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Rincones con fantasma. 29. La Colegiata y La Antigua

Tres foramontanos en Valladolid 06 Nov 2013 - 07:28 CET
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Por José María Arévalo

( Iglesia de La Antigua a principios de Siglo XX. Foto en Vallisoletvm) (*)

Siguiendo el capítulo “Zona de la Catedral” del libro de Juan Carlos Urueña “Rincones con fantasma. Un paseo por el Valladolid desaparecido”, que estamos reseñando, y tras los dos artículos anteriores que hemos dedicado a la Universidad, aborda Urueña historia y anécdotas de – dice el mismo- “uno de los símbolos de la ciudad”, La Antigua, en apartado que comienza tratando antes de La Colegiata, cuyos restos aparecen hoy frente a aquella, pegados a la Catedral.

“La iglesia de santa María de la Antigua –comienza Urueña- tuvo como principal patrono al conde don Pedro Ansúrez, que la usó como capilla de su cercano palacio. El conde Ansúrez fue un importante noble que vivió aproximadamente entre el año 1040 y el 1118, durante los primeros intentos de unión entre Castilla y León. Tuvo especial lealtad a su rey Alfonso VI y fue “fiador de arras” en la boda del Cid y doña Jimena. Hombre culto, hábil diplomático y político poderoso, ostentó los condados de Saldaña, Carrión, Liébana, Simancas y es citado como señor de Madrid. Sobre 1080, fue encargado por el rey para la organización de estos territorios con plenos poderes, instalándose en Valladolid. Una de las primeras tareas que acometió el conde fue dotar a la villa de una colegiata, los restos de cuyo edificio acabarían formando parte de la actual catedral (con el devenir de los años). Fue fundada en 1095 bajo la advocación de santa María, y entre sus características destaca la torre-pórtico de estilo franco catalán de la que estaba dotada.

Esta relación con el románico catalán hace pensar en el hecho de que una de las hijas del conde Ansúrez estuvo casada con Armengol V, conde de Urgel; al morir éste, nuestro conde viajó a Cataluña para hacerse cargo de la regencia del condado hasta que su nieto tuvo edad suficiente. Quién sabe si no traería de los verdes valles pirenaicos el diseño o los artífices para la construcción de esta torre de la colegiata de santa María, inspirada en los campanarios románicos que existen en aquella tierra”.

( Restos de la torre de la colegiata de santa María) (*)

Antes de recoger lo que Urueña dice sobre La Antigua, ampliamos la referencia a La Colegiata con el texo de Vallisoletvm que, en un artículo de Octubre de 2009 que titula “Colegiata de Santa María la Mayor”, dividido en varios apartados que respetamos, dice: “La Colegiata de Santa María de Valladolid fue la principal iglesia de la ciudad entre el siglo XI y el XVI. Su construcción se debe al repoblador de Valladolid Pedro Ansúrez en el siglo XI. Hoy se conservan tan sólo algunas ruinas y unas pocas capillas, situadas cerca de la Iglesia de Santa María La Antigua y junto a la inconclusa Catedral de Valladolid.

1. Historia. Valladolid fue repoblada en el año 1074, labor encomendada al conde Pedro Ansúrez, quien establecerá en la villa una iglesia colegial al menos desde 1095, fecha de su carta dotal. La colegiata contó con un primer abad traído desde San Zoilo de Carrión de los Condes. Durante la Edad Media será sede de numerosos concilios. La colegiata, en territorio del obispado de Palencia, tenía sin embargo una vinculación directa con la Santa Sede. Tras varios intentos fallidos, la colegiata se convertirá en sede episcopal en 1595.

1. 1. La primera colegiata. La primera construcción se llevó a cabo en tiempos del conde Pedro Ansúrez. No tenemos demasiados datos de esta obra, puesto que la segunda construcción, de estilo gótico se superpuso a ella. De esta colegiata apenas se conserva nada, salvo la torre, que se supone modelo de la vecina torre de La Antigua, de estilo románico, parcialmente oculta en la construcción de la capilla de San Blas (que pertenece al Museo Catedralicio). Se hipotetiza que esta torre tuvo en su origen dos pisos con arcos (de los que sólo se conserva el inferior) y un remate con chapitel semejante al de La Antigua, aunque quizás con menor pendiente.

1. 2. Segunda colegiata. Los restos que conservamos actualmente son los de esta segunda colegiata. Se trata de una construcción realizada entre 1219 y 1230, realizada en estilo gótico, que contó con un bello claustro, destruido en el siglo XVII. La iglesia era de tres naves de cinco tramos cubiertas con bóvedas de crucería apeadas sobre pilares de núcleo cruciforme con columnillas adosadas y crucero marcado en planta, con triple cabecera de ábsides semicirculares. No está muy claro cómo se organizaba la iluminación, pues, si bien se conservan algunas ventanas que se abrían a las naves laterales, abocinadas y de gran sencillez, no sabemos si existieron ventanas directas a la nave central y qué altura tenía ésta. El templo tenía tres puertas que se conservan: una al norte, muy restaurada, una al sur que daba al claustro, con una interesante decóración con dientes de sierra, y otra al oeste debajo de la torre-pórtico, que estaba inutilizada ya en el siglo XIV por la construcción de capillas perimetrales. Del complejo arquitectónico sólo conservamos un ángulo del claustro y cinco capillas perimetrales, que hoy conforman el Museo Diocesano y Catedralicio de Valladolid.

1. 3. La colegiata de los cinco maestros. Denominada así por la participación de los cinco grandes maestros del gótico final español: Juan y Rodrigo Gil de Hontañón, Francisco de Colonia, Diego de Riaño y Juan de Álava. La primera piedra se puso en 1527, dilatándose mucho la construcción en el tiempo. Sólo se levantó la parte de los pies llegando algunos muros a los doce metros de altura.

La lentitud con que avanzaban las obras llevó a realizar intervenciones en el edificio gótico que continuaba en uso. La planta proyectada era de tres naves con capillas hornacinas y dos torres exentas en la fachada. Este proyecto fue modificado por Diego de Riaño, quien incluyó las torres en la zona de las hornacinas, idea que aparecerá después en proyectos de Juan de Herrera, que pisa la planta de la colegiata de los cinco maestros y además reutilizó las cimentaciones y embutió lo construido de la colegiata de los cinco maestros en sus fábricas. Riaño, Gil de Hontañón y Juan de la Cabañuela fueron sucesivos maestros de obras de la colegiata, si bien Rodrigo Gil fue el que tuvo una vinculación más estrecha, prácticamente hasta su muerte en 1577.

2. El fin de la colegiata. La construcción de la catedral pondrá en peligro el edificio de la colegiata. El propio Juan de Herrera contemplaba la destrucción del conjunto en sus planes. Esto no sucedió hasta el siglo XVII, hacia 1634, en que la vieja colegiata fue derribada, quedando tan sólo en pie las dependencias que aún resultaban útiles, salvándose algunas capillas que eran utilizadas como sala capitular, vestuario, o biblioteca. Gracias a esta utilización, hoy conservamos algunos elementos arquitectónicos del edificio gótico. La tercera colegiata iniciada por Rodrigo Gil y los demás maestros, acabará sirviendo de base al proyecto de Herrera”.

Hasta aquí lo referente a La Colegiata. “La Antigua – continúa Urueña- es llamada así quizá por haber sido la sede temporal del Cabildo en lo que se tardó en construir la colegiata; teniendo las dos la misma advocación de santa María, se le habría colocado tal apodo para diferenciarla de la nueva. La Antigua es uno de los símbolos de la ciudad, sobre todo por su famosa torre erigida en el siglo XIII en pleno gótico, siendo por ello una construcción tardía, pues es románica y también franco-catalana. Conserva este estilo porque está inspirada en la de la colegiata, de la que por cierto aún se conserva un piso de los dos que probablemente tuvo y que hoy se puede contemplar sin tapujos gracias a la última restauración.

También fue conocida esta iglesia por su cementerio que tenía fama de disolver un cuerpo enterrado en solo un día, pues se creía que su tierra procedía de extrañas regiones. Esta tradición fue recogida por Quevedo en su genial “Historia de la vida del Buscón”, que en el capítulo segundo del libro segundo dice:

«Dios es mi padre, que no come un cuerpo más presto el montón de la Antigua de Valladolid -que le deshace en veinticuatro horas-, que yo despaché el ordinario…»

Antolínez nos dejó escrita otra tradición, y es que el yerno del conde Ansúrez, Armengol, conde de Urgel, arrancó las aldabas de las puertas de la ciudad de Córdoba, bajo poder musulmán, y las mandó poner en las de la Antigua.

A partir del año 1900 se iniciaron profundas reformas del templo con las que se fue suprimiendo gran cantidad de añadidos arquitectónicos. Las obras se complicaron con el tiempo, terminándose por deshacer prácticamente todo el edificio piedra a piedra. En 1925 el pueblo tuvo noticia de un hallazgo que se había producido años atrás al desmontar un muro de la iglesia; se trataba de la momia de una joven rubia perfectamente conservada. Esta novedad caló profundamente en el espíritu romántico de la gente, que organizó grandes colas para poder verla.

( Así se vería –dice Urueña- el retablo de la Antigua en su localización original, si no hubiese sido trasladado a la Catedral ) (*)

La cofradía de la Preciosa Sangre estuvo sin sede propia hasta que, aprovechando el fin de las obras de restauración global de la Antigua, solicitó tener su oratorio en una capilla de la misma. Estas obras duraron hasta 1951, y en febrero de aquel año la Hermandad tomó posesión de la antigua capilla de los Tovar, que tenía la advocación de santa Ana, cuyo retablo se encuentra en el Museo Diocesano”.

De la reconstrucción de La Antigua dimos buena noticia en octubre de 2011, en que publicamos en estas páginas el magnífico artículo que apareció por aquellas fechas en “La Gaceta Cultural”, revista del Ateneo de Valladolid, “Ricardo García Guereta. Arquitecto en Valladolid”, de don Josemaría de Campos Setién, general de división y catedrático, en el que, siguiendo su huella en nuestra ciudad, contaba en detalle la reconstrucción, bajo su dirección, de la iglesia de la Antigua, cuando ya se creía perdida para siempre. Lo que completamos una semana más tarde con el siguiente que publicó, “Cuando el retablo de Juni se llevó a la Catedral”, con una amplia reseña de las obras que por las mismas fechas se realizaron en la Catedral, y el traslado a ésta del maravilloso retablo de Juan de Juni que antes albergaba La Antigua. Ambos artículos pueden encontrarse en este blog todavía, usando el magnífico buscador con que, arriba, a la izquierda, contamos.

Entramos ya en detalles de la historia y configuración de La Antigua, de la mano de Vallisoletvm, que dedicaba en Octubre de 2009 el artículo titulado “Iglesia de Santa María La Antigua”, y que cita entre sus fuentes a Wikipedia: “La Iglesia de Santa María de La Antigua se levanta desde al menos el siglo XI en la ciudad de Valladolid. Conserva de fines de la centuria siguiente (siglo XII) una esbelta torre románica rematada con un chapitel apiramidado de teja y un pórtico en el lado norte también románico. El resto del edificio es gótico y neogótico, pues se levantó en el siglo XIV y fue intensamente restaurado y reconstruido en la primera mitad del siglo XX.

( Foto antigua en Vallisoletvm) (*)

Posiblemente sea una de las parroquias con más historia de Valladolid. Bajo el actual edificio se han encontrado restos de unos baños romanos. Se menciona su existencia en 1088, siendo por lo tanto anterior a la Colegiata de Santa María la Mayor a lo que alude su apellido la Antigua. Parece ser que fue dotada, en el siglo XI (1095) por el conde Pedro Ansúrez, repoblador de la ciudad. De esta construcción primitiva no se conserva nada. Las partes más antiguas del actual templo datan de finales del siglo XII o primeros años del siguiente y son de estilo románico: la galería porticada situada al norte del edificio, y la esbelta torre, situada a los pies, con planta cuadrada y cuatro pisos, con ventanas en los tres últimos, rematada con chapitel piramidal.

El resto del templo fue reedificado probablemente en el siglo XIV, bajo el reinado de Alfonso XI de Castilla, siguiendo el estilo gótico y con notables influencias de la de Santa María de Burgos. Esta iglesia del siglo XIV se organizaba en tres naves, rematadas por tres ábsides poligonales, sin girola, y crucero manifestado sólo en los alzados y no en la planta. La planta presenta varias irregularidades, sobre todo en la cabecera, quizás por intentar aprovechar cimentaciones anteriores, por errores de replanteo o por cambio de decisiones, y el eje del templo tiene una ligera desviación frente a los de la torre y galería porticada. Las bóvedas eran de crucería sencilla y se apeaban sobre pilares de núcleo cilíndrico con columnillas adosadas.

Los plementos de la capilla mayor están calados, como sucede en la catedral burgalesa. La iluminación se resolvía con esbeltos ventanales ojivales geminados con derrame exterior e interior en los ábsides, sencillos huecos pareados en la nave central y dos grandes rosetones, cuya tracería original se desconoce, en los dos hastiales de los cruceros.

El edificio sufrió múltiples reformas, debido a su carácter de parroquia populosa y por su deficiente cimentación, construido al lado de uno de los ramales del río Esgueva. Hacia 1500, se adosó a su flanco sur una casa rectoral y el ábside lateral del lado del Evangelio fue transformado. En él se alojaba la imagen de Nuestra Señora de la Zarza que, según la leyenda, había sido encontrada durante la construcción de la primitiva iglesia en 1096, oculta en una zarza. Adosada a esta capilla, se disponía la casa de las mujeres emparedadas. En estos momentos, también se realizó un coro alto soportado por una bóveda de crucería estrellada, sobre el tramo de los pies de la nave central.

( Foto aérea de La Antigua) (*)

A mediados del siglo XVI, el célebre arquitecto Rodrigo Gil de Hontañón, debido a la ruina del edificio, replanteó el sistema de contrarrestos del edificio, construyendo nuevos arbotantes y contrafuertes y reformando y abriendo nuevas varias ventanas. También en ese momento, los huecos del último cuerpo de la torre románica fueron reformados para poder colocar campanas mayores en ellos, se dispusieron antepechos en todos sus huecos y el cuerpo bajo de la misma se forró con un grueso muro de piedra de más de dos metros de espesor para aumentar su estabilidad. Así mismo, en el siglo XVI se realizó un estimable retablo mayor, tallado por Juan de Juni entre 1550 y 1562, que enmascaró el interior del ábside de la nave central. Hacia 1706 se añadió la capilla de Nuestra Señora de la Soledad y las Ánimas, junto a la sacristía de la Parroquia, ambas piezas adosadas a los ábsides y realizadas en ladrillo. Varios retablos de estilo barroco fueron asentados en el interior durante los siglos XVII y XVIII, contribuyendo a enmascarar más el espacio gótico, escasamente valorado durante el barroco. En algún momento, los dos grandes rosetones de los cruceros fueron cegados.

Se conoce el interior del edificio antes de las restauraciones del siglo XX gracias a una serie de fotografías publicadas por Martí y Monsó en su obra Estudios de arte relativos principalmente a Valladolid, de 1898. El interior estaba totalmente enlucido. En el ábside mayor se encontraba el retablo de Juan de Juni y el zócalo se encontraba decorado con interesantes azulejos. El ábside del lado de la Epístola estaba dedicado a capilla del Doctor Tovar y contenía un retablo con buenas pinturas tardogóticas del siglo XV (hoy conservado en el Museo Diocesano y Catedralicio de Valladolid) y se cerraba con una apreciable reja del siglo XVI. En el muro sur del crucero se disponía un retablo barroco y se abría un arco angrelado que daba paso a la pequeña capilla de San Sebastián. En los dos pilares torales más cercanos a la cabecera, se encontraban adosados sendos retablos barrocos de hacia 1700, haciendo el oficio de colaterales. En el coro alto, obra de hacia 1500, se hallaba un órgano de fachada barroca. Tenemos noticias de órganos en esta iglesia desde 1512, aunque hoy no conserva ninguno.

A finales del siglo XIX, el edificio acusaba ruina inminente. En 1897, el edificio fue reconocido como monumento nacional, realizando el arquitecto Enrique María Repullés un informe en el que se valoraba la iglesia. Tras obtener los fondos necesarios, la restauración comenzó en 1900, bajo la dirección de Antonio Bermejo, quien intervino en la torre románica y en la galería porticada. Al fallecer éste en 1901, se nombró director de la obras a Vicente Lampérez, quien restauró la flecha de la torre y la galería porticada.

(Acuarela de J. M. Arévalo en su exposición de Caja Círculo de Mayo de 2004 ) (*)

Sin embargo, Lampérez renunció en 1904 por la escasez de fondos debido a la gran cantidad de obras nacesarias para salvar el edificio, en muy mal estado, al que Lampérez no asignaba el interés suficiente como para realizar en él obras de gran envergadura. En 1908, Juan Agapito y Revilla y Santiago Guadilla de la Serna realizaron un informe en el que declararon absolutamente ruinoso todo el edificio gótico menos los ábsides, con lo que la iglesia se cierra al culto, trasladándose el culto parroquial a la cercana iglesia de las Angustias. Al año siguiente, el arquitecto Ricardo García Guereta realizó un proyecto para restaurar la torre eliminando sus antepechos del siglo XVI y el gran muro que forraba su cuerpo bajo, procediendo a recalzar la torre con hormigón, además de sustituir algunos sillares y piezas de impostas, rejuntando toda la sillería de la torre. En 1911, dado el mal estado de las partes góticas, Adolfo Fernández Casanova declaró que sería mejor derribar las naves y el crucero de la iglesia, además de todas las edificaciones adosadas, salvando los ábsides, la torre y la galería porticada románica, y realizar a continuación un edificio nuevo que no desdijera de lo conservado. Se hizo caso de ello y hacia 1917 se procedió a derribar las partes indicadas. El retablo de Juan de Juni se trasladó en 1922 a la Catedral de Valladolid, donde se encuentra en la actualidad. El nuevo templo que se construyó entonces es de estilo neogótico y está totalmente basado en la morfología de la antigua iglesia ojival, armonizando perfectamente con los ábsides del siglo XIV conservados. Se organiza de la misma manera que la iglesia coetánea a los ábsides: tres naves de dos tramos con crucero no marcado en planta y cubierta con bóvedas de crucería sencilla.

El nuevo templo también dispone de coro alto, inspirándose y quizás reaprovechando elementos del datado en el siglo XVI, y de arbotantes. En los dos hastiales de los cruceros se introducen sendos rosetones, más pequeños que los originales, sobre los que se disponen unas galerías de arcos ciegos que no existieron antes. Los ábsides también fueron restaurados, sustituyendo numerosos sillares y molduras, cerrando las ventanas que habían sido abiertas a posteriori y abriendo las originales que había tapado el retablo de Juan de Juni. Las obras se terminaron en la década de 1930, aunque en 1947 se realizó una sacristía neogótica adosada al crucero sur para el servicio de la iglesia y, al año siguiente, se restauró la galería porticada románica, reforzando su cimentación y saneando su cubierta.

En 1952, la iglesia se abrió de nuevo al culto. Posteriormente, a partir de 1961, se comenzaron a realizar planes para dotar al edificio de un entorno urbano que favoreciera a su contemplación. Tras varios intentos fallidos y polémicas, se derribó en la década de 1980 una manzana de casas ruinosas muy próxima a la parte oeste del edificio para aislarlo y mejorar su visión, convirtiendo el terreno que se dejó libre en un pequeño parque. Sin embargo, esta actuación hoy parece poco afortunada, pues se eliminó una manzana de origen medieval y que contaba con interesantes viviendas del siglo XVI, XVII y XVIII, además de que dejó la iglesia descontextualizada y aislada, aun así el monumento muestra un valor y una importancia arquitectónica muy significativos”.

Pasa ahora el artículo a realizar una descripción del edificio. “La torre, uno de los símbolos de Valladolid, se encuentra a los pies del edificio. Posee planta cuadrada y cuatro pisos separados por impostas ajedrezadas, rematándose en un chapitel piramidal, con teja cerámica al exterior, del que se desconoce su morfología original. En el cuerpo bajo de la torre se alberga una estancia cubierta con bóveda de cañón apuntado, que hoy es capilla bautismal; en los tres cuerpos más altos se abren una serie de ventanas agrupadas de forma que van generando una tensión ascensional que enfatiza la esbeltez de la torre, a lo que también contribuyen las impostas de ajedrezados, dispuestas rítmicamente a lo largo de los alzados. Las ventanas poseen arcos de medio punto moldurados, que muestran gran similitud con los de la galería porticada, sobre columnillas con capiteles de tema vegetal o geométrico, que se disponen en las jambas de los huecos. También es de advertir la valoración plástica y el énfasis dado a las esquinas de la torre a través de disponer en ellas de columnillas similares a las que se disponen en las jambas de los huecos. La torre tiene un fuerte cuño románico lombardo y esto puede explicarse por la procedencia catalana de la dinastía Armengol, descendiente del Conde Ansúrez y sucesora suya el señorío de Valladolid hasta su incorporación a la corona.

La galería porticada, que se halla en el costado norte del edificio, presenta catorce arcos de medio punto separados en tres tramos de cinco, cinco y cuatro arcos respectivamente, separados por poderosos contrafuertes de influencia cisterciense. Los arcos son sencillamente moldurados, con un guardapolvo de puntas de diamante, y se apean, como en el claustro del cercano monasterio cisterciense de Santa María de Valbuena, sobre columas de triple fuste cuyos capiteles prácticamente se han perdido. La cornisa que remata esta galería porticada se apea sobre sencillos canecillos lisos.

La iglesia presenta tres naves de dos tramos, crucero manifestado sólo en alzado y cabecera con tres ábsides poligonales. Los ábsides muestran ventanas geminadas ojivales separadas verticalmente por potentes contrafuertes coronados por pináculos.

Las ventanas muestran derrame interior y exterior con columnillas, teniendo un nivel de ventanas los ábsides laterales y dos el central. Los ábsides se rematan por fuera con una balaustrada calada y con gárgolas, de las cuales varias son originales y muestran influencias burgalesas. En el interior, los ábsides se cubren con bóvedas nervadas, cuyos nervios se apean sobre columnillas con capiteles de tema vegetal o con figuras de animales o personas; los plementos del ábside principal (el central) están calados con rosas.

El crucero, del siglo XX, muestra en sus hastiales dos rosetones con derrame sólo exterior con tracería a base de círculos quizá inspirada en el rosetón occidental de la Catedral de Burgos Se cubre con bóvedas de crucería sencilla apeada sobre pilares de núcleo cilíndrico con culumnillas adosadas o bien sobre sobrias ménsulas. Al exterior, todo se remata con una balaustrada calada. El crucero sur tiene adosada en su hastial la sacristía neogótica realizada en 1947, cuyo interior es completamente utilitario.

Las naves laterales y la central, más alta que éstas, muestran una cubrición similar a base de bóvedas de crucería sencilla apeada sobre pilares de núcleo cilíndrico con culumnillas del tipo mencionado, separándose las tres naves mediante arcos ojivales moldurandos que descansan sobre los dichos pilares. La ilumninación se resuelve con sencillos huecos pareados a la nave central y con ventanas ojivales geminadas con derrame sólo exterior en las naves laterales.

Al exterior, los esfuerzos de la bóveda de la nave central se resuelven con cuatro arbotantes y los de las bóvedas de las naves laterales, con contrafuertes coronados con pináculos. La puerta de ingreso se halla en el muro sur de la nave lateral del lado de la Epístola. Es del siglo XX, aunque se inspira en la original; es ojival con abocinamiento, apeándose las sencillas arquivoltas sobre columnillas de simple capitel vegetal. Todas las ventanas muestran vidrieras realizadas en el siglo XX, siguiendo modelos antiguos. Delante del edificio, se encuentra una cruz de piedra, barroca, que señala el centro del lugar que fue cementerio donde se enterraba a los pobres de la parroquia y los que fallecían en el próximo Hospital de Santa María de Esgueva.

Hoy en día el templo está despojado de muchas de las obras de arte mueble que contuvo, debido al estricto criterio de unidad de estilo de los restauradores, y muestra por dentro y por fuera su desnuda arquitectura románica y fundamentalmente gótica y neogótica. Sólo mencionaremos dos pequeños retablos situados a los pies de las naves laterales dedicados a San Roque (del siglo XVII) y a Nuestra Señora de los Ángeles (de principios del siglo XX) y el Cristo de la Preciosísima Sangre, que se halla en el ábside lateral de la Epístola, realizado en 1953 por Genaro Lázaro Gumiel, copiando un Cristo del siglo XVI. La iglesia es sede de la Cofradía Penitencial de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo”.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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