Por Carlos de Bustamante

(Galilea. Acuarela de David Robert en “View the Holy Land”; odisea2008.com) (*)
Con Pequeña del ramal, “se nos hacía cuesta arriba la cuesta abajo”. Peligroso cabalgar para bajar pendientes tan tremendas de Ain Karem al valle. Mi amo y señor caminaba a mi lado por delante de la borriquilla. Entramos en el llano. Todavía en los ojos de los dos la imagen de mi Ama y Señora dándonos su “adiós” con la mano, junto a Isabel y Zacarías. En José me pareció ver alguna lagrimilla que al fin contuvo no sin esfuerzo. Yo, Tarsicio, aún niño, lloré a lágrima viva. Recibí el consuelo del que sería para siempre mi padre y señor. ¡Qué bueno es José!
-Anda, Tarsicio, sube tú sobre Pequeña. Etíope ágil como una gacela, me encaramé de un salto. José a mi lado durante todo el trayecto por el llano. Así transcurrió sin novedad la primera jornada.
Los “tres” dormimos como troncos. Menos fatigado, claro, pude escuchar el sueño de Pequeña. Con un ligero rebuzno, dijo:
-Mal se ha portado Tarsicio.- Él tranquilamente sobre mis lomos, y José todo el día caminando. Éste niño no tiene corazón para con los mayores. Dicha la sentencia de condena, se volvió a dormir. Muy de mañana, reemprendimos la siguiente jornada. Por lo soñado en voz alta la borriquilla, quise que fuese mi amo quien fuera sobre Pequeña. Yo, Tarsicio, etíope y ágil, a su lado. Por más pesado y con el equipaje, Pequeña acabó la jornada mal que bien pero derrengada. Se durmió antes que nosotros. Volvió a soñar. Entendí todo a la perfección:
-No es justo, dijo. José joven y fuerte y el pobre niño sin parar todo el día andando. Estos humanos-añadió- son casi tan burros como yo. Se volvió a dormir.
Con el lucero del alba en el firmamento, comenzamos la nueva jornada. Por hacer caso “nuestra” borriquilla, este nuevo día subimos los dos. Cuando hecha unos zorros, Pequeña hizo con la carga más pesada la jornada completa, fue la primera en entregarse al sueño. También soñó. Más que en las jornadas anteriores y ésta quejumbrosa. Un largo rebuzno –especie de suspiro, asnal- fue el inicio. Luego:
-¡Si serán borricos…!, comenzó. Los dos repanchigados tan agusto en mis lomos -añadió en sueños de los de su raza- y “servidora”, pequeña y cansada, aguantando como una burra… Despachado el reproche entre nebulosas, reanudó el sueño tranquilo.
Desde entonces, “una mitad a pie y la otra andando” al fin llegamos a Nazareth.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://farm4.staticflickr.com/3117/3095537610_8d688bf53a_o.jpg
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