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Sobre algunas causas de la confusión actual

Tres foramontanos en Valladolid 11 Ago 2013 - 07:22 CET
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Por Javier Pardo de Santayana

(Cuadernos urbanos. Acuarela de Alvaro Peña en Amigos Acuarelistas de Facebook) (*)

En estos últimos meses me lo habrán oído decir con cierta asiduidad. Sí; en efecto, ya les he hecho saber hasta qué punto me desconcierta el contraste entre la buena imagen que tengo de mis compatriotas y la que se viene transmitiendo a través de los medios y las redes sociales, con la repercusión que conocemos en «la ciudadanía», hoy aún más desconcertada que yo según parece.

Ya en uno de mis artículos recientes apuntaba a las maniobras políticas cuyo último objetivo es la mera destrucción del adversario, y también a esas batallas mediáticas que se mezclan con aquéllas para sacar tajada y que tanto contribuyen al enrarecimiento del ambiente. Pues bien, hoy añado otra causa igualmente influyente en la que entro tras haber leído un esclarecedor artículo de Guy Soreman, con quien me sentí plenamente identificado desde la primera línea por encontrar en él lo que yo mí mismo vengo constatando.

Lo hago ahora para relacionarlo con la mala baba a la que repetidamente me vengo refiriendo; y este encaje sí es algo novedoso. Se refiere Guy Soreman a dos figuras distintas pero, en el fondo, relacionadas entre sí: fundamentalmente «La Red» y «Wikipedia». Viene a decir el escritor que la Red está «okupada» por la izquierda radical y otros extremistas cuya conocida pasión por las maniobras mediáticas y otros tipos de enredos parece ser una motivación vital. Y lo hace aprovechando la inacción de los partidarios del Estado de Derecho y de la economía real, que no tienen ni el interés ni la costumbre de desenvolverse en ese mundo de campañas organizadas y creación de ambientes enrarecidos en que, por el contrario, aquellos se mueven como el pez en el agua.
He de decir que Soreman no me ha sorprendido en absoluto. No estoy en «twitter», pero desde siempre advertí que, aun en los comentarios más banales, mucha gente aprovecha la posibilidad de expresarse por las redes sociales para verter su vómito verbal, como si se regodeara ante la oportunidad de hacerlo y gozara poniendo a caldo al prójimo. Sólo un psicólogo o un psiquiatra avezado podrían trazarnos el perfil de estos espécimen y ayudarnos o calibrar en qué proporción exhiben una actitud innata o simplemente siguen una de esas modas estúpidas inducidas por un ambiente fabricado a la medida.

Suele ahora comentarse que las redes sociales han ganado tal influencia en la sociedad de nuestros días, que incluso a ellas se atribuye la clave del éxito inicial de las revoluciones surgidas estos años en el mundo islámico. Así que cabe imaginar lo que puede influir en el ambiente general el que estas redes se vean invadidas y dominadas por una minoría de «cabreados permanentes» que no sólo imponen su ley, sino también su posibilidad de establecer – como «moda» o estilo «políticamente correcto» – un tipo de actitud estética y moral a la medida, o sea, al estilo de la que configuró la desastrada imagen del rapero.

El segundo objeto de los comentarios de Soreman es Wilkipedia. Desde luego él no es el primero que me advierte del sesgo de esta enciclopedia virtual. La particularidad es que el escritor presenta como ejemplo significativo su propia biografía. Es más, nos dice que cuando quiso aprovechar la invitación que se ofrece al lector para que aporte datos o corrija errores, él mismo pudo constatar que «la Dirección» sólo aceptaba lo que pudiera convenir a su concreta línea ideológica. Ni que decir tiene que, tratándose de una referencia de fácil y casi obligada consulta, quienes orientan este medio tienen el campo libre para influir en casi todo cuanto hoy se escribe.

Oído, pues, al parche, pues ya sabemos quienes impondrán su ley en nuestras opiniones y costumbres si no nos espabilamos a tiempo. A este respecto, Soreman nos abre bien los ojos: dice que nadie crea que la Red es la nueva fuente de la verdad o una nueva expresión de la soñada democracia, porque hay una legión de activistas y aprovechados que la ve como una sociedad alternativa y un campo de batalla ideológico donde, como señala el escritor: «las minorías organizadas y activas se imponen a la mayoría silenciosa». Y no caigamos en el error de tomar la Wilkipedia – por mucho que sea la Enciclopedia virtual más conocida y consultada por la gente – por algo así como aquella famosa Enciclopedia de la Ilustración que reunía la sabiduría acumulada de su tiempo, porque, como dirían los castizos, a poco que ustedes la conozcan les enseñará el color de su plumero.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://farm8.staticflickr.com/7298/9375962963_552f9f89dc_o.jpg

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