Por Carlos de Bustamante

( Viñeta de Montoro en Libertad Digital el pasado día 26 de Marzo) (*)
No, no son dos títulos independientes. Aunque pudieran, es uno sólo. Como “mi improbable lector” habrá imaginado, se refiere al asombro del que suscribe ante la multitudinaria “marcha por…¡¡la dignidad!!”.
Como creo haber dicho en “Carta a un amigo” publicado en este mismo blog, lo mejor es lo contrario a lo peor. ¿O no? Pues si esto es cierto, tan cierto es que el desorden es lo contrario al orden. Verdades ambas que proceden del miembro de la Rae llamado… Perogrullo. Como perogrullada es que dos más dos suman cuatro y no tres. E idem que lo blanco no es negro, ni lo malo bueno. Como además del ínclito académico citado lo dice hasta, con perdón, el tonto del pueblo, lo damos por irrebatible y entramos en materia.
Por mayoría absoluta el pueblo español (que sí, que todavía algo queda de él) dio el “sí” al partido que formó nuestro actual gobierno. Con ánimos animosos éste se dispuso a la ardua tarea de enmendar en todos los frentes el desaguisado imperante en esta España de nuestros pecados. Ingenuos, creyeron en las cifras dadas por el desgobierno anterior del endeudamiento en las arcas del estado. No porque estuvieran vacías, sino porque tenían un saldo negativo (endeudamiento) de coeficiente “seis”. Cifra que traducida a dinero cantante y sonante era de una cantidad increíblemente elevada.
Así y todo y porque consideraron imposible realizar peor la gestión económica, trazaron un programa que convenció a los que noblemente los votamos. Depositamos en su programa toda la confianza. A medida que los responsables de los cargos recién nombrados se disponían a realizar la tarea prometida comprobaron con asombro desolado, que el dicho coeficiente “seis” de deuda, no era tal, ni los miles de millones eran los correspondientes al coeficiente heredado y creído por la palabra dada, supuesta como de honor y digna de crédito.
Pues no mis lectores amigos; el coeficiente y la cifra de miles de euros no era ésa, sino de “nueve”; tres puntos más de coeficiente; y de muy, muy cercano al ¡BILLÓN¡ de euros la deuda ¡real! Nada que ver con la supuestamente de honor palabra dada.
Ante la sorprendente y tristemente novedosa situación, los planes dichos en el programa electoral, hubieron de sustituirse por otros. Se impuso la verdad sobre la mentira; el honor sobre el deshonor; el orden sobre el desorden. Y todo ello aún a costa de una lógica pérdida de la ilusión puesta por los ciudadanos que habían concedido el voto a los ahora inviables planes proyectados por el nuevo Gobierno.
Fue el momento subrepticiamente esperado por los fracasados anteriores. El momento de general crispación, se produjo con algaradas populacheras contra todo y contra todos los tan vilmente engañados con las falsedades en cifras y palabras.
La astucia sibilina la ambigüedad ladina y la farsa de los derrotados irrumpieron en la escena política como salvadores de lo que con todos los epítetos dichos, ellos mismos provocaron. Toda ocasión era buena para fomentar la crispación ¡subvencionando para ello al populacho con los elevados impuestos de los españoles, para que fuera enfurecido e indignado a la protesta callejera! La astucia y ambigüedad, la farsa ladina, y la mentira sibilinamente camuflada, en la que son tristemente maestros, irrumpió con razón o sin ella por calles y plaza de cada ciudad o pueblo de España.
Me apena consignar que hasta muchos “de los de derechas de toda la vida”, también cayeron-ingenuos- en la trampa. Y sin queriendo, he de suponer, al protestar como ellos contra el gobierno engañado, de hecho cerraron filas con los antes y claramente definidos. Porque son todo eso de los epítetos y más.
¿Tendré que hacer o mías las palabras de don Quijote: “Más cosas aún veredes amigo Sancho”? Resultaría tan prolijo enumerar las cosas pasadas, que agotaría el espacio del artículo. Me referiré, pues, a la última con aclaración previa que aludirá a la primera parte del título. El que fuera cuasi imberbe Caballero Cadete en la Academia General Militar- libremente católico convencido porque le dio la real gana-, juró ante Dios el texto que sigue: “…¿Juráis a Dios y prometéis a España, besando con unción `su Bandera´ respetar y obedecer siempre a vuestros jefes, no abandonarles nunca y derramar si es preciso en defensa del honor e independencia de la Patria `y del orden dentro de Ella´, hasta la última gota de vuestra sangre?
Del pecho de aquellos jóvenes españoles de pura cepa, brotó como un trueno: “ ¡¡Sí juramos!!”. Pues héteme aquí, que para no armar otra vez la marimorena que costó derramar- por necesidad- tanta sangre española, los así juramentados hemos de contemplar, perplejos, cómo los astutos, ladinos y sumamente taimados, de forma autorizada pero ilegal por cientos de banderas republicanas, fueron los que, como energúmenos, agredieron en el transcurso de la referida marcha a las Fuerzas del Orden. De los 101 heridos, sesenta y siete -¡67-!, eran de dichas Fuerzas: “cuatro de ellos graves y hospitalizados en estado de coma”. Pese a estos datos, aún se auto titulan “marcha de la dignidad”. Ver para creer.
Este viejo Coronel apenas puede dar crédito a lo que ven sus ojos perplejos: ¿dignidad los que marchan tras banderas inconstitucionales de recuerdos penosos por atroces y criminales con los que su culpa enorme era la de ser católicos? ¿Dignidad estos demócratas de pacotilla que cometen atrocidades criminales contra seres humanos en las entrañas de sus madres donde no pueden defenderse? ¿Dignidad los que con los antecedentes dichos y en nombre del “derecho a decidir” abogan por la unión libre de hombres con hombres y mujeres con mujeres y que más malignos que ignorantes llaman matrimonio? ¿Dignidad los que con perversidad diabólica adoctrinan-inventores de vicios- a los niños de escuela a disfrutar de sus propios cuerpos con prácticas que son origen de posteriores pasiones nefandas? ¿Dignidad los que adoctrinan como derecho la elección de sexo distinto al que tuvieron desde el momento de la concepción? ¿Dignidad los que con total falta de respeto a lo más sagrado para la mayoría de los españoles pasean sus desvergüenzas con su “día de orgullo” los disfraces más groseros e irreverentes cuando no blasfemos? Se me acaba el espacio con las indignidades que podrían llenar folios, cuando recibo la noticia triste del día: acaba de morir un noble ser humano que, con errores y aciertos, luces y sombras, fue Presidente del Gobierno de España. D.e.p.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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