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El tren de las irresponsables

Tres foramontanos en Valladolid 12 Feb 2014 - 07:27 CET
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Por Javier Pardo de Santayana

( Foto en forofamilia.org ilustrando el artículo “Down España aplaude que se elimine la `discriminación por discapacidad´ y pide más apoyo a la embarazada”) (*)

Hoy he visto un espectáculo que sólo puedo calificar de vomitivo. Algo que nunca pensé que llegaría a ver: un reluciente tren dedicado a pasear un repugnante grupo de mujeres que alardean de defender la muerte.

Claro que no se presentaban así directamente. Se enfundaron, de entrada, las consabidas camisetas, pero eligieron un color que a mí me pareció de luto, y la televisión nos mostró un grupo bullicioso como de asociación de amigas que festejan un aniversario.

En efecto, el interior del vagón se veía poblado de alegría y de risas mostradas con expresiva intención de acentuar el alegre efecto del encuentro. Luego aparecerían las imágenes de la llegada de las viajeras a una estación desbordada por su sonora presencia y también la de algunas autoridades asociadas al jolgorio.

Un curioso festejo: por fin veo gente contenta y deseosa de mostrarnos su felicidad, pensé yo en mi ingenuidad al verlo en la televisión. Mas de golpe me enteré de la cruda realidad. Se trataba de un tren fletado expresamente para reunir proabortistas que se proclaman defensoras de la libertad de la mujer y alardean de superioridad moral: para ellas no debe haber límite alguno a su soberana voluntad. La madre decidiría, en suma, qué hacer con el niño que le viene. Y entre las opciones está la de quitárselo de encima. O sea, de matarlo.

A mí, de verdad, esto me asombra. Hasta se me revuelven las tripas ante un sonalesco espectáculo en el que la muerte se reviste de color y carcajadas. No sé como digerir mensaje tan abyecto. Pensar que en el siglo XXI presumen de heroínas quienes sostienen que alguien puede ser tan irresponsable ante una vida inocente e incipiente como la de un hijo ya implantado en el propio vientre de su madre, me parece algo que debiera sonrojar a cualquier ser medianamente humano, y más a una mujer. Por lo que oí, éstas ni siquiera se plantean aquellos casos especiales donde se pone en juego la vida de la madre o la circunstancia de una violación, sino que exhiben el retorcido lema de que la mujer puede decidir lo que la venga en gana, como si el hijo que viene fuera una mercancía. Como si ella no tuviera la menor responsabilidad de su existencia; como si en ésta no mediara un acto de la voluntad. Como si el niño hubiera llegado al seno de su madre por su cuenta y sin saber por qué. Irresponsabilidad pura. Egoísmo en su expresión más siniestra y desgarrada. Relativismo moral no sólo predicado sino escenificado con el apoyo del sonido y las imágenes.

Conste que ya sabemos que el ser humano puede hacer lo que le venga en gana. Esto no nos lo puede negar nadie. Incluso sabemos que cualquiera puede cargarse a quien le estorbe o le moleste. Mas pretender que eso no sólo está bien, sino que el hacerlo pueda ser prueba de libertad y motivo de íntimo y social orgullo para alguien, constituye tal aberración que extraña verlo aireado y mal rimado en insoportables pareados.

He aquí la irresponsabilidad moral de la que se alardea entre risotadas y gestos de satisfacción en este tren de muerte. He aquí, sí, la indecencia de la banalización de la muerte no sobrevenida sino planificada con premeditación para ahorrar molestias, sin consideración alguna para la voz de la conciencia.

Sobrecoge pensar que esto suceda en nuestro siglo conociendo la experiencia nazi y la teoría del doctor Menguela en aras de un supuesto progreso de la Humanidad. Sí, parece mentira que esto suceda en plena Europa, cuando, además, detrás hay un negocio floreciente de clínicas donde se manejan técnicas encaminadas a deshacerse de la forma más expeditiva de un ser humano en desarrollo.

No se trata ya siquiera de proponer una absurda ley de plazos que determine, como para los productos perecederos, la fecha y hora en que pasan a transformarse en basura alimentos que hasta ese instante fueron dignos de consumo. No se trata de discutir si quien mata a su propio hijo por la razón que sea merece o no un castigo, que de estas cosas ni se habla en beneficio de quienes hayan decidido hacerlo agobiadas por motivos poderosos. No. Lo que proclaman estas mujeres es el derecho natural a cargarse con premeditación a un hijo propio en el seno materno sin más explicaciones – o sea, a asesinarlo – porque esto es un derecho inalienable.

Nunca llegó a tanto la banalización del mal y el relativismo del ser humano como ahora, en nuestro tiempo. Por eso verlo así escenificado sobrecoge. Mas, sobre todo, se echa de menos que aberraciones como ésta no provoquen un clamoroso rechazo de la sociedad, ya que, aun sabiendo lo que es la condición humana, y que, como dijo el torero, hay gente para todo, de una sociedad avanzada y supuestamente culta como ésta se espera mayor sentido de responsabilidad que la que demuestran las alborozadas ideólogas de este siniestro tren proabortista.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://farm8.staticflickr.com/7404/12307984254_25cd110ce7_o.jpg

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