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Dehesa ganadera. ¿También guión israelita?

Tres foramontanos en Valladolid 18 Sep 2013 - 07:21 CET
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Por Carlos de Bustamante

(Trabajo con el ganado vacuno, en una estancia sobre el río San Pedro. 1817. Acuarela de Emeric Essex Vidal en http://galerias.educ.ar) (*)

Dice la sabiduría popular que “genio y figura hasta la sepultura”. En la nueva modalidad ganadera de solo terneros machos para engorde, cebo y venta, poco había que seleccionar. Como en irracionales es imposible que se den parejas del mismo sexo, pues instintivamente (“naturalmente”) no sienten la atracción hacia individuos entre sí y todos machos, ¿qué guión seguir con ellos? Lo de la sabiduría popular: fue preciso inventarlo. Los “probes animalejos”, cumplían a la perfección el ciclo en el que se encontraban. ¿Cuál era hasta entonces la aportación personal para la buena marcha del negocio emprendido?: en absoluto ninguna. Como esclavos eran comprados; tomaban luego el biberón que con todos los adelantos conocidos les suministraba el cuadrero –excepcional ama de cría-; comían, siempre reposaban sin dar un palo al agua, bebían, volvían a comer, engordaban, dormían, seguían engordando y, sin llegar a los dos años de vida, eran conducidos mansamente “como ovejas al matadero”.

Entonces el relator, que poco más había hecho que los terneros -¡qué triste!-, echaba cuentas irreversibles de la diferencia entre costos totales de recría y beneficios a la venta. Como la pasividad no es cualidad o defecto del que suscribe, en una jaula- báscula, instalada en el mismo cebadero, se pesaban periódicamente algunos testigos. Eran el índice por el que perfectamente se conocía el posible beneficio cuando aún tenía remedio aumentar o corregir la diferencia del valor del pienso consumido y del de su transformación en carne para “cada individuo”.

Registro minucioso de todos los datos y ración de comida en cantidad y calidad como consecuencia de ellos. Tal guión pronto dio resultados preocupantes: “lo comido por lo servido”. Mal negocio encubierto por el continuo movimiento de importantes cifras de las por entonces pesetas. Análisis inmediato del pienso. Carencias en carotenos y vitaminas, que no creo interesen demasiado al lector. Como, según los análisis tales carencias tenían por causa una insuficiente ingesta de alfalfa, hubo que estudiar a fondo el problema.

Como en el resto de ganaderos-agricultores sucedía lo mismo en sus respectivas ramas de ganadería, se llegó al “consenso” de elaborar con medios propios el ingrediente que faltaba en los piensos compuestos de la fábrica propia. Consenso horríbilis… Nueva fábrica deshidratadora de alfalfa.

Y cómo no, nuevas y mayores inversiones. Siento no transcribir expresiones y comentarios propios de los castellanos-obreros ante novedades que para muchos eran la causa de que “el ganadillo se marrotase con tantos ajuares”. Los que, si tienen una miaja de “pacencia, deseguida veremos”.

No era aquélla empresa menor. No; que una deshidratadora ya de por sí es un complejo enorme y altamente complicado. Pero se hizo. Nueva cooperativa compuesta por los anteriores socios y, dada la gran inversión, con las aportaciones de otros nuevos. El montaje de la maquinaria precisa y naves de almacenamiento duró más de un año. Impresionante horno giratorio; depósitos del combustible; oficinas; casa para el encargado; báscula para galeras, remolques y camiones… En fin, “la intemerata”. Mientras tanto, en cada explotación cercana y también en las de los socios no tan próximos, hubo de la planificarse el número de hectáreas necesarias para el suministro continuo de la materia prima: tierras abundantes sembradas de alfalfa para suministrar sin solución de continuidad a la “bestia siempre hambrienta”. Antes de especificar detalles de esta nueva aventura, me anticipo a calificarla ¡de locos! : en la Dehesa de Peñalba “La Verde”, el calificativo lo fue con toda propiedad. La alfalfa pasó a ser el cultivo principal -no único- de todos. Además de las existentes, para suministrar en rama al ganado, se dedicaron cuarenta hectáreas nuevas, cuarenta, para el horno de…los demonios. Si los guañinos antes eran insuficientes, con el tremendo añadido, fue preciso mecanizar las labores de riego, cultivo, siega y transporte del producto. También de… ¡los demonios!

Para que cuantos pudieran seguirme en estos relatos sepan a ciencia cierta el porqué lo tildo repetidamente de locos, intentaré recordar cuáles fueron las consecuencias de ser esta Dehesa definitivamente ganadera: no era el ganado en las diferentes especies el que clamaba(mugía, balaba, cacareaba… reclamando el cotidiano alimento; era el monstruo de deshidratadora el que, para eludir el alto costo de apagar el horno y nuevamente encenderlo luego, había que abastecer sin interrupción. Segadora, pues, frontal accionada por un tractor. Para cargarla del rastrojo al medio de transporte, era precisa otra nueva máquina recogedora-cargadora. Casi que valía su peso en oro. Más inversiones. Distante el monstruo cinco kilómetros más o menos, también fue preciso triplicar el número de remolques (“galeras”). Y como mientras una galera recibía el forraje, otra iba de camino y descargaba a pie de obra (por no repetir el monstruo que era), la inversión ineludible y más costosa fue pasar de uno a varios (exactamente cinco) tractores. ¡De locos! Pero “aguarden”, que aún no he terminado.

Como la alfalfa llegaba a la fábrica en rama, para deshidratarla en el horno era preciso trocearla, picarla. Como mal menor por las frecuentes averías y parones de la picadora, cada explotación agraria hubo de cambiar el sistema de siega, recogida y carga. Todo menos detener el proceso del horno. Fue primera una sencilla segadora-picadora de fabricación danesa (J. F.) que lanzaba a la galera la alfalfa segada y troceada. Mas ¡horror!, como para el riego “a manta” (por inundación), eran precisos pequeños montículo en las “eras” (calles inundadas), para conducción y contención del agua, la extraordinaria J.F. arramplaba por igual forraje y tierra. Harina luego de peor calidad. Nueva máquina cosechadora-picadora-cargadora. ¡¡De locos!!

Como no todo iba a ser calamidades económicas, el pienso resultante con el añadido del producto deshidratado, tuvo repercusión muy positiva en la ganadería al que iba destinado. Lo sabrá con precisión –no tan seria- quien, con paciencia a prueba de “troncos”, tenga la bonhomía de seguirme en el próximo relato Si Dios es servido.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://farm8.staticflickr.com/7356/9654209924_c6434f35a6_o.jpg

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