Por José María Arévalo

( La iglesia de Jesús –dice Urueña- a “tiralíneas” con la calle) (*)
Tras Platerías y la Plaza del Ochavo, Juan Carlos Urueña Paredes continúa, en el último capítulo, “Zona de la Plaza Mayor” del itinerario que sigue en su libro “Rincones con fantasma. Un paseo por el Valladolid desaparecido”, que estamos reseñando, por las calles de Jesús y la Pasión, deteniéndose en las iglesias que dan nombre a ambas calles.
Comienza el apartado “Iglesia y calle de Jesús” con una introducción sobre las iglesias penitenciales en nuestra ciudad. “Los nazarenos, como otras penitenciales, nacieron bajo el amparo de una orden monástica, siendo en este caso la de san Agustín. En su Regla se contemplaban ciertos acuerdos que la vinculaban con la Orden, como la obligación de administrar las correas o “cintas” de san Agustín, detalle que determinó que el primer nombre de la cofradía fuese “cofradía de la Cinta de Nuestro Padre san Agustín, san Nicolás de Tolentino y Nuestro Padre Jesús Nazareno”, al que se le añadieron más tarde las advocaciones de “santa Mónica” y en 1616 la de “Nuestra Señora de la Consolación de Bolonia”.
Tras romper su dependencia con la comunidad de san Agustín en 1651, la cofradía dedicó sus esfuerzos a los trámites necesarios para la construcción de su propio templo. En 1663, se realizaron los primeros trabajos de limpieza y vallado de un solar recién adquirido por la cofradía en la zona de la Rinconada para levantar su iglesia. Este lugar es citado por Canesi como un sitio «que servía para la esgrima de un juego de armas»
Por fin, la cofradía se trasladó a su flamante templo en 1676. Los nazarenos siguieron existiendo dignamente pese a las penalidades, acosados como todas las cofradías por las prohibiciones y exigencias de los poderes públicos. En el año 1880 tuvieron que hacer frente a otra adversidad; en esta fecha se comenzaron los trabajos para la construcción del mercado del Val, y en el proyecto se contemplaba la urbanización de la zona, que incluía mejorar el acceso hacia la Plaza Mayor a base de alinear y ensanchar varias calles.

( Interior de la iglesia de Jesús ) (*)
La iglesia de Jesús se encontraba en el camino de la piqueta y el arquitecto municipal Ruiz Sierra, quizá llevado por el entusiasmo del proyecto, declaró que el templo estaba “en el último periodo de su probable duración”, proponiendo su derribo a cambio de una indemnización de 108.000 pesetas. Afortunadamente, otro arquitecto, José Benedicto y Lombía, presentó otro proyecto en el que sólo se derribaría parte del templo, la correspondiente a 6,70 metros lineales que sobresalían de la casa del capellán, construyéndose una nueva fachada en línea con la nueva calle. Se hicieron las cosas de esta manera, indemnizándose a la cofradía con 18.500 pesetas por el trozo de iglesia. Paradójicamente, fue Ruiz Sierra, el que había propuesto su derribo, el encargado de levantar la nueva fachada de ladrillo que hoy se puede contemplar.
También tuvieron los nazarenos sus relaciones con el convento de san Francisco, destacando su participación en una procesión que realizaban los frailes desde finales del siglo XVII, posiblemente al comenzar la Cuaresma. Acudían con todo su aparato, incluyendo la imagen del Nazareno, y eran acompañados por multitud de religiosos y niños vestidos de ángeles, que según las crónicas «llevaban muchas demostraciones de lo que somos, como calaveras, huesos y estatua entera (una “estatua entera” era una imagen de la muerte).»

( El lado de la Epístola en la iglesia de Jesús) (*)
Concluye aquí Urueña su información sobre la iglesia y calle de Jesús, que ampliamos ahora con el artículo de Vallisoletvm titulado “Iglesia de Jesús el Nazareno”, de Marzo de 2010, que cita como fuente a Alberto Muñoz González. Boletín informativo de la cofradía. Año 2008, http://nazarenovalladolid.com/nv/. “La iglesia dedicada canónicamente a Ntro. Padre Jesús Nazareno está situada en la calle de Jesús, junto a la plaza mayor. En ella tienen lugar todos los actos y cultos que celebra ésta cofradía. Con forma de cruz latina, consta de una sola nave rematado el crucero en una cúpula sobre pechinas. La fachada es de ladrillo prensa, el mismo utilizado en la construcción del Ayuntamiento. Consta de cuerpo central y dos laterales rematados con sendas espadañas donde se alojan las campanas.
A continuación detallamos brevemente cómo se construyó y cómo ha ido transformándose hasta ser como es a día de hoy. La Cofradía se fundó en el año 1596 en el antiguo convento de San Agustín, cuya iglesia es hoy el archivo municipal. En esta sede residió durante los primeros 75 años de su historia, en relaciones por lo general, bastante poco amistosas con los religiosos. Se sabe que era deseo de la Cofradía adquirir terrenos para construirse una iglesia propia, pero la precariedad económica y la dificultad de encontrar unos solares en el centro de la ciudad, hicieron la gestión muy difícil.
En el año 1627, Andrés de Cabezón, vecino y regidor de Valladolid, ofreció unos solares que poseía en la zona de la Rinconada junto a otros que tenía la cofradía para que ésta pudiese edificar en ellos su templo, obra a la que ayudaría económicamente a cambio de ser nombrado patrono. Otros personajes más o menos ligados a la hermandad cedieron terrenos colindantes a los de Cabezón.

( Nuestro Padre Jesús Nazareno ) (*)
No es, sin embargo, hasta noviembre de 1663, en que se lleva a cabo la limpieza del solar y se levantan algunas tapias previas a la obra. El por entonces alcalde de la cofradía, Francisco Herrero, expuso su deseo de que las obras de la iglesia comenzasen a la mayor brevedad posible, puesto que las otras cuatro penitenciales de la ciudad tenían templo propio donde celebrar sus misas y de donde salían sus procesiones.
No se conoce la fecha exacta del comienzo de las obras, pero sabemos que en septiembre de 1665 se habían hecho gran parte de los cimientos. A partir de este momento, el procedimiento habitual para sufragar los gastos de la construcción de la iglesia fue la de reservar el cargo de alcalde a cambio de un donativo generoso, aunque se conocen también casos en que, siendo nombrado alcalde un hermano, éste rechazaba el puesto, compensando a la cofradía con el correspondiente cargo económico para la realización de las obras. Debido a estas reservas, podemos seguir en cierto modo el transcurrir de las obras, puesto que en los libros de actas se especificaba la cantidad y el fin concreto para el que se aplicaba el donativo. En el año 1673 debieron aparecer dificultades económicas, puesto que el cofrade Francisco García ofreció hacer una ermita si se le entregaban 1500 reales, aprovechando la portada y alguno de los muros laterales ya construidos, puesto que entendía que no iba a poder concluirse la obra en su totalidad. Pero el Obispado ordenó que se construyese la iglesia como estaba dispuesto en anteriores cabildos. Esto nos da la idea del deseo que se tenía en el seno de la cofradía de independizarse de los agustinos y de la impaciencia que surgía por la lentitud con que, en algunos periodos de tiempo, se desarrollaban las obras.

( Santo Cristo de la Agonía ) (*)
El 5 de enero de 1675, Vicente de Salcedo dio 700 reales para ayudar a cubrir la iglesia, por tanto suponemos que por esas fechas ya se estaban comenzando las obras en la cubierta del templo. El 3 de abril de 1676, Viernes Santo, salió la procesión de la cofradía desde el convento de San Agustín y regresó a la iglesia de Jesús Nazareno, quedando en ella todos sus pasos y enseres, siendo alcaldes de la misma Claudio Pita de Andrade Montenegro y Andrés de Medina.
En noviembre de 1686 la cofradía vuelve a embarcarse en una obra de importante envergadura, ya que encargó al maestro José Gómez la construcción de la sacristía, quien la terminó a finales del año siguiente. El 1 de junio de 1691 se manifestó en un cabildo que las bóvedas corrían riesgo de derrumbe, por lo cual era preciso proseguir la obra y buscar los fondos para ello. Esto nos puede dar la idea de que a pesar de estar inaugurada, aún no había sido terminada por completo. En junio de 1693 se concluyó la primera parte de la obra. El 27 de junio del año siguiente se acordó reanudar las obras hasta su conclusión definitiva, para lo cual habría de trasladarse la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno hasta la iglesia de Santiago, lo que se realizó el 30 de junio de este año 1694, quedando la penitencial de Jesús cerrada al culto.
El 23 de noviembre de 1695 se celebró un cabildo para tratar sobre la construcción de la sacristía y casa del capellán, adjudicándole el encargo a Pablo Mínguez. Por tanto, suponemos que la anterior realizada por José Gómez era provisional. Esta nueva sacristía es la que conservamos aún hoy.
El 2 de marzo de 1696, Bernardo Jiménez presentó un estudio detallado sobre las obras que aún quedaban por realizarse para la conclusión de la iglesia, que eran “la parte superior y cerramiento, consistente en la cornisa, cañones y bóvedas, además de otras menos importantes, como revoco de fachada y dos nichos o huecos en los muros laterales para colocar las imágenes de la Soledad y del Cristo del Despojo”. En junio del año siguiente la imagen de Ntro. Padre Jesús Nazareno vuelve a su iglesia, terminadas ya todas las obras.

( Santo Cristo del Despojo) (*)
Avanzado el siglo XVIII se realizó una nueva obra en la iglesia: el camarín. El mismo Bernardo Jiménez había indicado la necesidad de la realización de esta obra, pero fue finalmente Pablo Mínguez el que la llevó a efecto. Sin embargo, la relación entre éste y la cofradía fue poco amistosa, entrando en pleitos por problemas de pagos y de incumplimientos de plazos respectivamente. Así, la cofradía prescindió de los servicios de Mínguez para las mejoras de la obra del camarín y se las encargó al maestro Manuel Marcos.
Posteriormente se construyeron dos casas adyacentes a la iglesia; una, en el lado de la epístola, para el capellán, concluida a finales de 1721; la segunda, junto a la sacristía, construida por José Fernández entre 1734 y 1735, y que se componía de una habitación para el sacristán y un entresuelo para la sala de cabildos, pintada por Ignacio de Prado. Así, y con pequeñas obras de retejado, llegamos al año 1800, cuando el incendio del retablo del Cristo del Despojo, situado en el lado de la epístola, obligó a cerrar la iglesia al culto y realizar algunas obras de reparación de los daños causados por el fuego. Las obras comenzaron en junio de dicho año y terminaron en noviembre, abriéndose de nuevo al culto el día 16 del citado mes.
Las obras consistieron en la sustitución del retablo incendiado por uno nuevo, blanqueo del crucero y la decoración de las pechinas a cargo del pintor Leonardo Araujo, quién pintó en ellas cuatro ángeles con los atributos de la pasión, pinturas que se conservan intactas hoy en día. En estos años, y a medida que se adentraba el siglo XIX, las cofradías se iban empobreciendo, no pudiendo sufragar más gastos que los imprescindibles para la conservación de sus templos.
En estas condiciones, en el año 1858 se decide entarimar el suelo de la iglesia, gracias a las ayudas económicas de las comisarías pertenecientes a los titulares de la cofradía. Para dicha reforma, la imagen de Jesús Nazareno volvió a trasladarse a la parroquia de Santiago, esta vez junto a la Virgen de la Soledad.
En 1876 el arquitecto municipal denuncia el mal estado del cuerpo voladizo de la calle del Peso, y el depositario de la cofradía, Gabino Rojo Estalayo manifestó la incapacidad económica de la cofradía para llevar a efecto la reparación, por lo cual el Ayuntamiento traspasó la responsabilidad al párroco de Santiago. Por este motivo, durante los años siguientes, aparece dicho párroco representando a la cofradía en los temas económicos”.
Sigue el artículo relatando la reforma de 1885, que es cuando la iglesia sufre su más profunda modificación, a consecuencia de las reformas urbanísticas que se produjeron en el entorno de la Plaza Mayor de Valladolid, pero no lo reproducimos ya que Urueña ya explicó esta reestructuración en el texto precedente. En cambio nos parece de interés reseñar la historia de la imagen titular de la Iglesia, para lo que seguimos la web nazarenovalladolid.com, que incluye también la de las restantes tallas de las que es propietaria la cofradía.
Bajo el título “Ntro. Padre Jesús Nazareno” reproduce esta web el siguiente texto de Javier Burrieza Sánchez, “Todos los pasos, todas las pasiones”, publicado por El Mundo. “Resulta complicado enunciar una cronología y autoría aceptada para esta imagen de devoción. El primer titular de la cofradía pudo ser el actual “Nazareno” del paso “Camino del Calvario” que alumbra la Cofradía del Santo Cristo del Despojo., vinculado en su cabeza y sus manos a Pedro de la Cuadra hacia 1600, aunque el cuerpo pudo ser realizado posteriormente en 1620. La hipótesis es que este escultor tallase en madera las partes vitales, para una imagen de vestir, en los primeros momentos de la cofradía y que, tras la generalización de los pasos en madera, fuesen encajadas en un cuerpo realizado por un discípulo de Gregorio Fernández. Pero cuando esta cofradía buscó su independencia del convento de San Agustín, en el cual había nacido, y tuvieron que entregar sus imágenes procesionales a los frailes, fue menester encargar una nueva talla del “Nazareno” en 1676 siguiendo el modelo del anterior, que es ésta que contemplamos.
Aparece, pues, Cristo con la cruz a cuestas, camino del Calvario, derribado por el peso de la misma, con unas rodilla en tierra y con el brazo y la mano que desean apaciguar la caída. La autoría de esta talla se encuentra actualmente relacionada con los Rozas aunque tampoco se ha descartado a Juan Antonio de la Peña, hipótesis muy valorada pues en aquellos años este cofrade-escultor había realizado algunas importantes tallas. Sabemos que ésta del Nazareno salía vestida en los primeros años del siglo XVIII con una túnica morada, costumbre que continuó hasta hace ochenta años. La túnica de madera contiene pliegues muy quebrados, con estofado realizado en el año 1927 por Mariano García Maestro.”
Del Santísimo Cristo de la Agonía se explica que se trata de “un Cristo vivo, a punto de morir, destinado por la cofradía al llamado “paso grande” de la Crucifixión. Eran aquellos momentos conflictivos para los cofrades que intentaban desvincularse de los frailes agustinos, en cuyo convento había nacido la cofradía. Religiosos que, por vía judicial, obligaron a reproducir algunas de las principales tallas de sus pasos procesionales, al considerar que las originales eran de su propiedad. Su autor, “Juan Antonio de la Peña es considerado entre los más destacados escultores del último tercio del siglo XVII, siguiendo la estela de lo realizado principalmente por Gregorio Fernández. También era gallego de nacimiento, procedente del obispado de Mondoñedo. Venía trabajando en distintas obras relacionadas con los colegios de jesuitas, en el polémico relicario de Villagarcía o en alguno de los retablos del Colegio de Ingleses. Para éste “de la Agonía” siguió el modelo fernandino que podemos hoy contemplar en el paso “Sed Tengo” –la desamortización y el Museo reunió a las antiguas tallas que componían la escena hasta el pleito con los agustinos-”. La imagen data del año 1684.
En cuanto al Santo Cristo del Despojo, explican que esta talla fue realizada en el año 1801 por el imaginero Claudio Cortijo, se encargó para formar parte del paso de “El Despojo” tras la desaparición de la imagen original en el incendio que afectó al retablo de dicha imagen en el año 1799”.
La próxima semana seguiremos con Urueña la historia y anécdotas de otra iglesia penitencial, la de la Pasión hoy convertida en sala municipal de exposiciones, en la calle del mismo nombre.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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