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Rincones con fantasma. 35. Calles de Miguel Íscar y Mantería

Tres foramontanos en Valladolid 28 Dic 2013 - 07:26 CET
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Por José María Arévalo

( Miguel Íscar con sus bonitos edificios decimonónicos -dice Uueña-, aunque algunos se han perdido como podemos ver en esta superposición de una fotografía antigua. No se libró esta calle de atentados urbanísticos, como el edificio de muchas plantas que se ve en la acera derecha) (*)

Continuamos el recorrido que sigue Juan Carlos Urueña Paredes, en su libro “Rincones con fantasma. Un paseo por el Valladolid desaparecido”, que estamos reseñando, por las calles de Miguel Íscar y Mantería, y dentro de ellas con especial atención a la Casa de Cervantes y a la iglesia de San Andrés, ambas con información complementaria que proporciona la web Vallisoletvm, que además cuenta un incidente próximo a su casa que llevó a la cárcel a don Miguel de Cervantes y su familia.

( Grabado de las casas de Juan de las Navas en “Vida de Cervantes”, de J. Morán, III. El Quijote. 1862-1863. Foto de Vallisoletvm) (*)

Dentro del capítulo el capítulo “Zona de la Plaza de España”, incluye Urueña un apartado que titula “Calle de Miguel Íscar” en el que escribe: “La calle de Miguel Íscar es una de las más coquetas de la ciudad, no sólo por el sabor de sus grandes casas, sino por el bonito marco que forma con la Academia de Caballería. Llamada así en honor de uno de los mejores alcaldes que gobernó esta ciudad, tuvo que ser elevada unos cuantos metros para salvar el cauce del Esgueva que por ella discurría. Por eso la casa donde vivió Cervantes que a ella asoma, queda por debajo del nivel de la calle. El problema es que el río sigue reclamando su terreno y no han sido pocos los hundimientos de la calzada que ha sufrido.

La Casa de Cervantes, además del pequeño museo acerca del escritor, alberga la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción y es lugar de cita de los amantes de la poesía y la literatura. Siempre ha habido asociaciones cervantinas o culturales en torno a la casa, y es al fundador de una de ellas, don Mariano Pérez Mínguez, al que debemos la estatua de Cervantes que hoy se levanta en la plaza de la Universidad. Este hombre pagó casi de su bolsillo el coste de su erección y consiguió tras muchos esfuerzos el dinero para fundirla. Fue poco el capital, por lo que tuvo que hacerse de fundición en hierro en vez de en bronce. Aunque su autor era profesor de escultura, su calidad artística deja bastante que desear. Es de suponer que los emolumentos del artista serían igual de escasos que el presupuesto de fundición y por eso no se complicaría la vida, haciendo un maniquí bastante sencillote.

( Casa de Cervantes en 1918) (*)

La estatua se colocó en frente de la Casa de Cervantes en 1877, gracias a que el Ayuntamiento cedió el pedestal de la antigua fuente de la Rinconada para que sirviese de base. Poco después fue cedida al Ayuntamiento que la trasladó a donde hoy está, en la plaza de la Universidad, como complemento a los jardines que entonces se estaban haciendo”.

Antes de pasar, con Juan Carlos Urueña, a la calle Mantería, completamos la información con un artículo de Vallisoletvm sobre la casa de Cervantes, titulado “Casa Museo de Cervantes” de Novembre de 2009. “La casa-museo de Cervantes está situada en la calle del Rastro, y por esta calle tiene su entrada, aunque los jardines que se extienden por delante terminan en una verja que da a la calle de Miguel Íscar. Forma parte de un conjunto de cinco casas levantadas por Juan de las Navas, apoderado del Ayuntamiento a principios del siglo XVII. Está construida en ladrillo y su fachada presenta balcones y ventanas recercados en yeso. En el jardín fueron instalados los restos de la antigua fachada del Hospital de la Resurrección, que en tiempos de Cervantes se hallaba próximo a su casa. Es la auténtica casa en que vivió Cervantes en el año 1605.

En el año 2005, con motivo del IV Aniversario de la primera edición de Don Quijote de la Mancha, se llevaron a cabo una serie de reformas y limpieza del inmueble y de su jardín.

Historia. El entorno. En el año 1600 la corte de Felipe III se trasladó a Valladolid, hasta 1606 en que regresó de nuevo a Madrid. Durante esos seis años Valladolid experimentó una serie de mejoras y la ciudad ganó también mucho en el aspecto cultural y financiero. Por aquellos años atravesaban Valladolid tres brazos del río Esgueva (conocido en esta ciudad como «la Esgueva») afluente del Pisuerga. El ramal meridional pasaba por lo que es hoy la calle de Miguel Íscar. Esta calle se urbanizó y se abrió a finales del siglo XIX a instancias de su alcalde Miguel Íscar. El riachuelo era poco saludable, pestilente y arrastraba las inmundicias de gran parte de la ciudad además de los residuos del matadero.

( Calle del Rastro con fuente y las casas de Juan de las Navas. Foto Bernardo Maeso, h. 1863) (*)

En la orilla derecha del Esgueva, en el tramo antes indicado, se encontraba el matadero público o macelo, vulgarmente conocido como las carnecerías. También se encontraba allí el rastro que era el lugar donde se vendía la carne de consumo público al por mayor. En la orilla izquierda (en donde hoy está la primera casa de la calle de Gamazo más parte de la calle de Muro) estaba la atarazana , depósito o corral de ganado, al mismo tiempo que matadero de cerdos. En esta misma orilla izquierda, pero en el tramo que quedaba frente al matadero mencionado se encontraban algunas casas que eran las viviendas de los cortadores (o carniceros) que formaban una acera que se empezó a llamar Acera del Rastro. Un poco más lejos, aguas abajo, donde hoy está el edificio conocido como la Casa Mantilla estaba el Hospital de la Resurrección y muy cerca del edificio había una fuente que traía agua del viaje de Argales. Cervantes conocía muy bien esta fuente (inaugurada en su época) y la cita en su novela «La ilustre fregona».

En el año 1602, en la citada Acera del Rastro se empezó la construcción de cinco pares de casas, una de las cuales fue la que habitó Cervantes en 1605 a poco de llegar a la ciudad de Valladolid. Su promotor fue Juan de las Navas, apoderado del Ayuntamiento. Era también administrador de las carnecerías y del servicio de belería. Las casas quedaron ubicadas frente al puente de madera sobre la Esgueva, que también se construyó por aquellos días. Con el tiempo fue sustituido por otro puente de piedra.

El incidente. Siendo Cervantes vecino de Valladolid y habitando una de las casas mandadas construir por Juan de las Navas, ocurrió un incidente en el que tuvo que intervenir la justicia y la policía y en el que se vieron implicados Cervantes y su familia. En la noche del 27 de junio de 1605, el caballero don Gaspar de Ezpeleta tuvo un altercado con un individuo desconocido. El caballero Ezpeleta resultó gravemente herido y fue llevado a una casa frente al puentecillo de madera, propiedad de doña Luisa Montoya, una mujer viuda y muy respetada. A los dos días de la refriega, el herido murió y fue entonces cuando se levantó el proceso. Las sospechas recayeron en gran parte de la vecindad, entre la que se encontraba Cervantes y su familia. El escritor y parte de su familia fueron apresados, así como algunos vecinos y amigos. Al cabo de unos días todos fueron liberados por no encontrar nada en su contra.

La historia del proceso se encontró a fines del siglo XVIII en el archivo de la Real Chancillería de Valladolid. Hoy se conserva y se cuida en la Real Academia Española como documento muy preciado sobre la vida de Cervantes. Gracias a este documento se pudo averiguar con exactitud el lugar de la casa que Cervantes habitó durante su estancia en la ciudad de Valladolid.

( Interior de la Casa de Cervantes) (*)

La casa. Se sabía desde antiguo que Cervantes había vivido algunos años en Valladolid. Se sabía que había llegado a esta ciudad por asuntos de trabajo y relacionado con la mudanza de la corte de Felipe III. Cervantes era recaudador de impuestos (alcabalas) y sin duda tenía obligaciones que cumplir en este lugar. Pero durante siglos todo fueron suposiciones y nada había de cierto sobre el lugar exacto de su casa. Hasta que a finales del siglo XVIII se encontró todo lo escrito sobre el proceso relacionado con la muerte del caballero Ezpeleta.

Hacia el año 1860 llegó a Valladolid el ilustre cervantista Santa María de Hita que investigó con verdadero ahínco y con más profundidad que otros ilustres personajes. El 29 de abril de 1862 ya tenía en su poder todos los resultados de la investigación y la certeza de haber dado exactamente con la casa de Cervantes. Fue un sacerdote, en la iglesia de San Lorenzo (San Llorente) quien propagó la noticia desde el púlpito.

Todas estas pistas fueron muy fáciles de seguir por el ilustre cervantista. Desde entonces la casa de Cervantes no ha variado prácticamente nada y se conservan junto a ella las otras cuatro casas nuevas. Hubo un tiempo en que la casa fue olvidada y a punto estuvo de derruirse para hacer un ensanche moderno pero se pudo evitar gracias a la intervención del gran mecenas y también cervantista marqués de la Vega Inclán que consiguió las reparaciones y compras pertinentes con su propia ayuda más la ayuda que le prestó el rey Alfonso XIII (que más tarde regalaría su aportación al Estado español), y la del Presidente de la Sociedad Hispánica de Nueva York, señor Archer M. Huntington.

Así pudo conservarse y convertirse en museo la casa de Valladolid que durante algunos años cobijó a Cervantes y su familia y en la cual fueron escritas obras como El coloquio de los perros, El casamiento engañoso, La ilustre fregona, El licenciado Vidriera y algunas más.

( Escritorio en la Casa de Cervantes) (*)

En la actualidad es casa-museo y está muy bien conservada. Además de la visita de los curiosos y turistas, ofrece jornadas literarias todos los meses y homenajes a Cervantes cada 23 de abril”.

Y seguimos con Urueña hasta la Calle de la Mantería. “Mantería tiene desde muy antiguo una fuerte tradición comercial. Ya en el siglo XVI la calle estaba ocupada por fabricantes de “estameña y manteros”, e incluso hasta el final del siglo XIX se conservaron algunos telares. Hoy esta calle tiene una gran afluencia de público por los numerosos comercios que en ella se encuentran. Mantería une la plaza de España con la de la Cruz Verde, quizá así llamada porque tuvo en sus cercanías una cruz de ese color la cofradía de la Vera Cruz. Según Agapito y Revilla, la cruz estuvo exactamente en la esquina del edificio que se alzaba donde hoy están los Cines Mantería.

La iglesia de san Andrés asoma a Mantería por la plaza de su nombre. Proviene como en otros casos de una sencilla ermita dedicada a este santo que ya existía en el siglo XII, donde se veneraba un cristo llamado del Consuelo al que se le atribuían dotes milagrosas. Al crecer la ciudad en esa dirección, se convirtió en parroquia en 1482.

Su feligresía de “onrados labradores” contó con dos benefactores que en ella fueron bautizados: fray Mateo de Burgos, franciscano y obispo de Sigüenza, que levantó la fachada a sus expensas y donde se colocaron los emblemas de su Orden en agradecimiento; el otro mecenas fue fray Manuel de la Vega, también franciscano y “pobre de nacimiento, pero onrado”, que ostentó el cargo de comisario general de las Indias y que levanto el resto del edificio actual. San Andrés tuvo el triste privilegio de ser el primer lugar de enterramiento de don Álvaro de Luna.”

( Interior de la iglesia de San Andrés) (*)

Completamos ahora la información de Urueña con el artículo de Vallisoletvm “Calle Mantería”, de Noviembre de 2009, que cita como fuente “Las Calles de Valladolid”, de Juan Agapito y Revilla. “Esta calle constituye una de las principales del barrio de San Andrés, así que empezó a extenderse la villa más allá de la puerta de Teresa Gil, y en ella se establecieron los fabricantes de mantas, en un principio, por lo que ya es citada la calle en 12 de Julio de 1596, diciendo «a los sombrereros frente a la mantería», con lo que se deduce que por sus proximidades tenían sus obradores los sombreros que los hacían.

La calle es citada varias veces en el proceso abierto en 1605 por la muerte del caballero Don Gaspar de Ezpeleta, en el que se la llama siempre «calle de los manteros», lo que es igual que el nombre por el que más se la cita, pues en otros papeles más modernos de los mencionados se decía que el «Gremio de fabricantes de estameña, vulgo la Mantería», en la calle estaba instalado. Recuerdo haber visto telares, ya sin uso, en casas de hacia el medio de la calle, del lado de los impares, en plantes bajas, con escasa luz y casi sin ventilación.

La calle, como aparece rotulada en el plano de 1738, era «La Mantería» desde el Campillo de San Andrés, hasta la plazoleta de la iglesia de San Andrés, o quizá algo menos; mas el Ayuntamiento por acuerdo de 10 de Abril de 1863 fijó su límite diciendo que «se titulará calle de la Mantería hasta la plazuela de la Cruz Verde».

A esta castiza calle, donde al igual que en la de Panaderos, había siempre animación y mucho tránsito, en este mismo siglo se la cambió el nombre por el de «Calle de Mariano Fernández Cubas», simpática persona y abogado culto, que vivió en la misma calle, ángulo a la de Cruz Verde. Fué Mariano Fernández Cubas concejal del Ayuntamiento de la ciudad y diputado provincial.

( Órgano barroco en la iglesia de San Andrés) (*)

Con muy buen acuerdo repuso el 28 de abril de 1937 la Comisión gestora, el nombre antiguo de «Calle de la Mantería», recibido con satisfacción por el pueblo, pues mucho no sabían quien había sido Mariano Fernández Cubas. En la actualidad la Calle Mantería es la calle con mayor dotación comercial de la ciudad y acumula 77 establecimientos abiertos, seguida por el paseo de Zorrilla, con 62”.

Vallisoletvm nos permite completar todo ello en el artículo “La iglesia de San Andrés”, de Enero de 2010. “Como casi todas las iglesias, la parroquial de San Andrés, de Valladolid, tuvo su humilde origen en una ermita dedicada a este Apóstol, existente ya en el siglo XII. Era en su recinto en donde recibían sepultura los ajusticiados y en ella reposó el cuerpo exánime del afamado Condestable don Álvaro de Luna.

Al extenderse Valladolid por estos parajes, la ermita, convertida en parroquia en 1482, resultaba insuficiente para su feligresía y en 1527 se habla de su reedificación. A fines de aquel mismo siglo la iglesia sufre importantes reformas y su cabecera adopta la disposición que aún se conserva. Las obras fueron costeadas con la generosidad del obispo de Sigüenza, Fr. Mateo de Burgos, bautizado en la parroquia.

La iglesia, hasta el siglo XVIII, fue de reducidas dimensiones, disponiendo tan solo, de dos capillas, además del crucero, cabecera y la capilla de Nuestra Señora de los Ángeles. Otro hijo ilustre de la parroquia, Fr. Manuel de la Vega y Calvo, Comisario General de Indias y miembro de la comunidad franciscana, patrocina en 1772 las obras de ampliación de la iglesia y la elevación de la torre. La realización corrió a cargo del arquitecto Pedro González Ortiz, que concluyó su trabajo en 1776, celebrando los feligreses grandes fiestas con tal motivo.

La fachada de la iglesia es de ladrillo, salvo la portada, que fue construida en piedra, en donde se aloja una escultura de San Andrés, obra del siglo XVIII. En agradecimiento a la magnanimidad de Fr. Manuel de la Vega y para conservar su memoria, la parroquia grabó en su portada las armas o insignias de la Orden franciscana.

La iglesia dispone de una sola nave, con capilla laterales entre contrafuertes, decorados con pilastras adosadas. La bóveda es de cañón con huecos y yeserías con placado muy plano. El crucero se cubre con cúpula rebajada, decorando sus pechinas pinturas realizadas en 1733 por Ignacio de Prado, sustituyendo seguramente a las que pintó Bartolomé Carducho.”

Como nada nos dice del interior, recurrimos a Wikipedia. “La Iglesia de San Andrés es conocida por su impresionante Retablo central, que data de 1740 y es de estilo barroco. Este retablo sustituye al suntuoso retablo gótico que presidía la capilla central, proveniente de la iglesia de San Pablo. Dada la belleza y magnificencia de este retablo anterior, la nueva factura debía estar acorde con el sustituido. El nuevo retablo es una obra barroca realizada por Juan de Correa y dorada por Gabriel Fernández. Las imágenes fueron policromadas en 1742 por Bonifacio Núñez. Con una altura cercana a los 20 metros, es uno de los retablos más ricos y bellos de toda la ciudad. Compuesto por cuatro grandes pilares, cuenta con pequeñas hornacinas donde podemos observar imágenes de San Pedro, San Pablo, San José y San Joaquin con la imagen de San Andes en el centro presidiendo el retablo.la parte suberior esta presidida por un relieve de María Santísima. Como un retablo propio del Barroco, destaca en la cantidad de ángeles adosados al mismo.

El crucero está decorado con pinturas realizadas en 1733 por Ignacio de Prado. Las diferentes capillas laterales son también de estilo barroco, contando todas ellas con grandes rejas de hierro forjado. Dichas capillas están dedicadas a San Antonio de Padua, San Francisco, La Virgen de Guadalupe, La Virgen Dolorosa, El Calvario de Cristo, y la Inmaculada.

La capilla de san Francisco (primera de la Dcha.) cuenta con un retablo barroco presidido con la imagen de San Francisco (Felipe Espinabete S.XVIII), a la Izda del retablo se encuentra un cuadro de grandes dimensiones que representa a las “Animas del Purgatorio”. En esta capilla se ubica el hermoso Belén que la Cofradía penitencial del Stmo. Cristo Despojado, Cristo Camino del calvario y Ntra. Sra. de la Amargura en colaboración con la parroquia instala cada año en fechas próximas a la navidad. Esta capilla están también ubicadas de forma permanente las imágenes de Cristo Camino del Calvario (Nazareno caído con la cruz a cuestas tallado por Miguel Ángel González jurado en 2007) y el stmo. Cristo de La Fe (crucificado de tamaño medio, tallado en madera al natural tallado por Leocricio Rodríguez de Monar en el año 1949), propiedad ambos de La Cofradía Penitencial del Stmo. Cristo Despojado, Cristo Camino del calvario y Ntra. Sra. de la Amargura

La capilla de la Virgen de Guadalupe (segunda de la derecha), resulta un aspecto muy curioso y particular, pues no es muy común en estas tierras castellanas encontrar capillas y cultos bajo esta advocación mariana. Este hecho se debe a que bajo el patronazgo de Fray Manuel de la Vega y Calvo se establece este culto en la iglesia, dado el carácter de secretario general de indias de fray Manuel, y que quiere traer a esta iglesia el culto de La virgen de Guadalupe, de tan importante raigambre en tierras americanas.

El la Capilla de la Dolorosa (tercera de la derecha), podemos encontrar como en todas las demás capillas, un retablo barroco, con la peculiaridad de que en este retablo, se halla presidido por una imagen de vestir que representa a Ntra. Señora de los Dolores en el centro del retablo, y justo bajo ella, en una hornacina de cristal un cristo yacente de tamaño medio. En la parte posterior del lado izquierdo de la capilla, podemos observar un resto obtenido tras la restauración que se efectuó en los años 80 del siglo XX, un paso de arco de piedra de la primitiva construcción de 1527 que daba paso directo al crucero.

En la capilla de San Antonio de Padua (primera del lado izquierdo de la iglesia), encontramos un retablo barroco, presidido por una escultura de San Antonio de Padua (Juan Pascual de Mena, siglo XVIII), y en la parte superior una imagen de San Miguel de los Santos, Fraile trinitario de gran devoción en la ciudad y coetáneo del padre Vega.. En el lado izquierdo y en una hornacina neoclásica, encontramos al cristo del refugio o del consuelo, obra anónima del siglo XV.

En la capilla del Calvario (segunda de la izquierda), en el retablo barroco que contiene la capilla, nos encontramos con un Calvario compuesto por San Juan, la virgen María y Cristo muerto en la Cruz, todos ellos tallados por la mano del insigne imaginero Gregorio Fernández. Tanto las imagenes de San Juan como la de la Virgen María, forman parte de la exposición «Las edades del Hombre» Passio, en el año de 2011.

La capilla de la Inmaculada (tercera de la izquierda) cuenta con un majestuoso retablo barroco de fino detalle y rico tallado, presidido por una imagen de Mª Imaculada; a la izquierda del retablo, en una hornacina con arco de piedra, se ubica la imagen de Cristo Despojado, propiedad de la Cofradía Penitencial del Santísimo Cristo Despojado, Cristo Camino del Calvario y Nuestra Señora de la Amargura, tallada en 1993 por José Antonio Hernández Navarro. Propiedad de la misma cofradía, al lado izquierdo del retablo se encuentra la imagen de Ntra. Sra. de la Amargura, de José A. Hernández Navarro, del 2003. Como nota curiosa, decir que esta capilla, que ostenta el patronazgo de la cofradía en la figura de La Virgen Stma. En su Inmaculada Concepción, es la destinada como capilla de insignias y enseres durante la cuaresma. La Capilla se encuenta cerrada con una hermosísima y rica reja de forja de estilo barroco.

En la capilla de los Maldonado o del Santísimo están enterrados miembros de la Familia Maldonado, pudieran ser familiares del Licenciado Maldonado (Diego Abarca Maldonado), Rector de la universidad de Valladolid entre 1585 y 1586, quienes sufragaron el gasto de construcción de dicha capilla. Esta capilla cuenta con un retablo de inspiración renacentista. A los laterales de dicha capilla, a cierta altura, se ubican las imágenes orantes de las Maldonado, talladas por Pedro de la Cuadra en alabastro.

El altar mayor, se encuentra flanqueado por dos retablos de igual factura que los anteriores, en los que encontramos una serie de imágenes y santos de muy diversa consideración, y que son titulares de cofradías desde el Siglo XIII; así del lado del evangelio se encuentra el Retablo de Ntra. Sra. de las Nieves, que presidía el retablo, hasta que se sustituyo por el la Imagen de Ntra. Sra. del Henar, pasando Ntra. Sra. de las Nieves a ocupar la parte superior de dicho retablo. En los laterales del retablo se encuentra la imagen de san Gregorio Magno.

En el lado e la epístola, se haya un retablo idéntico en factura al anterior, si bien este está presidido por Ntra. Sra. de Las Candelas (Imagen titular de la Real Archicofradía del Santísimo Alumbrado y Candelas) y acompañado en los laterales por imágenes de San Isidoro y San Ildefonso.

En la pared del lado de la epístola del crucero, encontramos un retablo como los anteriormente citados, presidido por la imagen de la Virgen del Carmen, Titular de la cofradía homónima, fundada con anterioridad a 1864 y que perdura hasta nuestros días. En la parte superior se encuentra la imagen de San Isidro labrador (ha. 1746), que fue titular de la cofradía del mismo nombre que se fundó y estableció en el año de 1490 en esta iglesia de San Andrés, hasta su traslado a la ermita donde se encuentra en estos momentos. A los lados del retablo, encontramos la imagen de San Sebastián ( de Alejo de Bahía, s. XV), patrón de la Cofradía Sacramental de la Parroquia de San Andrés, y la imagen de San Blas.

Sin duda, otra de las joyas de esta Iglesia es el órgano barroco, único en la ciudad, construido en 1784 por Esteban de San Juan y restaurado por Joaquín Lois, que está ubicado en la parte final del Crucero, a la izquierda, en la entrada a la capilla del Santísimo. Este órgano es muy utilizado, tanto en conciertos de corales como en celebraciones.”

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(*) Para ver las fotos que ilustran este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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