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Apócrifo. 26. Raquel llora a sus hijos

Tres foramontanos en Valladolid 01 Ene 2014 - 07:29 CET
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Por Carlos de Bustamante

( Belén Bíblico Monumental de las Angustias en 2012) (*)

Sí; lamentos horribles. Los naturales cuando a una madre le matan a su hijo. Canallada de Herodes como probablemente no se volvería a producir ninguna más en la tierra. O eso es lo que Tarsicio -ignorante- cree.

Pero toda la familia estaba ya camino de Egipto. De lejos oyeron los gritos, lloros y lamentos de las madres, “del pueblo entero horrorizado” por la brutal matanza de tantos inocentes. Pobres criaturas sin nadie que los defendiera de los asesinos carniceros por el egoísmo y la infinita crueldad de Herodes. Imposible, pensé, que jamás se diera el caso de nuevos Herodes a lo largo de los siglos. Se cumplió entonces lo que alguna vez le oí a mi padre y señor, porque desde antiguo estaba escrito: “Es Raquel que llora a sus hijos, sin querer consolarse, porque ya no existen”. Igual que pudiera suceder -no sé por qué extraña razón- aunque no creo, no creo, años o siglos más tarde.

Tal era la prisa que teníamos por alejarnos de aquel horrible lugar que ni a Pequeña, Virutas, ni a mí hizo falta que José nos dijera nada. Corríamos que nos las pelábamos de tamaña salvajada. Créanme, que por unos momentos, y recordando las palabras del Ángel Gabriel, corría, pero que muy desconcertado. ¿No era Jesús Iahveh, Dios, hecho hombre…? A qué ton, pues, huir tan aprisa el que era Todopoderoso y Santo? Si yo, Tarsicio, esclavito hombre, o sea, humano, no lo entendía, ¿qué decir de Pequeña y Virutas, que, como yo, también estaban “en el ajo” y sabían, como yo, a quién llevaba y acompañábamos en la huída…? Obedecimos a José. Aunque era de noche, huimos a toda prisa.

Pudimos haber tomado la carretera ordinaria a través de Hebrón; pero aunque José confía en la Providencia, en el Niño-Dios que lleva en la huída, pone también y primero los medios humanos. Esa carretera, como la carretera militar a Joppe, podían ser, por mejores y más cortas a la frontera con Egipto, las que tomasen las tropas de Herodes en su persecución. Se decidió, que para eso era el cabeza de Familia y padre nutricio de Jesús (¡vaya nombre que me ha salido!), por marchar vía Eleutheropolis, lejos del camino costero. Este camino interior que pasaba por la cueva de Magpelá (tumba de Abraham) era más largo, peligroso por salteadores y difícil, pero menos probable para la persecución implacable. “Nos” orientamos entre las sombras y aligeramos muy agudos el paso. Ganas le dieron a Pequeña de lanzar un sonoro rebuzno de protesta. Pero miró a la preciosa carga que llevaba y, muy aguda también en ligero trotecillo, se contuvo del asnal gemido.

Azaroso camino hacia Egipto.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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