“Nuevas tecnologías y coherencia cristiana”, de J.C. Vásconez y R. Valdés, y “Claves de la crisis de Ucrania”, de Francisco J. Ruiz González

( Viñeta de Montoro en Libertad Digital el pasado día 5) (*)
NUEVAS TECNOLOGÍAS Y COHERENCIA CRISTIANA
Artículo de J.C. Vásconez y R. Valdés publicado en Opusdei.org el pasado día 24 de Febrero
La tecnología está cada vez más presente en el día a día de gran parte de la humanidad. El fácil acceso a teléfonos móviles y computadoras, unido a la dimensión global y a la presencia capilar de Internet, han multiplicado los medios para enviar instantáneamente palabras e imágenes a grandes distancias en pocos segundos.
De esta nueva cultura de comunicación se derivan muchos beneficios: las familias pueden permanecer en mayor contacto aunque sus miembros estén muy lejos unos de otros; los estudiantes e investigadores tienen acceso fácil e inmediato a documentos, fuentes y novedades científicas; por fin, la naturaleza interactiva de los nuevos medios facilita formas más dinámicas de aprendizaje y de comunicación que contribuyen al progreso social [1].
Se puede afirmar que, además del entorno físico en el que se desarrollan nuestras vidas, actualmente existe también un ambiente digital, que no se puede considerar ya simplemente «un mundo paralelo o puramente virtual, sino que forma parte de la realidad cotidiana de muchos, especialmente de los más jóvenes» [2].
La unidad de vida en el ambiente digital
Las nuevas tecnologías son fuente de grandes posibilidades. Amplían el conocimiento sobre distintos temas –noticias, métodos de trabajo, oportunidades de negocio, etc.–, de modo que se abren muchas opciones para la persona que debe decidir sobre variadas cuestiones; contribuyen a que la información se procese y actualice con rapidez, se difunda por el globo con facilidad, y esté disponible en cualquier sitio, quizás en el teléfono móvil que tenemos en la palma de la mano.
Para el cristiano, todas estas nuevas posibilidades se enmarcan en un ejercicio positivo de la propia libertad, que se configura así como «una fuerza de crecimiento y de maduración en la verdad y la bondad»[3]. Este ejercicio virtuoso lleva a actuar conforme a lo que cada uno es, con la autenticidad del que sigue una única vida, hecha de carne y espíritu, y ésa es la que tiene que ser –en el alma y en el cuerpo– santa y llena de Dios [4].
La llamada a la santidad da sentido a todas las obras de los bautizados y las unifica. Señala san Josemaría: No soportamos los cristianos una doble vida: mantenemos una unidad de vida, sencilla y fuerte en la que se funden y compenetran todas nuestras acciones [5]. No tenemos un modo de actuar en el “mundo virtual” y otro en el “mundo real”. La unidad de vida empuja a presentarse y moverse en el ambiente digital de un modo coherente a la situación personal, empleando todas las posibilidades para cumplir mejor los deberes cotidianos con la familia, la empresa y la sociedad.
Por esto, cada uno ha de saber llevar consigo su propia identidad, que es una identidad cristiana, a los ambientes digitales [6]. Por otro lado, precisamente porque las nuevas tecnologíaspermiten obrar con cierto anonimato, e incluso crear identidades falsas, cabe el riesgo de transformarlas en un “refugio” que distrae de afrontar la innegable realidad que tenemos frente a nosotros: Dejaos, pues, de sueños, de falsos idealismos, de fantasías, de eso que suelo llamar mística ojalatera –¡ojalá no me hubiera casado, ojalá no tuviera esta profesión, ojalá tuviera más salud, ojalá fuera joven, ojalá fuera viejo!…–, y ateneos, en cambio, sobriamente, a la realidad más material e inmediata, que es donde está el Señor [7].
El ambiente de lo digital se configura hoy en día como una “extensión” de la propia vida cotidiana, y será lógico que sea también un lugar de búsqueda de la santidad y de apostolado, pues también influimos en los demás al actuar en la red. Esto es especialmente importante para quienes, quizá por su cargo o posición, cuentan con cierto ascendiente sobre otros: por ejemplo, los padres de familia, profesores, dirigentes, etc.
Desenvolverse con autenticidad cristiana implica para el cristiano obrar de tal manera que quienes le traten perciban el bonus odor Christi (cfr. 2 Cor 2, 15), el buen olor de Cristo [8] de tal modo que a través de las acciones del discípulo, pueda descubrirse el rostro del Maestro [9]:también en el entorno digital.
Vivir las virtudes y ser almas de criterio
Evidentemente, el uso de las nuevas tecnologías depende de la situación de cada persona (edad, profesión, entorno social), de sus posibilidades y conocimientos. No todos están llamados a usarlas, y no por esto se verán con recelo. Cabría comparar las habilidades informáticas con conducir un coche: aunque no es indispensable que todos sepan hacerlo, sí es muy útil que algunos cuenten con esta destreza.
En este sentido, se han ido desarrollando ciertas habilidades específicas y modos adecuados de comportamiento para transitar en el ambiente digital. De hecho, en varios sitios se está creando una legislación sobre el uso de los medios informáticos, en vista de la repercusión que tienen en el bien común. Contribuyen al bien integral de la persona cuando facilitan el despliegue de las virtudes cristianas y el respeto de la ley moral. Así, progreso técnico y formación ética irán a la par, de modo que seamos fortalecidos en el hombre interior [10], que se caracteriza por utilizar dichos medios con libertad y responsabilidad.
Para gestionar con prudencia las nuevas tecnologías, además de contar con un mínimo de conocimientos técnicos, es necesario discernir sus posibilidades y los riesgos que conllevan. Esto implica tener presente, por ejemplo, que todo lo que se hace en la red (escribir un correo electrónico, hacer una llamada telefónica, enviar un sms, colgar un post, etc.), no es algo completamente privado; otros pueden leer, copiar o alterar esos contenidos, y puede ser que nunca conozcamos quiénes lo hicieron ni cuándo.
Adicionalmente, será necesario que el usuario fomente una actitud reflexiva para utilizar con eficacia las numerosas posibilidades informáticas que se le presentan. Con frecuencia, al imperativo ético “si debes, puedes”, los intereses comerciales proponen lo opuesto: “si puedes, debes”. La prudencia lleva a relativizar el sentido de urgencia con que a veces se nos presentan algunas noticias u ofertas comerciales, y a tomar el tiempo necesario para que las decisiones en el “mundo virtual” correspondan a las necesidades reales. Se trata, en el fondo, de procurar el crecimiento en el ser, y no soloen el tener, pues también a los recursos informáticos se aplica aquella advertencia de Jesucristo: ¿de qué le sirve al hombre haber ganado el mundo entero si se destruye a sí mismo o se pierde? [11]
En cierto sentido, las nuevas tecnologías regalan mundos de información, noticias, contactos, y cada uno tendrá que reflexionar sobre cómo, en sus circunstancias, puede servirse de estos recursos de una manera positiva, sin que su uso le haga perder el dominio de las propias acciones. En cualquier caso, hay que desechar aquella «idea de la autosuficiencia de la técnica, cuando el hombre se pregunta sólo por el cómo, en vez de considerar los porqués que lo impulsan a actuar» [12].
Sin embargo, no bastaría con seguir una “lista de reglas” o de “criterios” que probablemente quedaría superada al poco tiempo, en un ámbito en continua evolución. Son útiles tales reglas, pero el ideal es conseguir que el uso de las nuevas tecnologías redunde en la mejora integral de la persona.
Por esto, resulta más importante –y es más atractivo– centrar los esfuerzos en adquirir buenos hábitos: en definitiva, virtudes. Quien ha desarrollado un “estilo” virtuoso de utilizar los aparatos electrónicos y las redes, sabe adaptarse con facilidad a los cambios, y discernir las ventajas y riesgos de los avances informáticos a la luz de su vocación cristiana. Retomando unas palabras de san Josemaría, podríamos decir que también aquí el ideal es convertirse en un alma de criterio [13].
Un nuevo campo para la formación
De ordinario, no se aprende a conducir un coche solo: es necesario pasar tiempo con algún familiar o instructor, que da consejos y señala los peligros en la carretera. Algo similar ocurre en el uso de las nuevas tecnologías: notamos la importancia del acompañamiento de los demás, especialmente si quien empieza a utilizarlas es joven. Es deseable que adquiera cierta independencia –como el conductor, que algún día tendrá que moverse solo en el coche–, y para eso hace falta una auténtica labor educativa: «Vivimos en una sociedad de la información que nos satura indiscriminadamente de datos, todos en el mismo nivel, y termina llevándonos a una tremenda superficialidad a la hora de plantear las cuestiones morales. Por consiguiente, se vuelve necesaria una educación que enseñe a pensar críticamente y que ofrezca un camino de maduración en valores» [14].
Es lógico, por lo tanto, que en los distintos centros educativos se preste creciente atención a la formación en el uso virtuoso de los medios informáticos. Esta tarea no se limita a alcanzar la simple “alfabetización tecnológica” o dar los últimos avances, sino que mirará a que los chicos desarrollen esos hábitos morales para que los utilicen con criterio, aprovechando el tiempo.
La formación no termina con la juventud: en todas las edades será natural apoyarse en el consejo de gente con mayor experiencia, familiares y amigos. Después de todo, estamos ante una “extensión de la vida cotidiana”, que compartimos con las demás personas. Por ejemplo, muchos encuentran en la dirección espiritual personal un buen momento para estudiar juntos los horarios en que se utiliza internet o las redes sociales, cómo enfocar algún problema o malentendido que haya surgido al emplearlos, qué iniciativas apostólicas se podrían hacer en ese campo.
En los siguientes editoriales trataremos en profundidad sobre el empleo virtuoso de las nuevas tecnologías. Se abordarán hábitos y actitudes que, por el carácter de estos medios, son especialmente oportunos: templanza, estudio, recogimiento. Además, como muchas relaciones personales hoy pasan habitualmente por el ambiente digital, también se prestará atención a las virtudes más relacionadas con la sociabilidad, que permiten cumplir la meta que san Pedro señala a los cristianos de estar siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza [15].
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[1] Cfr. Benedicto XVI, Mensaje para la xliii Jornada mundial de las comunicaciones sociales, Nuevas tecnologías, nuevas relaciones, 24 de mayo de 2009.
[2] Benedicto XVI, Mensaje para la XLVII Jornada mundial de las comunicaciones sociales, Redes Sociales: portales de verdad y de fe; nuevos espacios para la evangelización, 24 de enero de 2013.
[3] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1731.
[4] Conversaciones, n. 114.
[5] Es Cristo que pasa, n. 126.
[6] Francisco, Discurso al Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, 21 de septiembre de 2013, n. 2.
[7] Conversaciones, n. 116.
[8] Es Cristo que pasa, 105.
[9] Ibid.
[10] Ef 3,16.
[11] Lc 9,25.
[12] Benedicto XVI, Enc. Caritas in veritate, 29 de junio de 2009, n. 70.
[13] Camino, Al lector.
[14] Francisco, Ex. Ap. Evangelii gaudium, 24 de noviembre de 2013, n. 64.
[15] 1 P 3,15.
CLAVES DE LA CRISIS DE UCRANIA
Artículo de Francisco J. Ruiz González publicado en Aceprensa el pasado día 14 de Febrero
La crisis ucraniana no se reduce a un conflicto entre unos demócratas nacionalistas y prooccidentales, que están con el pueblo, y unos prorrusos autoritarios y sumisos a Moscú. La situación y sus orígenes es más compleja que una historia de buenos y malos, como explica Francisco J. Ruiz González, especialista en seguridad internacional, en un documento publicado por la Fundación Ciudadanía y Valores, del que ofrecemos un extracto.
El caso de Ucrania es realmente único. En primer lugar, por su muy limitada tradición como Estado independiente hasta el desmembramiento de la Unión Soviética en 1991. En segundo lugar, por tener unas fronteras más que discutibles desde un punto de vista histórico. En tercer lugar, por su diversidad étnica, religiosa, y las acusadas diferencias entre regiones. Por último, porque transcurridas más de dos décadas desde la independencia, el gobierno de Kiev no ha acabado de definir su modelo de política exterior, con frecuentes cambios de rumbo que han hecho percibir a Ucrania como un socio poco fiable.
Esto se ha puesto nuevamente de relieve tras la negativa del presidente Yanukóvich a firmar el acuerdo de asociación y libre comercio con la Unión Europea (UE), decisión anunciada tan solo una semana antes de la cumbre de la Asociación Oriental de Vilnius del pasado noviembre. Este hecho, unido a los acuerdos con Rusia del 17 de diciembre y a las leyes represivas aprobadas en enero –y luego anuladas–, ha provocado una crisis política cuyo resultado aún está por determinar, ya que continúan los desórdenes masivos en medio de una creciente tensión entre Occidente y Rusia.
Por otra parte, esta crisis ha sido tratada informativamente de un modo simplista, debido a un limitado conocimiento de la complejidad del país. En este documento se intentará profundizar en sus verdaderas causas, para mostrar que no todo es blanco o negro (demócratas contra dictadores, europeístas frente a prorrusos, etc.), sino que el escenario presenta muchos más matices, y que una intervención irreflexiva de los actores externos puede llegar a provocar un conflicto de consecuencias imprevisibles para el conjunto del continente.
El presidente Yanukóvich impulsó las negociaciones para entrar en la UE, objetivo que tiene apoyo popular mayoritario en todas las zonas del país
Los restos de la Revolución Naranja
En las elecciones presidenciales de octubre de 2004 Rusia apoyó abiertamente al protegido político de Kuchma, Víktor Yanukóvich, que derrotó a Víktor Yúschenko en unos comicios marcados por múltiples irregularidades. Las subsiguientes revueltas populares, bautizadas como la Revolución Naranja, obligaron a la repetición de las elecciones en diciembre de 2004, en las que triunfaron los supuestos reformistas.
Los líderes naranjas intentaron consolidar su posición respaldando militarmente a EE.UU. (en Irak y Afganistán) y solicitando su ingreso en la OTAN. Ese giro radical hacia Occidente encendió todas las alarmas en Moscú, que comenzó a endurecer su postura.
La euforia reformista de 2004 tuvo un corto recorrido, ante el declive económico, la rampante corrupción, y las crisis políticas que presidieron el primer año de Yúschenko en el poder. En las legislativas de marzo de 2006 , el Partido de las Regiones de Viktor Yanukóvich resultó vencedor con el 30% de los sufragios.
Al convocarse las elecciones presidenciales de 2010, los líderes de la Revolución Naranja habían dilapidado gran parte de su capital político por culpa de sus disputas internas y de una gestión económica desastrosa; además habían fracasado en el órdago (o huida hacia adelante) de intentar integrar por la vía rápida a Ucrania en las instituciones euroatlánticas, como la OTAN o la UE. Yanukóvich resultó ganador con un 48,95% (frente al 45,47% de Timoshenko).
Yanukóvich tensa la relación con Rusia
Una de las primeras medidas de Yanukóvich fue promover una nueva Ley de “Principios de la política interior y exterior de Ucrania”, aprobada por la Rada el 3 de junio de 2010, por la que se establecía un estatus de país neutral.
La entrada en la OTAN o en la OTSC [Organización del Tratado de Seguridad Colectiva, liderada por Rusia] supondría una grave fractura en el país, como lo prueban las sucesivas encuestas de opinión:
— En un referéndum sobre el ingreso de Ucrania en la OTAN, en 2011 un 19,1% votaría a favor (en 2005 era un 16%) y un 58,5% en contra (en 2005 un 61,4%). Por regiones, solo en el oeste ganaría el sí (un 44,2% frente al 25,2%), mientras que los votos en contra serían de un 48,6% en el centro, un 72,7% en el sur, y un aplastante 81,6% en el este (donde votaría a favor solo un 4,4%).
— A la pregunta “¿Debería Ucrania ingresar en la UE?”, un 56,3% dice que sí (40,7% en 2005), y un 25,2% que no (34,2% en 2005). Por regiones, el sí ganaría en todas, pero con grandes diferencias de unas zonas a otras (oeste: 74,8% contra 9,8%; este, 39,9% contra 37,9%).
La integración en la UE se estableció por tanto como un objetivo prioritario para Ucrania. El camino hacia la UE pasa por el “Acuerdo de Asociación”, que incluye tres bloques (comercio de bienes, comercio de servicios, y normativa comercial).
Es en las relaciones con Rusia en las que se produjo un mayor cambio con la nueva presidencia. En abril de 2010 se firmó un acuerdo por el que se prolonga la cesión de la base naval de Sebastopol por 20 años más. A cambio, Ucrania recibiría un descuento del 30% en el precio del gas suministrado por Rusia. La energía se convierte de ese modo, una vez más, en una de las claves de la relación bilateral. Desde abril de 2010 Rusia ha insistido en una fusión de Gazprom y Naftogaz (que en realidad sería una absorción, ya que el volumen de la corporación ucraniana no llega al 7% del gigante ruso), y se ha ofrecido a invertir masivamente en la imprescindible modernización del sistema ucraniano de transporte de gas. A su vez, Rusia ha diversificado sus rutas de exportación a la UE, sin pasar por Ucrania, lo que le permite negociar desde una posición de fuerza.
El acuerdo de asociación con la UE habría sido desventajoso para Ucrania, pues lo que perdería en comercio con Rusia no se compensaría con el acceso al mercado europeo
Sin embargo, el presidente Yanukóvich se opuso a los planes de Rusia, básicamente porque defiende los intereses de la élite industrial del Bajo Don a la que pertenece. Por ello se fue reduciendo la importación de gas ruso por debajo de los 42 bcm [miles de millones de metros cúbicos] mínimos fijados por contrato: 40 bcm en 2011, 27 bcm en 2012, y 24,5 bcm en 2013. Además, se pretende que Gazprom pague por mantener los depósitos de gas en Ucrania que garantizan el servicio a la UE durante los picos de consumo en invierno.
Un acuerdo desventajoso con la UE
El detonante de la actual crisis fue la decisión de Yanukóvich de anular la firma del acuerdo de asociación con la UE. La cuestión se puede resumir en que Ucrania exporta anualmente bienes por valor de unos 17.000 millones de dólares a la UE y una cantidad similar a Rusia. Sin embargo, en el primer caso más de 5.000 millones corresponden a productos agrícolas y solo 2.000 millones a productos manufacturados, mientras que Rusia importa más de 7.000 millones de materiales producidos por la industria pesada del este de Ucrania.
Si Ucrania levantase sus barreras comerciales con la UE, Rusia se vería obligada a proteger a su economía de la entrada masiva en su mercado de productos europeos, como se encargó de recordar Putin a Yanukóvich pocos días antes de su decisión. La producción industrial de Ucrania perdería su mercado principal, lo que no se vería compensado por un aumento de las exportaciones agrícolas a la UE, por el proteccionismo de la Política Agraria Común.
UN PAÍS DIVIDIDO
La población de Ucrania se divide en un 77,8% de ucranianos, un 17,3% de rusos, y grupos minoritarios. Pero además de esas diferencias étnicas, es importante reseñar la división idiomática, ya que el 24% de los ucranianos declaran el ruso como su lengua materna (un porcentaje mayor que el étnico), a pesar de lo cual el ucraniano es la única lengua oficial del Estado y la única que se utiliza en la enseñanza; y la división religiosa, con un 50,4% de ortodoxos del Patriarcado de Kiev, un 26,1% de ortodoxos del Patriarcado de Moscú, un 8% de la Iglesia católico-oriental, y un 7,2% de ortodoxos de la Iglesia ucraniana independiente.
En lo referente a la estructura política, el Partido de las Regiones del actual presidente Yanukóvich es la fuerza mayoritaria. El principal partido de la oposición es Tierra Patria, cuya líder Yulia Timoshenko cumple una condena de siete años de cárcel. Otras formaciones son UDAR, liderada por el ex boxeador Vitali Klitschkó, el Partido Comunista (que apoya a Yanukóvich), y los ultranacionalistas de Libertad, procedentes de las regiones occidentales.
El respaldo a cada fuerza política no es uniforme en el conjunto del país. Grosso modo, la mayor implantación del considerado rusófilo Partido de las Regiones es en el este y sur del país, mientras que el mayor apoyo a la oposición considerada prooccidental es en el centro y oeste. La polarización es total votación tras votación, como lo prueban las elecciones presidenciales de 2010, en las que Yanukóvich superó el 90% de los sufragios en Donetsk, y Timoshenko hizo lo propio en Lviv.
Por tanto, Ucrania es un país profundamente dividido en dos, lo que representa su principal debilidad geopolítica y la mayor amenaza a su futuro como Estado:
— El oeste y el centro: con niveles de renta más bajos; mayor peso de la agricultura; étnica y lingüísticamente ucranianos; de religión católico-uniata u ortodoxa del Patriarcado de Kiev; que votan a los partidos actualmente en la oposición; y orientados hacia Occidente.
— El este y el sur: con niveles de renta más altos; mayor peso de la industria; abundancia de rusos étnicos; uso mayoritario del idioma ruso; de religión ortodoxa del Patriarcado de Moscú; que votan al Partido de las Regiones; y orientados hacia Rusia.
Frente a las nulas garantías por parte de la UE del respaldo económico necesario para adaptar la economía ucraniana a los estándares europeos, Moscú ofreció ventajas claras a Kiev con la firma de los acuerdos del 17 de diciembre. Además de un crédito de 15.000 millones de dólares (que Rusia resaltó que es sin condiciones similares a los recortes sociales que reclama el FMI, ni contraprestaciones como la entrada de Ucrania en la Unión Aduanera [formada por Rusia, Bielorrusia y Kazajstán]), la principal medida es la bajada del precio del gas de 405 a 268,5 dólares por cada 1.000 m3, que se podría consolidar en función de los acuerdos a largo plazo de cooperación estratégica.
Se produjo entonces un impasse durante el que las manifestaciones callejeras parecían perder fuerza, hasta que el 16 de enero la Rada aprobó a iniciativa del presidente un paquete legislativo orientado a reprimir las protestas, con medidas como la prohibición de llevar la cara tapada o de distribuir panfletos antigubernamentales. Se trató de un importante error de cálculo, y sirvió de excusa para que los grupos más radicales de la oposición atacaran, con una violencia inusitada, diversos edificios oficiales tanto en Kiev como en las regiones occidentales.
Lo que no se debe pedir a Ucrania
En un discurso el 19-09-2012 ante el “Centro para las relaciones EE.UU.-Ucrania”, el subsecretario de Estado Philip Gordon afirmaba que: “Ni hemos pedido ni pediremos a Ucrania que elija entre oeste y este, entre Estados Unidos y Rusia. Esa es una falsa elección que ignora la geografía e historia de Ucrania. En su lugar, queremos una Ucrania fuerte y estable que logre su propio objetivo de integración en Europa y disfrute de unas relaciones más próximas con todos sus vecinos. EE.UU. ha luchado bajo la Administración Obama para mejorar sus relaciones con Rusia. No esperamos del gobierno de Ucrania que haga algo distinto”.
En ese breve párrafo se sintetizan muchas de las claves de la actual crisis, ya que la receta de Gordon es exactamente lo contrario a lo realmente aplicado en los últimos meses, al plantear la firma del acuerdo de asociación como un todo o nada por el que su firma representaba una victoria para la UE y una derrota para Rusia, en un absurdo juego de suma cero que en realidad no beneficia a ninguna de las partes. Por mucho que la adopción del acervo comunitario represente una ventaja a largo plazo para Ucrania, a corto y medio plazo el impacto en su economía de la firma del acuerdo de asociación habría sido demoledor.
Además, la UE no está precisamente en condiciones de financiar esa dura adaptación, y la inexistencia de un compromiso de futura entrada como miembro de pleno derecho dificultó aún más la decisión ucraniana. Según Europa, es el Fondo Monetario Internacional el que habría aportado el crédito necesario para evitar el default de Ucrania en 2014, pero para hacerlo exigía la revisión del sistema de pensiones y la subida del precio del gas en el mercado doméstico, algo inasumible para Kiev.
Por otra parte, los Estados miembros tampoco han sido capaces de suavizar el régimen de visados, reafirmando la impresión entre algunos ucranianos de que la UE es una fortaleza que les rechaza, y han insistido hasta la saciedad en la liberación de Yulia Timoshenko como condición previa a cualquier acuerdo, humillando así a un Estado soberano que afirma que ha sido su poder judicial, en una correcta interpretación de la ley, el que tomó la decisión de encausar a la ex primera ministra.
Mientras tanto Rusia ha aplicado una política mucho más sutil, con una combinación de palo y zanahoria. Por una parte ha utilizado constantemente una retórica de fraternidad hacia una nación considerada hermana y perteneciente a una civilización común, además de abrirle las puertas de par en par a las iniciativas integradoras del espacio postsoviético, poniendo de relieve los beneficios que representaría para la economía ucraniana la entrada en la futura Unión Euroasiática.
Pero, además, Moscú no ha dudado en mostrar a Kiev las consecuencias que hubiese tenido la firma del acuerdo con la UE, cerrando ocasionalmente las fronteras a las exportaciones ucranianas.
Qué pueden hacer Rusia y la UE
Llegados a este punto, ¿cuáles pueden ser las soluciones al conflicto? A nivel interno, Yanukóvich ha llegado al límite de lo que puede conceder, por lo que la posición más sensata para la oposición liberal (Tierra Patria y UDAR) sería el entrar en un nuevo gobierno de concentración nacional con el Partido de las Regiones. Por lo que respecta a los nacionalistas radicales de Libertad, su cooperación con ese gobierno y su desmarque de la violencia extrema de los manifestantes que cercan la Rada sería la prueba del algodón de su legitimidad democrática.
Por su parte, Rusia no debe presionar a Ucrania para atraerla a la Unión Aduanera, en primer lugar porque eso aumentaría las tensiones internas en este país, y en segundo lugar porque supondría una carga enorme para las mermadas arcas del Kremlin. El nivel de integración entre ambas economías es muy alto, y puede ser aumentado en el futuro, lo que representa la mayor garantía para Moscú de que sus intereses serán tenidos en cuenta en cualquier decisión que tome Kiev.
Por último, es la Unión Europea la que debe modificar notablemente sus políticas para atajar la crisis y recomponer las relaciones con Rusia. De entrada, Bruselas debe exigir a la oposición liberal que se desmarque de los grupos violentos, y condenar el asalto a las sedes oficiales con la misma rotundidad que lo hizo con la intervención policial.
Por otro lado, se debe evitar la intervención en el proceso político interno de Ucrania en contra del poder legítima y democráticamente constituido, que solo puede ser sustituido en las urnas y no en la calle. Para ello se debe desmarcar del cambio de régimen que parece buscar Washington, y declarar solemnemente que no existe otra solución para la crisis más que la negociación política.
Y en lo relativo a Rusia, se debe dejar de boicotear las iniciativas de integración del espacio postsoviético, ya que en realidad representan una garantía de estabilidad en regiones como el Cáucaso Sur o el Asia Central de la que la propia Europa se beneficiará. Aunque la visión de Putin de unificar algún día la más madura Unión Europea y la incipiente Unión Euroasiática sea de momento una quimera, sería más que deseable el armonizar en lo posible ambos procesos.
Eso permitiría a Kiev articular su proyecto como nación, aún indeciso tras 22 años de independencia, sin obligarla a decidir “o con la UE o con Rusia”. La alternativa a un espacio común de prosperidad y seguridad que abarque del Atlántico a Vladivostok es, para Ucrania, un escenario de enfrentamiento civil y de previsible ruptura en dos del país, con el oeste y el centro bajo la influencia de un remedo del imperio polaco-lituano de los Jagellón, y el este y sur reunificados con la madre patria Rusia.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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