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El Festival de Salzburgo, muy cerca del Centenario

Tres foramontanos en Valladolid 16 Nov 2013 - 07:24 CET
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Por José María Arévalo

( Las Mozart-Matinees tienen un especial atractivo en la Grosser Saal del Mozarteum) (*)

La revista “Gaceta cultural” del Ateneo de Valladolid publica en su número de Octubre un artículo de José Antonio Nieto de Miguel, filólogo y abogado, Presidente de la Asociación Cultural Salzburgo, que titula “El Festival de Salzburgo, muy cerca del Centenario”, y subtitula “Nacido en 1920, sigue caminando por la senda de la excepcionalidad del Arte”. Nos ha parecido del mayor interés, por lo que lo reseñamos en nuestro blog – e incluimos las fotos que ilustran el artículo en la revista-, como ya hemos hecho con otros artículos de la revista del Ateneo. Nieto nos cuenta la gestación del Festival de Salzburgo, con un momento previo y decisivo, el 1 de agosto de 1917, al formarse un círculo de intelectuales artistas de altura, la apertura de sus puertas el 22 de agosto de 1920. Pero sobre todo, en lo que ya puede considerarse historia de la vida cultural de nuestra ciudad, su encuentro personal con el Festival de Salzburgo y la iniciativa que le llevó a realizar entre nosotros, en Valladolid, “algo que, con todas las diferencias imaginables, podría tomarlo como referencia creando una Asociación Cultural con esta finalidad”.

“En plena juventud – comienza José Antonio Nieto de Miguel su artículo- descubrí y me encontré con el Festival de Salzburgo. El año 81 del siglo pasado yo hacía por Centroeuropa un viaje en coche, que me permitía conocer con cierta calma muchos lugares que podrían pasar desapercibidos si se opta por una forma más rápida y más cómoda como es el avión. Y así pude estar, por ejemplo, en Erral y en Oberammergau, famosa mundialmente por sus representaciones populares de la Pasión. Y siguiendo los pasos de la figura enigmática y apasionanre de Luís II de Baviera, sus castillos de Linderhof (al que empecé a llamar cariñosamente «la bombonera»), Hohenschwangau y, sobre todo, Neuschwanstein donde puede entenderse un poco mejor su obsesión por la figura del «cisne» (Schwan)”.

“Y buscando a Richard Strauss –continúa José Antonio Nieto-, tras Munich, pude estar en Garmisch-Partenkirchen donde murió en su villa de Zoepprítzstrasse 42, pocos meses después de componer sus ‘Vier letzte Lieder’, cuyo último verso es toda una premonición: «ist dies erwa der Tod?» (¿podría ser esto la muerte?). Hoy esta bellísima ciudad es sede de un festival internacional que, con el nombre de Richard Strauss, dirige desde 2009 la excepcional cantante berlinesa Brigitte Fasbaender.

Y tratando de respirar el mismo aire que había respirado Mozart, pude detenerme varios días en Salzburgo. En pleno Festival. Pero en una edición especialmente dramática: unos días antes de mi llegada había fallecido allí el músico posiblemente más profundo conocedor de Mozart, como había sido Karl Böhm. Y la ciudad y sus visitames estaban consternados. Solamente pude conseguir una localidad para el concierto del día 23 de agosto con la Filarmónica de Viena, Claudio Abbado y Alfred Brendel, que parece no había gustado mucho a unas aficionadas de Valladolid -¡qué cosas!-, que hablaban muy alto en un restaurante de la Getreidegasse, hoy lamentablemente desaparecido. Y, por tener que estar de vuelta el 1 de septiembre, no pude quedarme al concierto-homenaje a Böhm en la Catedral el día 26, ( ‘Requiem für Karl Böhm’ ), en el que el Réquiem de Mozart iba a ser servido por la Filarmónica de Viena, James Levine, Lucía Popp, Christa Ludwig, Peter Schreier y Walter Berry.

( Shakespeare a través de Falstaff, de Verdi, impactante) (*)

Pero había palpado in situ y personalmente lo que era y significaba para el Arte el Festival de Salzburgo, cuya absoluta monumentalidad no lo hacía nada comparable con lo que particularmente conocía en España. Y tuve la primera ilusión de poder hacer entre nosotros algo que, con todas las diferencias imaginables, podría tomarlo como referencia creando una Asociación Cultural con esta finalidad aunque sin tratar de emular, en absoluto, la historia gloriosa de este Festival que ya había superado entonces ampliamente el medio siglo de existencia.

La gestación del Festival de Salzburgo había temido un momento puntual, decisivo, el día 1 de agosto de 1917 en que se había diseñado y aprobado, bajo la presidencia del Príncipe Alexander Thurn und Taxis, una dirección artística (Kunstrat) formada por el escritor teatral y poeta Hugo van Hofmannsthal, amor de obras como “Jedermann” (1911), llamada a ser en el futuro y hasta hoy símbolo permanente del Festival; el escenógrafo y arquitecto Alfred Roller, colaborador de Mahler en nuevas visiones de Mozart y Wagner; el director Franz Schalk, que lo había sido de la ópera de Viena; el director de teatro y posteriormente de cine Max Reinhardt, cuyo precioso palacio de Leopoldskron, en Salzburgo (plató de varias escenas de “Sonrisas y lágrimas”) sería confiscado por los nazis, aunque tras la guerra devuelto a sus legítimos propietarios y hoy sede de una institución privada e internacional, del máximo prestigio como es el Salzburg Global Seminar. Finalmente, Richard Strauss, cuyas óperas, algunas de las más reconocidas con libreto de Van Hofmannsthal, han tenido frecuente presencia en el Festival, cerraba este círculo de intelectuales artistas de altura estratosférica.

El 22 de agosto de 1920 el Festival de Salzburgo abría sus puertas con “Jedermann”, en la que confluían dos de sus cinco padres fundadores: Hugo van Hofmannsthal, su autor, y Max Reinhardt, como director de escena. Y comenzaba con unas palabras proféticas del ‘spielansager’ (el presentador de la obra): «Jetzt habet allsamt Achtung, Leut/ und hört was wir vorstellen heut!»: ¡ahora todos poned atención / y oíd lo que vamos a representar hoy!

Y cuando el festival se acerca a sus cien años de vida, Salzburgo ha sido el más alto reflejo de la realidad artística de cada momento. Y de ello podemos ser fieles intérpretes quienes nos consideramos unos privilegiados por haber sido contumaces asistentes. Después de aquel mi primer encuentro con Salzburgo del año 81, desde el 88 he seguido una línea de asistencia sólo interrumpida algún año por motivos suficientemente graves.

( Los Maestros Cantores de Nuremberg) (*)

Particularmente, podría poner como ejemplo de plenitud artística muchos momentos sublimes que me ha proporcionado el Festival y cuya relación haría este artículo interminable. Pero hay algunos especiales, como aquel ‘Don Giovanni’ dirigido por Karajan el 88, en cuya penúltima representación estuve presente como asistente a un momento realmente histórico: Karajan moriría en julio del año siguiente. O el 89, con la ‘La clemenza di Tito’, espectacular en la Felsenreitschule, con dirección de Riccardo Muti; o con un ‘Requiem’ de Berlioz tremendo, con Georges Prêtre, el día 7 de agosto. O ‘Un ballo in maschera’, el 90, con Plácido Domingo dando vida a Gustavo III, y una dirección espléndida de Solti. O un ‘Turandot’ apabullante el 2002. O aquella 9ª de Beethoven, el 2004 con la Filarmónica de Berlín y Rattle que me permitió apreciar personalmente la dimensión gigantesca de Jonas Kaufmann; o “Benvenutto Cellini”, del 2007; o esos conciertos de belleza exquisita a las 11 de la mañana que son las Mozart-Matinées, que no me he permitido perder ningún año y que para un mozartiano pueden ser la mejor forma de empezar el día…

Dos convocatorias han sido especiales en esta historia gloriosa: e! año 91, coincidiendo con el segundo centenario de la muerte de Mozart y el 2006, con el 250.° aniversario de su nacimiento, en que se programaron todos los títulos operísticos de Mozart (sublime ‘La flauta mágica’ con Muti y Diana Damrau) por la clarividencia y empeño personal del director artístico del Festival, Peter Rucizka.

Hoy -concluye el artículo- el futuro está asegurado con la dirección de Helga Rabl-Stadler y del director artístico Alexander Pereira. Como se ha visto este año, por ejemplo, con la programación de ‘Don Carlo’, de Verdi y dirección arrística de Peter Stein. Todo ello para atraer a cientos de miles de aficionados de todo el mundo (278.500 en 2012) a esta ciudad que tiene el índice de paro laboral más bajo (2’4 %, pleno empleo técnico) de Europa.”

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(*) Para ver las fotos que ilustran este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://farm4.staticflickr.com/3793/10630948514_60d68a7fc1_b.jpg
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