Por Carlos de Bustamante

( Dos burros. Óleo de Félix Cuadrado Lomas en cajaespana.es.obs.salavirtual .54×119) (*)
Estaba rara. Comía poco o se atracaba. Acudía presuroso cuando me llamaba con rebuznos angustiosos. Y no le sucedía nada. Caprichosa. Antojadiza.
-Vamos a ver, Pequeña, o me dices lo que te pasa o no te vuelvo a hacer caso en nada -le dije excesivamente contundente. Una vocecita a mis pies, hizo que cambiara de actitud con la viejecita borriquilla.
-¡Tarsicio, Tarsicio! -me recriminó Mykita desde el suelo-.¿Esque nunca te vas a enterar de lo que les sucede a las hembras embarazadas…? Después de dado el notición, guardó un silencio por demás elocuente. Me puse colorado como un tomate.
-¿Embarazada Pequeña a sus años…? -pregunté asombrado a la viuda que, experimentada, estaba “al cabo de la calle” en cosas de mujeres. Intervino Pequeña medio enfadada:
– ¿Pero qué bobadas estáis diciendo…? ¿Embarazada yo? Un rebuzno atiplado venido del exterior, hizo que a Pequeña se le subiera “el pavo” hasta las orejas. Era el asnillo joven y apuesto, aunque también pequeño que “por casualidad” pasaba por la puerta del corral de la casa de Myriam.
-Bueno…-,titubeó Pequeña-. Como vivimos donde vive Jesús que bien sé yo, –añadió vuelto el color a su cara-, que estando Él con nosotros y viendo todo lo que yo he visto, no podía negarme lo que le he pedido insistentemente.
– ¡Pero qué burra eres Pequeña! -le dije otra vez “metepatas”-. Es que Le pides cosas imposibles-. ¿Acaso no sabes que tú estás ahora sólo para “sopitas y buen vino”…? Me puso cara de haba ante palabras humanas ininteligibles.
-¡Burra, me dijo no sin enfado indisimulado, y bien burra -añadió muy tiesa- y a mucha honra! Pero como no te enteras, te lo tendré que explicar. Pero nada de comer esas cosas tan raras que dices y que deben de ser asquerosas, Tarsicio-; ¡¡ que no te enteras de nada!! , parece que finalizó el cabreo. Pero no.
-Precisamente por viejecita -continuó hasta dejarme con la boca abierta-. No quería morirme sin dejar descendencia que ayudase a Jesús y Myriam tanto como yo hice desde bien joven a toda esta Familia. Por eso y sin decirle nada, se lo pedí—finalizó- para mis adentros. O sea, con machacona insistencia. Sin palabras-. ¡Y me lo ha concedido!-declaró ya abiertamente. Recordé “como en una película” los servicios que, efectivamente, Pequeña les había prestado. No me miré a un espejo; pero no creo equivocarme si les digo que se me debió de poner cara de asno.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
https://farm6.staticflickr.com/5141/14051567694_82ce735288_o.jpg
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