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Rincones con fantasma. 16. Plaza de Zorrilla y Campo Grande

Tres foramontanos en Valladolid 06 Ago 2013 - 07:23 CET
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Por José María Arévalo

( Templete del Campo Grande, tristemente desaparecido. Lib. prd. “Valladolid,
vivencias y fotografías”. Pág. 116)(*)

Continúa Juan Carlos Urueña el capítulo sobre “Zona de Santiago, Zorrilla y Campo Grande”, después del amplio comentario a la zona de la calle Santiago que vimos en el artículo anterior, tratando de la Plaza de Zorrilla y del Campo Grande, en su libro “Rincones con fantasma. Un paseo por el Valladolid desaparecido”, que estamos siguiendo y completando con otras reseñas, sobre todo con las de Vallisoletvm, como hacemos también hoy.

“La cofradía de la Vera Cruz –escribe Urueña- tuvo una ermita o humilladero en la actual plaza de Zorrilla, al igual que el que la penitencial de la Pasión tenía situado fuera de la ciudad, pasando el puente Mayor. Ambos fueron derribados por los franceses durante la guerra de la Independencia para evitar que las guerrillas se parapetasen detrás. Esto ocurrió según el diario de Hilarión Sancho, el 17 de enero de 1809, pero de esta noticia hay versiones contradictorias, pues se conservan crónicas que dicen que los derribos se debieron a su ruina”.

“El humilladero de la Cruz –continúa-, oratorio de la cofradía durante muchos años, se alzaba enfrente de lo que luego sería Hospital de la Resurrección, donde hoy se levanta la llamada “casa de Mantilla”, bonito edificio que fue la comidilla de la época por ser el primero que contó con luz eléctrica y ascensores. El hospital se construyó sobre el solar de la antigua Mancebía pública, rancia institución vallisoletana de la que algunas fuentes sitúan la fundación a finales del siglo XIV.

( En la foto, único dibujo fiable que se conserva del humilladero de la Vera Cruz, pequeño fragmento del plano obra de Diego Pérez, tan poco definido que resulta –dice Urueña- imposible al autor de estos textos reconstruirlo)(*)

Este lugar, donde se recogían y ejercían las señoras de mala vida, estuvo regentado por la cofradía de Ntra. Sra. de la Consolación y la Concepción, a la que la ciudad compró el “negocio” en 1541 con la sana intención de cambiarlo a un sitio más discreto y entregar el edificio a los promotores del futuro hospital. Eso sí, dejando bien claro que «…lo que rentaren las dichas casas y exerçiçio publico de dichas mugeres se convierte para los propios de esta villa…» Estaba claro que la Mancebía debía funcionar «…para evitar las enfermedades que se podrían rescreçer no aviendo mugeres publicas.»

De esta manera se defendía la salubridad y se administraba el negocio por vía legal. Este alegre panorama era el que vieron durante 55 años los cofrades de la Cruz cada vez que acudían al humilladero, hasta que los promotores del hospital, cansados de esperar la cesión del edificio por parte del municipio que no acertaba a encontrar nuevo acomodo a sus “trabajadoras sociales”, invadieron la Mancebía el Domingo de Ramos de 1553 llenando el edificio de pobres enfermos ante el asombro de las “damas”.

Una vez establecido el Hospital de la Resurrección, ejerció sus funciones durante largos años hasta su desaparición a finales del siglo XIX. En esas fechas se llevó a cabo la alineación de la calle derribando todo lo que molestaba, con lo que este edificio dio con sus vetustas piedras en el suelo. Su fachada con el Cristo Resucitado se conserva en el jardincillo de la casa de Cervantes, y no está mal el sitio, teniendo en cuenta que el universal escritor imaginó a los famosos y locuaces mastines, Cipión y Berganza, como vigilantes del hospital en sus “Novelas ejemplares”.

( El rastro nuevo de los Carneros al comienzo del siglo XVII. 1. Casa de Cervantes. 2. Hospital de la Resurrección , actual Casa de Mantilla 3. Puente sobre el Esgueva. Vallisoletvm)(*)

El entorno del Campo Grande, centenario pulmón verde de la ciudad cuya historia es tan rica que ya está recogida en libros por entero dedicados a él, ha servido de escenario a torneos, ejecuciones, algaradas, acampadas y desfiles castrenses, pregones, subastas…

Algunas ejecuciones y almonedas, entresacadas de las crónicas de Ventura Pérez, nos resultan hoy vergonzosas e increíbles, como la puesta a la venta (en el año 1724) «…de seis moros con las mulas». No es el único suceso ocurrido en el Campo Grande que hoy nos escandaliza, pues dos años después, a un tal Juan Rodríguez «dieron garrote y le quemaron por sodomita, y al que cooperó con él, llamado Luis de la Rosa, le echaron a presidio. El quemado andaba vestido de mujer y hacía todas las labores de coser, hilar, hacer media, encajes y ropa blanca…». Cruel castigo a tan “graves crímenes” que cometió el pobrecillo, pero es que en aquellos tiempos se zanjaban hasta los pequeños problemas sociales de una manera algo brusca. Por ejemplo, el actual problema del tabaquismo que tantas campañas y dinero cuesta hoy al Estado, se solventó en 1746 con un edicto ordenando… «…que nadie tomase tabaco y rapé, que era un tabaco de Francia, con pena de la vida.»

( Valladolid, por Ventura Seco (1738). 1.Vista del río Esgueva, con la Puentecilla del Rastro de madera, actual C/ de Miguel Iscar. 2. Calle del Rastro. 3. Hospital de la Resurrección, actual Casa de Mantilla. 4. Convento de Agustinos Recoletos, hoy casas de la Acera de Recoletos. 5. Convento del Corpus Cristo, hoy casas de la Acera de Recoletos. 6. Espolón Viejo, que se extiende desde el templo de San Lorenzo hasta las Tenerias. 7. Hospital de San Juan de Dios.8. Puerta del Campo situada a la entrada de la C/ del Campo, último tramo de la actual C/ Santiago) (*)

Hay más edictos curiosos, como el dictado en 1842 en el que se prohibía «el distintivo del bigote y toda insignia militar a las personas que no tuviesen derecho a llevarlas, pues de ese abuso resultaban perjuicios a la buena opinión de tan benemérita clase.»

También es verdad que la clásica picaresca española aún no había desaparecido por esas fechas, y es hasta cierto punto lógica la dureza de las autoridades que tenían que lidiar, por ejemplo, con caraduras del calibre de un tal Manuel Francisco Díaz, “lumbrera” que proponía en 1716 un método de enseñanza con el que los niños aprenderían a leer en sólo dos meses y ¡la lengua griega en cuatro días!

Al hablar del Campo Grande, hay que mentar la popular Feria del Sudario que se celebraba en él hasta hace poco durante la Semana Santa. Esta “feria” tenía sus orígenes en una romería que tenía lugar desde tiempos antiguos, conocida también como “del Sudario”, durante la cual se montaba un mercadillo de artesanías y bagatelas, transformándose con el tiempo en feria de atracciones.

Esta romería tenía lugar durante la Pascua de Resurrección, para venerar un Santo Sudario propiedad del desaparecido convento de Nuestra Señora de la Laura, del patronato de la Casa de Alba. Cuentan las crónicas del convento que el duque don Fadrique quiso hacer una copia de la Sábana Santa de Turín, pero estando la ciudad en guerra no le fue posible hacerse con los servicios de un pintor que la copiase tan rápido como la urgencia de aquellos peligrosos momentos demandaba. El duque, contrariado, decidió poner el lienzo sin pintar sobre la reliquia de Turín, por aquello de que su contacto pudiera dejar alguna virtud en él. La leyenda dice, como no podía ser de otra manera, que milagrosamente quedó grabada la santa imagen en el lienzo en blanco. La verdad, menos poética, es que el tal milagro está catalogado como “pintura sobre tela, 207 x 80 cms.” Es un milagro al óleo. ¡Qué desencanto! (J. José Martín González y Fco. Javier de la Plaza Santiago, “Monumentos religiosos de la ciudad de Valladolid”, pág. 158).

El duque fue enterrado en el monasterio, pero su recorrido no terminó allí. Durante la guerra de la Independencia los franceses ocuparon el convento «…reuniendo las monjas a las del convento de Santa Ana; También llevaron a dicho convento el cadáver que se hallaba íntegro del gran duque de Alba, los huesos de su esposa y un venerable capuchino su confesor: el duque estaba en un ataúd de terciopelo negro, como si estuviese acabado de hacer, lo mismo el manto capitular y borlas de plata, a pesar de 250 años o más que estaba en dicho convento de la Laura, como fundador de él.»

La Academia de Caballería es punto de referencia visual de la plaza de Zorrilla. Se trata de un ostentoso palacio inspirado en el de Monterrey de Salamanca. Frente a su fachada, la estatua dedicada al regimiento de cazadores de Alcántara, cuerpo de caballería que fue aniquilado casi en su totalidad al cargar a la desesperada contra las fuerzas marroquíes en Annual en 1921. Es una delicada obra de Mariano Benlliure, llena de movimiento.”

Y así concluye Juan Carlos Urueña su relación, que, extensa en anécdotas pero parca e datos más recientes, nos vamos a permitir ampliar em primer lugar con lo que relaciona Vallisletvm sobre el “Parque del Campo Grande”, en artículo de Octubre de 2009. “El Campo Grande es un gran jardín público ubicado en pleno centro de la ciudad de Valladolid. Tiene forma triangular, cuenta con 115.000 m² (11.5 ha.) de superficie y está limitado por la calle de la Acera de Recoletos, el Paseo de los Filipinos y el Paseo de Zorrilla. Su acceso principal se encuentra en la Plaza de Zorrilla, donde junto a una gran puerta de factura moderna se halla un escudo floral de la ciudad. El parque se encuentra cerrado en todo su perímetro por una sencilla verja que corre entre pilastras, con puertas en todos sus lados.

Su origen como parque o, más específicamente, como zona ajardinada, se remonta a 1787, aunque ya desde el siglo XV hay que considerarlo como un espacio urbano de gran importancia. Un aspecto notable del parque es la abundante población avícola. Repartidos por su superficie se encuentra una faisanera, una pajarera y un palomar, perteneciente al Club Colombófilo de Castilla, que hacen que los pavos reales, faisanes y palomas sean muy numerosos y se hayan convertido en los auténticos habitantes del parque. Tiene una gran variedad de árboles que constituyen un verdadero jardín botánico. Antes de su denominación como Campo Grande, por su considerable tamaño, se denominó Campo de la Verdad y posteriormente Campo de Marte.

La pretensión de los historiadores Juan Antolínez de Burgos y Matías Sangrador y Vitores de retrotraer el origen de Valladolid a la época romana les hace afirmar la existencia de un poblamiento o villa en el centro del actual trazado urbano, de tal manera que los restos que justificarían esa hipótesis estarían situados en lo que durante siglos se conoció como Puerta del Campo. Esta denominación hace referencia a una de las puertas que limitó la ciudad por su lado sur, desde finales del siglo XIII hasta el primer tercio del siglo XVII. Dicha puerta estuvo situada en la confluencia de las calles de Santiago y de Claudio Moyano [vimos la reconstrucción de Juan Carlos Urueña en el artículo de la semana pasada], por lo que abarcaba la práctica totalidad del Campo Grande y de la Plaza de Zorrilla, además de los terrenos que hoy ocupa la Academia de Caballería.

Según Antolinez, en el año 1595, con motivo de la realización de diversas obras en las cercanías de la Puerta del Campo junto a los terrenos de la actual Academia de Caballería y del Hospital de los Desamparados o de la Resurrección (en lo que hoy es la Casa Mantilla) se descubrieron sepulcros: «labrados de cantería y los cuerpos que en ellos estaban tenían todas las señales de ser romanos»

Antolínez sostiene también la existencia en todo el Campo Grande de enterramientos abovedados y el hallazgo de un aposento con mosaicos en las ruinas de la antigua muralla situada junto a la Puerta del Campo.

Si no se tienen en cuenta las teorías de Sangrador y Antolínez sobre la ocupación romana del Campo Grande, los primeros datos vinculados a la existencia de esta gran superficie indican que se configuró a partir de suelos agrícolas comunales. En realidad se trata de un típico descansadero, teniendo en cuenta el rango de Cañada Real del actual Paseo de Zorrilla. A lo largo de las cañadas, de vez en cuando, aparecen los descansaderos, que suponen un amplio terreno al lado de la cañada par apartar allí los ganados y hacer un pequeño alto en el camino y descansar. En este caso, es un descansadero hecho justo antes de entrar en la ciudad, de manera que reposarían allí los ganados y sus encargados.

A lo largo de varios siglos se celebraron en este recinto festejos y celebraciones de toda índole. Durante la Edad Media, fue conocido como Campo de la Verdad ya que era el lugar donde se desarrollaban duelos de honor y exhibiciones militares. En el año 1335 el rey Alfonso XI de Castilla organizó un torneo en el que combatieron los Caballeros de la orden de la Banda e incluso intervino el propio Alfonso XI disfrazado.

En el siglo XV, tuvo lugar un episodio bélico que formó parte de las guerras civiles que caracterizaron el reinado de Enrique IV de Castilla. Parte de los nobles castellanos se alzaron contra el monarca apoyando los derechos sucesorios de su hermano el Infante Alfonso de Castilla en contra de Juana la Beltraneja. En septiembre de 1464, la lucha entre los partidarios de Enrique y Alfonso se dirimió en Valladolid. Los rebeldes se apoderaron de las puertas y torres de la ciudad, a excepción de la puerta y la torre del Campo, que defendía el Merino Mayor de Valladolid Alonso Niño, que mantuvo su lealtad al monarca.

En la propia ciudad, Juan de Vivero, contador mayor del reino, se levantó el día 15 contra Enrique IV y tomó partido también por el infante Alfonso, sitiando a Alonso Niño en dicha torre y puerta. La resistencia de Alonso Niño hizo que al día siguiente la villa se alzara contra los Vivero y a favor del rey. Niño fue liberado, se reconquistaron las demás puertas, puentes y torres y los Vivero y sus partidarios fueron expulsados, dando entrada a los leales al rey.

A partir de finales del siglo XV y durante el XVI, la ciudad se extendió por esta zona y la Puerta del Campo se rodeó de edificios, fundamentalmente conventos. Según sostiene Martín González, la disposición triangular de éstos se debe a que los edificios se orientaron siguiendo la línea de los dos ríos que atravesaban la zona; el Pisuerga, por un lado, y uno de los ramales del río Esgueva, por otro.

La Puerta del Campo albergó durante un tiempo el patíbulo donde eran ejecutados los condenados tanto de la Inquisición como de la justicia ordinaria y militar. En el año 1506, fue colocada la horca en un lugar cercano a la entrada. Según Juan Agapito y Revilla, el campo se conoció con el nombre de la «hoguera» o el «brasero», por esta razón, en el siglo XIX pasó a denominarse Campo de la Feria, ya que allí eran quemados los herejes”.

La relación que aquí hace Vallisoletvm de los Autos de Fe que aquí se celebraron fue ya objeto de nuestra atención en el capítulo sobre la lápida de Cazalla, próxima al convento de San Benito, y que recogimos tras el artículo dedicado a éste.

“La fiesta taurina –continúa Vallisoletvm- está también unida a la historia del parque. Las corridas se celebraban habitualmente en la Plaza Mayor, acondicionada para ello, aunque existían otros escenarios como la Plaza Vieja o de San Pablo. Tras el incendio de 1561 los festejos tuvieron que trasladarse durante un tiempo a la Puerta del Campo, acotándose para ello una parte del Campo cercana a la puerta. Los toros recorrían el trayecto desde el matadero situado en la calle del Rastro (hoy calle de Miguel Íscar), donde estaban encerrados, cercano al Hospital de la Resurrección, pasando por la Puerta del Campo y la calle de Santiago”.

Trata a continuación de la “Puerta del Príncipe”. Entre 1787 y 1788, según el proyecto del arquitecto neoclásico Francisco Valzanía, se trazaron varias calles con hileras de olmos que delimitarían aproximadamente el actual perímetro del Campo Grande y la Acera de Recoletos confluyendo en dos plazas circulares, la plaza de Zorrilla y la Plaza de Colón.

En 1846 se dieron los primeros pasos hacia la creación del Campo Grande en su concepción actual. En esta fecha el Ayuntamiento de la ciudad se opuso a la construcción de un edificio proyectado para Presidio Modelo en esta zona. En contraposición, la sección de ornato público del consistorio vallisoletano propuso una serie de mejoras encaminadas a facilitar el riego del arbolado existente.

En 1877, a partir de la iniciativa del alcalde de la ciudad, Miguel Íscar, fue encargado el proyecto de su acondicionamiento a los arquitectos Ramón Oliva y el encargado de jardines Francisco Sabadell. Este proyecto, su trazado y la distribución del jardín responde a una concepción romántica y naturalista, con diferentes caminos, glorietas, plazas y parterres entre los que se levantan numerosas fuentes y memoriales”.

“Construcciones desaparecidas. La primera construcción de que se tiene constancia escrita, es un crucero de piedra que estaba situado frente a la antigua Puerta del Campo. Después, en 1498, se construyó allí mismo el humilladero de la Cruz que se mantuvo en pie bastantes siglos. Siguiendo en antigüedad se tiene amplio conocimiento del Convento de San José de Padres Capuchinos. Eran padres franciscanos capuchinos que levantaron su convento en el primer tercio del siglo XVII, al fondo del paseo, donde se encuentra actualmente el monumento a Colón. Allí vivieron hasta 1820 en que se marcharon a Rueda (Valladolid), empleando entonces el edificio para otros usos como cárcel, cuartel, manicomio y almacén de ferrocarril. Fue destruido en 1860.

Entre finales del siglo XIX y a lo largo de todo el siglo XX aparecieron y desaparecieron pequeñas construcciones que se levantaban según las necesidades o la moda de cada momento. Una de las primeras fue un templete de madera para música que se podía desmontar, pero pronto fue sustituido por el tradicional quiosco o templete de música cuyo modelo con distintas variantes proliferó en todas las capitales de España.

(Antiguo teatro Pradera)(*)

A la entrada del Paseo y cerca de la plaza de Zorrilla se levantó el Café del Pino, familiarmente conocido como El Chalet. Era una especie de bar o kiosco de bebidas muy al estilo de la época, servido y atendido por personal del café Royalty de la calle de Santiago. Tenía un aspecto exótico, entre chalet suizo y pagoda china. La clientela que se sentaba allí al aire libre podía escuchar la música del templete cuando tocaba alguna banda. Pegado a este café y formando bloque con él pero mirando a la plaza de Zorrilla el empresario Manuel Pradera construyó el embrión de lo que después sería Teatro Pradera, un barracón poco atractivo conocido por los vallisoletanos con este nombre: El Barracón. Duró poco y fue sustituido por el, primero teatro, y después cine Pradera. Durante 57 años estuvo en activo esta sala de espectáculos donde se dieron zarzuelas, comedias, revistas y varietés. Cuando el cinematógrafo desplazó en cierta medida al teatro, la sala se convirtió en un modesto y popular cine con un precio asequible a todos los públicos. El 24 de septiembre de 1967 tuvo lugar por la noche la última representación que se hizo de manera solemne y como despedida de toda una institución popular vallisoletana. Para este acontecimiento se representó la comedia musical Metidos en harina con sus principales intérpretes Zorí, Santos y Codeso cuya compañía teatral llevaba 25 años actuando en la época de ferias de Valladolid. A la función asistieron las autoridades con el alcalde al frente. Se dijo que se había tomado la decisión de derribar el inmueble.

(Foto antigua de la Plaza de Zorrilla, en Vallisoletvm)(*)

Más o menos en el espacio que ocupa ahora una caseta de venta de productos típicos de Valladolid se construyó una pajarera donde se custodiaba un pavo real blanco. Hacia los años 40 del siglo XX se sustituyó la pajarera por una especie de templete moderno también para la música hecho en hierro y ladrillo, de dos plantas; la de arriba era una especie de terraza al aire libre donde tenían que colocarse los músicos. No tuvo ningún éxito debido principalmente a la mala acústica. El Ayuntamiento se lo ofreció más tarde, ya en los años 50 del siglo XX al empresario González Maillo quien dedicó la planta baja a espectáculos de variedades y bautizó el local con el nombre de GyM. Tuvo un gran éxito que duró bastantes años.

Cerca también de la plaza de Zorrilla se construyó un bar cuadrado y con la barra rodeándolo por los cuatro costados, conocido como El Naranjal. Los cuatro frentes estaban azulejados.

Hacia los años 60 del siglo XX se derribó el último templete clásico que estaba situado delante de la actual puerta que da acceso al recinto del parque desde este Paseo Central. En su lugar se levantó un edificio de hormigón que se consideró como el primer Auditorio y de hecho se llamaba así, Auditorio de Valladolid. Era como una concha, con bóveda de horno, bastante grande, y durante muchos años fue la sede de los Festivales de España en la ciudad y de las actuaciones del Teatro Nacional y de otros espectáculos. Se derribó por los años 80 del siglo XX y en su lugar se situó un jardín redondo y delimitado que servía de base a un reloj floral. Con la última remodelación del Campo Grande y su cerramiento con una verja, desapareció el reloj y su jardín y en su lugar se puso una puerta de acceso al parque. Quedaron de esta manera bien limitadas las dos zonas: Parque del Campo Grande y Paseo Central del Campo Grande.”

Como Urueña ha hecho una referencia a la Academia de Caballería, situada en la Plaza de Zorrilla, vamos a ampliar un poco la información sobre ella, de nuevo con Vallisoletvm, que lo trata a continuación del artículo anterior. “La Academia del Arma de Caballería de Valladolid se instaló en 1852 en el edificio que unos años antes se había pretendido utilizar como presidio. El actual edifico, construido en los años de 1920, es de gran valor, legado de la arquitectura historicista y monumental de las primeras décadas del siglo XX. Se ubica frente al Parque del Campo Grande, en la actual Plaza Zorrilla.

Desde la Desamortización, lo militar va sustituyendo en importancia a lo religioso. Como consecuencia, muchos de los conventos y colegios son ocupados por cuarteles, que también se instalan en edificios de nueva construcción. El origen de la Academia se remonta a 1850, cuando por Real Orden se crea el Colegio de Caballería de Alcalá de Henares. En 1852 se traslada a Valladolid.

( Antigua Academia de Caballería, en el año 1907; Vallisoletvm)(*)

El edificio que se puede contemplar hoy sustituye a uno anterior conocido como El Octógono debido a la forma de su planta. Había sido concebido como presidio y construido en 1847, sobre un espacio sin edificar conocido como Campo de la feria. Su organización era la típica para arquitectura carcelaria de su época con planta baja y un piso y fachadas muy sobrias, si bien se reformó en parte para que la Academia de Caballería lo ocupara en 1852. En octubre de 1915 El Octógono fue destruido por un incendio y en el año 1906 se decreta que el museo de la Academia sea trasladado a Madrid, al Cuartel del Rosario y en 1928 al Cuartel del Conde Duque, también en Madrid.

El edificio actual se empezó a construir en 1921 sobre el solar de El Octógono, siguiendo un proyecto del comandante de ingenieros Adolfo Pierrad Pérez. La colocación de la primera piedra y entrega de un estandarte bordado por la reina Victoria Eugenia, se realizó los días 4 y 5 de mayo de 1921, a la cual asistieron los Reyes y una representación de todos los Regimientos del arma con sus estandartes.

El 1 de marzo de 1924 se inauguró parte del nuevo edificio. Sigue las tendencias del momento, monumentalistas, regionalistas y de gusto historicista, que rescatan como imagen de Castilla el primer Renacimiento, con detalles de la arquitectura tradicional. Está inspirado en las formas del Palacio de Monterrey de Salamanca (motivo por el cual se usó la piedra arenisca, propia de la ciudad de Salamanca) y en el edificio de la Diputación de Palencia, de Jerónimo Arroyo. Con planta en U, las torres organizan la fachada y su relación con las calles que llegan a la plaza. El granito de su zócalo proporciona un contraste de color con la arenisca empleada en el resto del edificio y resalta la fortaleza del basamento, dando una adecuada formalización al asentamiento del edificio sobre el suelo. La fachada, de gran belleza, es longitidinal y enfática, articulada gracias a las tres torres, que jerarquizan el edificio.

La composición de la fachada se va haciendo, conforme se va subiendo, menos maciza, acabando con una galería de arcos y una graciosa balaustrada. La construcción en piedra es impecable y los despieces de los elementos constructivos están muy bien ejecutados y valorados plásticamente. En varias panoplias se encuentran las cruces de las órdenes militares de Alcántara, Santiago, Calatrava y Montesa. Es de notar la simetría en esquina, propia del Renacimiento, que observa el edificio.

Frente a la puerta principal se encuentra el Monumento a los Cazadores de Alcántara, obra de Mariano Benlliure, inaugurado el 25 de junio de 1931. En 1930 el Museo de Caballería se establece, otra vez, esta vez en el nuevo edificio de la Academia del Arma en Valladolid donde permanecerá hasta 1933, año en que se crea el Museo del Ejército y desaparecen los museos de las Armas. De esta manera, gran parte de los fondos de ese museo proceden del antiguo museo de Valladolid.

En octubre de 1939, ya con la dictadura del ejército, la Dirección General de Enseñanza Militar nombra a cinco jefes para dirigir las Academias, que resucitan de sus cenizas tras de su disolución por parte de Azaña. La Academia de Caballería, de nuevo emplazada en Valladolid, va a ser dirigida por el coronel de caballería Alvaro Pita da Veiga y Morgado.

(Museo de la Academia de Caballería)(*)

El actual Museo Específico de la Academia de Caballería, distinto al primitivo, se crea a partir de 1975. Entre sus fondos podemos encontrar: pinturas (retratos, miniaturas), armas, estandartes una colección de soldados de plomo de los regimientos de caballería, trofeos, fotografías, herraduras, una colección de sillas de montar y diversas mantillas.

En tre las pinturas destacan el impresionante cuadro Batalla de Treviño, debido al pincel de Víctor Morelli del que resaltan los lanceros, los batallones carlistas y el paisaje montañoso: y el retrato ecuestre de Alfonso XIII, pintado por Román Novarro.

El museo dispone de una importante colección de armas que se remontan al siglo XVI. Destacan seis archas pertenecientes a la Guardia Real de Carlos I, Felipe II y Felipe III, junto a un campilán filipino y dos nimchas marroquíes. También una colección de armas blancas de los siglos XIX Y XX, pistolas, revólveres, ametralladoras, distintas armas cortas, dos alabardas de la Guardia Real de Alfonso XII y sables reglamentarios de Caballería (1860 a 1943).

Entre las esculturas destacan dos obras de Mariano Benlliure, una fechada en 1924 que representa a Miguel Primo de Rivera, y una copia en bronce de la estatua ecuestre de la reina Victoria Eugenia que en la actualidad se expone en el Museo del Ejército. Otras esculturas destacadas son un grupo escultórico en yeso pintado del escultor Ángel Díaz Sánchez que representa a una gitana que está leyendo la mano a un soldado, una escultura en bronce de un lancero italiano y una miniatura representando al general Shelly.

Por último, se puede visitar la biblioteca que cuenta con más de 12.000 volúmenes desde el siglo XVI y se pueden contemplar el único resto del edificio octogonal y un trozo del avión en que perdió la vida el general Mola durante la Guerra Civil Española.”

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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