Periodistadigital América Home
3 segundos 3 segundos
Coronavirus Coronavirus La segunda dosis La segunda dosis Noticias Blogs Videos Temas Personajes Organismos Lugares Autores hemeroteca Enlaces Medios Más servicios Aviso legal Política de Privacidad Política de cookies
-

Los lunes, revista de prensa y red

Tres foramontanos en Valladolid 28 Abr 2014 - 07:29 CET
Archivado en:

“García Márquez, Gabo y el funeral de Gabondela”, de Federico Jiménez Losantos, y “No hay igualdad sin libertad”, del Foro de la Familia

( Viñeta de Caín en La Razón el pasado día 20) (*)

GARCÍA MÁRQUEZ, GABO Y EL FUNERAL DE GABONDELA

Artículo de Federico Jiménez Losantos publicado en Libertad Digital el pasado día 20

Recuerdo cuando vi la portada de la primera edición de Cien años de soledad en la librería Hesperia, de Zaragoza. Yo iba a cumplir 18 años pero ya García Márquez no era mi escritor hispanoamericano favorito. Y eso que había leído su obra breve publicada hasta entonces, que, si no recuerdo mal, era Los funerales de la Mamá Grande, La hojarasca, Isabel viendo llover en Macondo y El coronel no tiene quien le escriba, que sigue siendo para mí lo mejor suyo. Pero gracias a la munificencia de Labordeta y Sanchís, mis profesores de literatura, arte, teatro, política y otras cosas en Teruel, también había leído otros libros de lo que se dio en llamar el boom que me gustaban más. Por ejemplo, Pedro Páramo y los relatos de El llano en llamas de Juan Rulfo; La ciudad y los perros, de Vargas Llosa, que no me pareció tan redonda como sus relatos Los cachorros y Los jefes; las colecciones de cuentos de Cortázar, sobre todo El Perseguidor y Casa tomada.

Siempre he leído deprisa, pero entonces era una locomotora, así que también deglutí otros de menor entidad o novedad, como La región más transparente de Carlos Fuentes y los relatos de Cantar de ciegos, en especial La culpa fue de los tlaxcaltecas; el Bomarzo del hoy olvidado Mújica Laínez; Coronación de José Donoso, antes del aparatoso lanzamiento de El obsceno pájaro de la noche y otros escritores americanos en español recuperados a partir del boom, como el Sábato de Sobre héroes y tumbas, Alejo Carpentier y, sobre todo, Jorge Luis Borges. Luego, todos publicaron mucho, y se recuperaron otros autores de valía, como el Jorge Ibargüengoitia de Los relámpagos de agosto y Las muertas, pero creo que aquellas primeras lecturas de mi adolescencia siguen siendo las fundamentales para el que se acerque a esa literatura por primera vez.

García Márquez no me parecía entonces ni me parece ahora el mejor de todos ellos, aunque su intimidad con la dictadura de Fidel Castro le haya granjeado, como a Nelson Mandela, unos funerales mediáticos tan universales como estomagantes. Lo que me parece indiscutible de García Márquez es su maestría como columnista o el relato periodístico de Noticia de un secuestro. Pero Macondo o la macondez es una cursilada letal para la literatura en español. Isabel Allende y otros productos similares dan cuenta del éxito comercial de lo que se llamó entonces «realismo mágico», que ahora anda haciendo estragos por la India y otros lugares dejados de la mano de Dios y del heroico muñón de Cervantes.

La única tarde que pasé con Gabo

Ya he contado en mi libro La ciudad que fue, sobre la Barcelona de los años 70, que, como casi todos los que estudiábamos literatura hispanoamericana en la Universidad Central de Barcelona, y gracias a los buenos oficios de Ramona Violant, yo también pasé una tarde con el que, por desgracia, ya no era García Márquez sino Gabo, el autor de Cien años de soledad. Fue en la tortillería Flash-Flash, junto al celebérrimo Bocaccio, y el escritor, educadísimo, me pareció un hombre lleno de miedos, absurdamente atento a las bobadas vanguardistas que por entonces me llenaban la cabeza, la macedonia teórica post-68: Althusser, Lacan, Sollers, Kristeva y Pleynet de Tel Quel, Lévi-Strauss, Eco, Todorov, el formalismo ruso y todas las semioticadas o semiotiqueces de última moda que, como todo joven original, yo seguía a pies juntillas.

Me recuerdo en aquella tarde como un imbécil que le causó gran impresión a Gabo, hasta el punto de que me invitó a su casa para seguir hablando de Joyce y Lautréamont. Como él a mí me causó una impresión bastante triste, nunca respondí a su invitación. Al final de este artículo le hubiera convenido mucho. Pero, sinceramente, creo que no me perdí nada.

NO HAY IGUALDAD SIN LIBERTAD

Artículo de Foro de la Familia publicado en su web el pasado día 11

Se están tramitando y aprobando -en varios parlamentos autonómicos- leyes que, bajo la apariencia superficial de regular derechos de homosexuales y transexuales, establecen instrumentos jurídicos para imponer coactivamente a toda la sociedad los prejuicios ideológicos del homosexualismo político. Pudiendo producirse así una seria restricción a las libertades y un ataque desde la propia ley a la visión de la persona propia de la mejor tradición occidental. Tras su apariencia de regulación de derechos de minorías que no tendrían por qué afectar para nada al resto de la sociedad, se ocultan preceptos que forman parte de la agenda política del proyecto de reingeniería social que se ha venido aplicando en España en las dos últimas legislaturas. Es un proyecto de una inmensa trascendencia social que puede afectar de forma muy negativa a la libertad de pensamiento e ideológica.

Todas las personas, al margen de la conducta o la orientación sexual, tenemos los mismos derechos, pero no es legítimo imponer desde el Estado una forma obligatoria de pensar sobre la sexualidad ni en particular sobre la homosexualidad y la transexualidad. Sobre las conductas humanas en materia de sexualidad se puede pensar (y de hecho se piensa) de formas muy distintas en una sociedad plural. Y esta diversidad de pensamientos y de juicios no atenta a los derechos de nadie ni puede ser reprimida ni coartada por los poderes públicos.

En otros países de nuestro entorno ya se están viendo ejemplos de leyes del mismo cariz: de las que se aprueban ahora en los parlamentos autonómicos españoles que están generando persecución contra quienes piensan que en materia de sexualidad no todo es igual de valioso y, en particular, contra quienes no están dispuestos a afirmar la intrínseca bondad de la conducta homosexual o a presentarla como igualmente valiosa que la relación matrimonial hombre – mujer. En Gran Bretaña por ejemplo (y en aplicación de una Ley de 2007 cuyo presunto objetivo era la lucha contra toda forma de discriminación por razón de orientación sexual), ya se están produciendo actuaciones administrativas de profunda discriminación contra los que no comparten los postulados de la ideología de género.

Bajo la presunta “sana intención” de superar viejas discriminaciones injustas, está surgiendo una nueva intolerancia que pone en riesgo la libertad de pensamiento y juicio moral y esto es algo que una sociedad comprometida con la libertad y el pluralismo no puede aceptar.

—
(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
https://farm8.staticflickr.com/7354/13976437893_7dd00d1b57_o.jpg

Tres foramontanos en Valladolid

Los autores nos cuentan… Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Aunque de raíces castellanas, nuestra formación, como se indica en los resúmenes biográficos que siguen, tiene lugar más allá de las […]

Más en Tres foramontanos en Valladolid

Mobile Version Powered by