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Manuela de Luna

Tres foramontanos en Valladolid 06 Abr 2014 - 07:22 CET
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Por Javier Pardo de Santayana

( La rendición de Bailén. 1864. Óleo de José Casado del Alisal en el Casón del Buen Retiro, Madrid. Pintura.aut.org) (*)

Todos los españoles saben quiénes fueron D. Luis Daoiz y D. Pedro Velarde, símbolos del levantamiento nacional contra las tropas de Napoleón. En Malasaña un sencillo monumento les recuerda; eso sí, vestidos como de héroes griegos y no como lo que realmente eran, esto es, capitanes del Real Cuerpo de Artillería. Afortunadamente la presencia de un cañón pone las cosas en su sitio.

Menos conocidos son otros muchos héroes artilleros que dieron su vida por España. De los episodios que éstos protagonizaron me conmueve especialmente la serenidad ante la muerte de Royo y de Guiloche, heroicos defensores de la posición de Sidi Ahmed el Hach, quienes, cuando, ya superadas las defensas, los atacantes entraban en la posición, intercambiaron aquellas frases tan sencillas que a mí me parecen sobrecogedoras: «Ha llegado la hora de morir». «Vamos allá».

Muchos artilleros dieron así testimonio de que su servicio a España no era una bella intención sino una determinación que no tendría límites de generosidad. Pero hoy, en este blog, me referiré a un hecho que considero extraordinario: la irrupción en la la larga lista de héroes españoles de dos mujeres esposas de artilleros. Dado el escaso espacio que permite la humildad del blog no entraré a recordarles la figura de Agustina Zaragoza, más conocida por Agustina de Aragón, presente en los libros de historia y que dio argumento a una película de Juan de Orduña con Aurora Bautista de protagonista; que esto es ya cosa conocida. Me referiré a otro caso semejante, igualmente ubicado en el escenario de la guerra contra los ejércitos de Napoleón.

Manuela de Luna fue su nombre, y su cuna un pueblo sevillano: Fuentes de Andalucía, donde hoy tan sólo la recuerdan un humilde azulejo y una línea en la web municipal. Han pasado dos siglos para que su ejemplo de valor y abnegación llegara al conocimiento y reconocimiento del gran público por intermedio de un periódico escasamente inclinado a ensalzar héroes.

La periodista parte de un documento al parecer inédito que se conserva en el archivo de la casa ducal de los Medina Sidonia: una carta enviada al duque el 13 de mayo de 1809 desde Écija y que da cuenta de las hazañas de esta mujer digna de la mayor admiración: una madre y esposa cuyo valor mereció en su día el nombramiento oficial de capitana, su alistamiento en el ejército y el permiso para comer del rancho. Pero sobre todo, un premio al valor que luciría sobre su brazo izquierdo. Precisamente por este reconocimiento abogaba el remitente de la carta.

Ahora asómbrense: nuestra heroína acompañaba a su marido en el combate ayudándole a cargar su pieza, y lo hacía como si se tratara de un combatiente más. No estuvo quieta la mujer: participó nada menos que en las batallas de Bailén y de Tudela, y aun en Zaragoza, donde, ya en las últimas refriegas y viendo como volaban al marido la tapa de los sesos, envolvió éstos en un pañuelo sobre el pecho, puso a su hijo sobre el cadáver, y abrió fuego de cañón, que manejaba sin errar disparo según dicen. Hecho lo cual, esta joven de 22 años, que acababa de quedar viuda y de convertirse en único superviviente, tomó el fusil como solía, es decir, con la derecha, mientras asía al hijo recién parido con la izquierda. Y así siguió peleando otras doce horas con veinticuatro de ayuno acumulado. Mas ni siquiera quedaría ahí la cosa, puesto que, herida por una bala que la atravesó el cuello y la hizo caer en tierra, fue apresada por el enemigo. Luego logró escapar, y pese a haber merecido un buen pasar como anteriormente detallé, tuvo el coraje de solicitar que la volviesen a emplear en el combate.

Coincidirán conmigo, estoy seguro, en que ésta es la historia de una mujer extraordinaria; una heroína de primera clase, protagonista de hechos que jamás debieran ser relegados al olvido. Dice la autora de nuestro reportaje que quienes conservan tan interesante documento lo colgaron en la web pensando que alguien se interesaría por la historia; mas, incluso en tiempos como estos de exaltación femenina y de días especiales dedicados a la mujer trabajadora, pese a la proclamación a ultranza de la igualdad de sexos y de otras situaciones intermedias, siendo los matrimonios cada vez más frágiles y estando oficializados los pretextos para desembarazarse de los hijos inoportunos o molestos, urdidas historias falsas simplemente para romper España, y abundando una machacona propaganda de lo inútil, nadie hasta ahora que yo sepa decidió que estas proezas, avaladas al parecer por un documento fidedigno, merecieran un solo gramo de atención o un minuto de respetuoso homenaje del pueblo español.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://farm8.staticflickr.com/7155/13291611675_6213978030_o.jpg

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