Por Carlos de Bustamante

( Adoración de los pastores. Tabla de Joachim Anthonisz Witewael, Museo del Prado. En pintura.aut.org. 62 x 99) (*)
Sucedió inmediatamente del parto. De entre las sombras de la noche, y la blancura, ahora irisada, de los copos de nieve, surgió, deslumbrante la luz. Luz dentro de la cueva-establo; pero también ahora en la noche luminiscente, no precisamente débil. Salió primero José. Enseguida volvió con su esposa a la que contó cuanto había visto y oído. Entonces, salí yo, Tarsicio deslumbrado. El cielo estaba precioso; hecho un ascua de luz y color. Miríadas de Ángeles cantaban alborozados sobre la entrada del “Portal”. Hasta los oídos de Myriam, muy serena, llegaron los himnos de alabanza a su Hijo: “Gloria a Dios en las alturas… “.
Nos lo dijeron luego los pastores. Los que no lejos del lugar vigilaban sus rebaños. Ángeles que habitaban los cielos, les sobrecogieron con el anuncio inesperado, aunque esperado a la vez desde siglos atrás: “No temáis, os anuncio una gran alegría que es para todo el pueblo: Os ha nacido hoy un Salvador, que es el Cristo Señor, en la ciudad de David…” Cuando marcharon, dejaron una estela de luz en lo alto y de gozo en la tierra entre los más humildes servidores de Yahveh. ¡Había nacido el Mesías y con Él se hizo la luz! Corrieron al Portal. Y adoraron al Mesías. Niño indefenso.
Con la proverbial generosidad en los humildes de Oriente, le ofrecieron de lo que tenían. No de lo sobrante, sino de lo necesario.
Tarsicio, Virutas y Pequeña hicimos lo propio: cada cuál de lo que tenía. Esclavito libre, yo, Tarsicio, canciones de mi tierra que algunas aún recuerdo de las muchas que me enseñaron mis padres. Virutas, le hizo varias piruetas en el aire con doble salto mortal. Pequeña, burra, lanzó el más escandaloso rebuzno que jamás saliera de sus pequeños pulmones. El coro de ángeles, en fin, llenaba la cueva de arpegios de cielo: “Al Dios Niño recién nacido/su Madre cantando le está/y el Niño la dice al oído/ que quiere ser luego zagal… Nuevamente y tras sonreír, Joshua, Jesús, Niño, el Mesías, dormía plácidamente…
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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