Por José María Arévalo

( El caballero, la muerte y el diablo. Grabado de Alberto Durero en la exposición “Durero. La exaltación de la belleza”, actualmente en la Sala de la Pasión) (*)
Decíamos el domingo pasado que la Fundación Municipal de Cultura de Valladolid se marca un buen tanto con estas dos exposiciones procedentes de colecciones privadas, la muestra en la sala de las Francesas de la colección Pilar Citoler, una de las colecciones de arte contemporáneo más importantes del ámbito privado en España, que comentamos entonces, y “Durero. La exaltación de la belleza”, que vamos a comentar hoy, con 113 grabados que recorren la producción del artista de Nuremberg durante toda su vida, que viene de Milán y es propiedad de Elisa Moretti y Elisabetta y Paolo dal Bosco y puede verse hasta el 2 de marzo. Ésta última presentada justo después de la otra también magnífica de los grabados de Rembrant en el propio Museo de la Pasión. Vigencia del clasicismo junto a la modernidad, les decía.
Frente a los pocos cuadros de la muestra de la colección Pilar Citoler, la exposición de Durero en la sala de la Pasión es una profusa aportación de sus grabados, de los que ciertamente el gran pintor alemán (1471-1528) realizó miles, emancipando las ilustraciones de los libros, trabajando con absoluta libertad creativa sin la preocupación de de la ubicación de la obra, y poniendo al alcance de las clases más bajas obras e ideas que hasta ese momento habían sido privilegio de la aristocracia. El folleto que ofrece la sala recoge un amplio estudio sobre el desarrollo de este arte en la época, la influencia de Durero, “que alcanza con el buril la perfección gráfica”, y que para dedicarse al grabado llegó a abandonar por un tiempo -1513 y 1514- la pintura y la xilografía. Ciertamente le fue rentable la difusión de sus grabados, como nunca sus obras lo habían sido antes.
En la inauguración, Rosa Perales – como destaca Victoria Niño en su crónica de El Norte de Castilla- presentó las obras expuestas, destacando tres por su maestría y originalidad: “La melancolía”, «que representa el desasosiego del pensador, que descansa tras mucho pensar sin llegar a nada», “El caballero, la muerte y el diablo”, «ese caballero católico medieval, que también representa el amor y la vida», y “El Gran Carro triunfal de Maximiliano I”, «un engrandecimiento del poder, complemento del ‘Arco del triunfo’, que fue tomado como modelo por artistas españoles, franceses e italianos». Perales resumió en cuatro las etapas del Durero grabador, marcadas por dos viajes a Italia. La primera preitaliana, una segunda de maestría técnica, la tercera determinada por los encargos del emperador y la cuarta, dedicada a las series de ‘pasiones’.
De su primera etapa artística, la muestra incluye grabados anteriores a 1500, entre los que destaca la xilografía titulada ‘La Sagrada Familia’, el buril ‘La imagen con el mono’, ‘La Lucha entre Hércules y Caco’ y ‘El cerdo monstruoso’. En el apartado destinado a la maestría técnica del creador, que incluye obras realizadas con diferentes técnicas, destacan ‘Escudo de armas con calavera’, ‘El caballo grande’ y ‘La Natividad’, considerada una de las mejores obras del Renacimiento del sur de Europa.
Por otra parte, se destinan dos áreas a la búsqueda de la belleza absoluta y el clasicismo, en las que sobresalen trabajos como ‘El caballero, la muerte y el diablo’, ‘La Melancolía’, ‘Carro Triunfal’ y ‘El rapto a lomos del unicornio’. El discurso expositivo se completa con otras etapas creativas sobre la pasión y la Virgen, en la que se incluyen obras como ‘La vida de la Virgen’, ‘La a huida a Egipto’, ‘La Pasión Pequeña’ y ‘La Pasión Grande’.

( Autorretrato de Durero, de1498, en el Museo del Prado . Foto en Wikipedia) (*)
De especial interés me parece el comentario que realiza Sebastiano Guerrera, Director de la Academia de Bellas Artes de Urbino, en el artículo que incluye el folleto de la exposición, sobre la evolución de su técnica. “Antes de su primer viaje a Italia, que tuvo lugar entre 1494 y 1495, sus obras gráficas exhibían, como única y original peculiaridad, la coexistencia de motivos más o menos ligados a la tradición junto con algunos pocos relativamente nuevos. Es después de su experiencia italiana (desde 1495 hasta alrededor de 1500, período durante el cual realizará el Apocalipsis y gran parte de La Gran Pasión) cuando sus grabados muestran un cambio radical en la forma de entender la técnica y estilo.
Antes de Durero, los grabadores alemanes seguían un proceso que incluía dos usos diferentes de la línea: las curvas de contorno servían exclusivamente para definirla forma del motivo mediante un trazado simple y sin ninguna caracterización, mientras que el sombreado se usaba para evocar el objeto, así como las luces y sombras, pero sin que fuera determinante en la construcción de la forma. Durero cuestionó tanto ese empleo excesivamente rígido del sombreado como la vieja concepción del contorno, inaugurando un procedimiento que asignaba capacidad expresiva a cualquier tipo de línea, con lo que lograba una representación que cumplia además la función íntegra de modelar.
Después de su segunda estancia en Italia (1505 -1507) la obra gráfica de Durero alcanza el punto más alto de su evolución. En 1511, cuando se convierte en editor, publica «tres grandes libros»: La Vida de la Virgen, El Apocalipsis y La Gran Pasión, además de la serie de xilografías que constituyen La Pequeña Pasión. La nueva experiencia veneciana fue aún más decisiva: Durero alcanza ya su plena madurez, demostrando que no solo la pintura, sino también los gráficos podían ser tonales.
El simple y primitivo blanco y negro se convierte ahora en un auténtico claroscuro, con lo que asigna también a la técnica de la xilografía la función de restituir la luminosidad de una manera gradual y no solo por contraste, adaptándola a la necesidad típicamente renacentista de representar los objetos de una manera generalmente orgánica.
En el mismo período en que perfeccionó la técnica de la xilografía, Durero empezó a ocuparse también del grabado en cobre, especialmente del grabado con buril, la herramienta que había aprendido a usar en el taller de orfebrería de su padre. Concibe una técnica de incisión en la madera que, respetando la peculiaridad del instrumento, resulta radicalmente distinta del grabado tradicional, y comporta un enfoque y un estilo que no podían ser tomados de la xilografía. Esta última consiste en una impresión en relieve en la que el grabador quita de la matriz de madera las partes que no van a imprimirse, mientras que en la incisión con buril las líneas que se trazan deben tener una estructura original casi predeterminada, ya que producen directamente (podríamos decir que en “positivo”) la imagen impresa, Durero, obediente y al tiempo «trasgresor» de las reglas del buril, a través del «sombreado paralelo» y un perfecto dominio de la uniformidad del grosor y el espaciamiento del trazado, llevó el llamado «medio tono gráfico» al más alto nivel de refinamiento, con un rendimiento de la forma y la profundidad espacial, con una modulación de la luminosidad y una gradación tonal netamente superiores a los de la xilografía.
Durero alcanza así con el buril la perfección gráfica, y entre 1513 Y 1514 se dedicó exclusivamente a esta técnica, dejando la pintura y la xilografía. En este periodo publicó los grabados de La Gran Pasión (1513) y realizó sus tres «grabados maestros» (los Meisterstiche) que si bien no constituyen una auténtica serie, se consideran como una sola obra por la complementariedad de sus contenidos: El caballero, la muerte y el diablo (1513), el San Jerónimo en su celda (1514) y Melancolía (1514). Este último grabado, quizá el más célebre de ellos, es la obra que representa la culminación de su investigación y que, en palabras de Erwin Panofsky «simboliza el arttista del Renacimiento, (…) que se siente inspirado por la influencia celeste y las ideas eternas, pero que sufre más intensamente por su humana fragilidad y su finitud intelectual». Esta obra solo podía ser realizada con una técnica de alto potencial pictórico, capaz de proporcionar lo mejor de la «negritud» (el humor negro) existente en la Melancolía, no ya como herramienta de producción artística sino como forma de expresión.”
Pero además, Durero fue un teórico del arte, con una enorme influencia en la creación posterior. Desde 1507 se dedicó a escribir notas y peparar dibujos para su tratado más importante “Cuatro libros sobre las proporciones humanas” que se publicaría en 1528 después de su muerte, y que ha tenido gran repercusión en la pintura posterior. Sin embargo, otros artistas contemporáneos suyos, con una orientación de tipo más visual que literaria, pusieron mayor atención en sus grabados, tanto en planchas de cobre como xilografías, que en sus escritos dirigidos a orientarlos en la modernización de su arte con desnudos de corte clásico y temas idealizados, propios del Renacimiento italiano. Durero fue un gran maestro de la composición y el dibujo, y su obra nos maravilla todavía hoy, como lo hiciera poco antes Leonardo Da Vinci (que murió en 1519). En otro de su libros, “Underweysung der Messung”, Durero propone una variedad de mecanismos para el dibujo en perspectiva de los modelos y proporciona ilustraciones de grabado de estos métodos que a menudo se reproducen hoy en día en las discusiones de la perspectiva.
En fin, una exposición para saborear su ciencia y su arte.
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(*) Para ver las fotos que ilustran este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://farm3.staticflickr.com/2851/12414818185_bee0c48946_o.jpg
http://farm4.staticflickr.com/3690/12414818485_81de20fa6f_o.jpg
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