Por Javier Pardo de Santayana

(Santoña. Obra del acuarelista inglés sir Edgar Thomas Ainger Wigram, en el libro «Northern Spain. Watercolors «, escrito e ilustrado por el mismo, y que fue publicado en 1906) (*)
Operación de hernia sin problemas y que no perturba apenas el programa pero impone ciertas restricciones a la acción. El verano es seco, así que regaremos las hortensias. Idas y venidas a Madrid, pero buen veraneo de playa: un poco de Berria y un mucho de Noja, donde también es ya casi imposible aparcar sin dejarse el bolsillo en el empeño. Traslado del mercadillo de los miércoles a la entrada de la playa. Se ve que hay que sacar dinero de donde sea.
Observo que ya ha tiempo desaparecieron los simpáticos pedalós. Ahora priva el surf. Incluso hay una empresa con sede en la calle de la playa que diariamente acota unos buenos metros de la orilla para desplegar un ejército de jóvenes enfundados en neopreno. Pero este año la verdadera novedad son unas tablas – un tanto ridículas por su lentitud – sobre las que se navega de pie y remando. También caigo en la cuenta de que desaparecieron las clásicas tumbonas de las playas norteñas. Algunas mujeres no precisamente atractivas orean sus pechos al sol de la canícula.
Como siempre, un par de cenas familiares en el asadero de Santoña: sardinas y huevos rotos con falsas angulas, y remate de helados en La Valenciana, mencionada este año por ABC como lugar de obligada visita. Más o menos como los pinchos de tortilla de Quiren, pienso yo. En el centro del pueblo siguen proliferando las terrazas, que ya invaden de barriles las aceras. Imposible aparcar los sábados, cuando los bilbaínos inundan los bares y los restaurantes y hacen el consabido paseo por entre los atiborrados puestos de un mercadillo donde antes nos proveíamos de jerseys para el invierno. Las calles son ya el total dominio de los pantaloncillos femeninos y no sólo entre las jóvenes. Los hombres siguen más o menos como siempre pero cada vez más horteras. Otra diferencia con antaño son los perros: sigue habiendo muchos; incluso yo creo que más que antes, pero apenas se ven los de aguas que acompañaban a los antiguos marineros; por lo visto ya no se necesitan en los barcos. Los que se ven ahora en Santoña suelen ser pequeños, como más propios de damiselas atildadas, y a veces contrastan con sus dueños, muchos de ellos rudos pescadores de bocarte.
La exuberancia de nuestro jardín contrasta con las restricciones que me imponen a los trabajos del campo; los altos sauces y el seto gigante no permiten ya pequeñas podas y temo que superaron todos los límites de mi posible intervención. Por otra parte, la hiedra sigue creciendo inconteniblemente por los muros. Sólo al final de agosto puedo proseguir mi lucha contra las traidoras zarzas invasoras y poca cosa más. Además, el jardinero no encontró momento para quemar los grandes montones de desechos vegetales, así que habrá que actualizar el permiso del ayuntamiento. Con todo, este verano hemos creado un nuevo rincón amable rodeado de grandes macetas y hecho importantes reparaciones en la casa: conseguimos sobre todo arreglar la cancela que se descolgó por la humedad. Quien nos lo repara, que anda ya por los cincuenta y tantos, recuerda cuando se acercaba a la casa grande para «mocear». En la casa, instalación de una nueva lavadora y el intento fallido de eliminar las manchas de humedad; efectos todos ellos de una prolongada ausencia en el invierno. Claro que no todo ha sido superar desgracias: unas bellas láminas de Santander añaden ahora color a las paredes y comparten espacio con mis apuntes y dibujos.
Naturalmente el verano también ha sido, claro está, de nostalgias de África, de Foramontanos, y de noticias que – como siempre en esta estación del año – llegan con aire de algo que no cuadra; se ve que la gente está para otra cosa que para envenenados dimes y diretes que poco interesan en los chiringuitos, mientras los políticos, empeñados en insultarse mutuamente y en buscar las cosquillas al contrario, sólo piensan en llegar en forma a la «rentrée» para fajarse nuevamente y así amargarnos algo más la vida.
—
(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://farm8.staticflickr.com/7326/9645463948_5ccaa34796_o.jpg
Home