡digo ó…!”
No pasaron más de dos días desde que Valeriano “tirase” estas palabras, cuando, previa demanda, “vinon” del cercano pueblo de La Parrilla dos hermanos pastores en solicitud de trabajo.
Con el hijo de Valeriano y los dos extraordinarios pastores parrillanos, en la Dehesa ganadera hubo tres grandes hatajos de ovejas, para tres pastores de categoría.
¿Y Valeriano…? Una miaja “marrotau”, y los años que no perdonan, siguió como mayoral de pastores en la Dehesa ganadera; y como sustituto también del relator, que, imposible dar más de sí, pasaba en las horas libres (¿)- las noches en que no estaba de servicio en el cuartel- pasando al libro de registros los datos que, perfectamente aprendidos, le entregaba Valeriano “el mayoral”.
Pocos días después de incorporados los nuevos pastores y de las palabras “tiradas” por Valeriano, “vinon” varios “ingenieros” , que, una vez visto el ganado, los nuevos apriscos que se hicieron y los requisitos que cumplían éstos, explicaron a los pastores y relator las excelencia de la “sala de ordeño” que, previo encargo, iban a instalar. Eran instalaciones con parecido a las de las modernas salas de ordeño para vacuno de leche y procedencia, claro, israelita.
No había transcurrido un mes de la visita, cuando las churrillas en época de ordeño tras el destete de la descendencia, desfilaban por las instalaciones como si lo hubieron realizado así siempre. Los pastores, dentro de un foso alargado, se limitaban a colocar el instrumental en las ubres de las ovejas que, en pocos minutos, quedaban vacías del preciso líquido que producían en cantidad en pocos (o ninguno) lugares igualado. El diario camión cisterna, llevaba la leche refrigerada a la fábrica de Peñafiel. Cuna del queso Flor de Esgueva, de merecida fama algo más que nacional.
De lo que sigue- que lo hay- a estas novedades, tendrá el paciente lector conocimiento en los próximos artículos que, si Dios es servido, verán la luz en éste nuestro blog, con perspectivas preferentemente (que no únicas) castellanas.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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