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Foramontanos. 1. A modo de de preámbulo

Tres foramontanos en Valladolid 07 May 2014 - 07:28 CET
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Por Carlos de Bustamante

( Cantabria. Acuarela de J. M. Arévalo. 34×63 ) (*)

Antes de iniciar este mi relato breve, me arriesgo a comunicarles alguna intimidad. Nada extraordinario. Esos afectos y vida interior que cada cual lleva consigo y que tantas veces se van con él sin comunicárselos nunca a nadie. ¿Qué a quién van a interesar mis asuntos internos cuando lo primero que han visto es un título extraño? Por él es por lo que no sin cierto pudor me arriesgo. Con casi seguridad, he de suponer que cuantos hayan sentido curiosidad al menos, es porque Foramontanos les dice lo que a otros en absoluto. Bien porque la cultura se nos supone a todos o bien porque la tengan reconocida y valorada; bien porque sean oriundos o descendientes de montañeses. Puede también que sea por simple (nada de “simple”) curiosidad. En cualquier caso, lo hago. Mil perdones.

Mi intimidad: Aunque nacido castellano viejo, desde que recuerdo viví entre mis mayores la satisfacción de nuestros orígenes montañeses. Conocidos y de importante renombre unos; o inadvertido su paso por la vida otros. Para que mejor me entiendan: foramontano de los que repoblaron Castilla desierta, o descendiente de los que en continuo guerrear contra los dominadores del Islam invasor, hicieron posible cambiar a éstos (los foramontanos) la espada por rejas para los arados o sus lanzas por podaderas para los viñedos. Posiblemente de los primeros. Desde siempre orgulloso de mis ancestros sean cuales fueren. Montañés. Castellano. Español.

Por tradición de mis antepasados y los genes de ellos en mis adentros, tuve la posibilidad y privilegio de elegir como profesión la carrera de las Armas. La Milicia. Mal podía desarrollar mis aficiones-que no muchos conocimientos literarios- si mi primer destino terminados los estudios académicos fueron territorios africanos en los tiempos convulsos de la independencia del que fuera nuestro Protectorado en Marruecos. Y mal luego, si por necesidad y afición tuve que hacerme cargo de una importante labranza familiar en las feraces márgenes de río Duero. Por si éstas no fueran razones suficientes, el pronto matrimonio y, enseguida prole numerosa –como Dios manda-, apenas si me dejaban el tiempo medido para descansar de la vorágine de los días siempre afanosos. Imposible escribir en tales condiciones. Lo que nunca supuse, sucedió. Y es que alguien dijo con verdad, que “los caminos de Dios son inescrutables”. Deportista nato y para que rime, digo “de oficio, más fuerte que un toro y más tonto que picio”, un ictus cerebral en pleno esfuerzo de pruebas deportivas en día de calor insoportable, cambió radicalmente el panorama: hube de dejar el campo, la milicia y el deporte.

Con la mente en blanco y las facultades bajo mínimos, me vi horrorizado en la inactividad y silla de ruedas. De donde puede, me vino la ayuda: ¿por qué no dedicarme, ahora, a mi afición forzosamente oculta? Hube de partir de cero… patatero. Pero lo hice con esa ayuda tan singular como única. “Bendito sea”. Primeros escarceos literarios con Cartas al Director en el periódico local y pionero en España: El Norte de Castilla.

-¿Por qué no escribes algún artículo?- me dijo el Director y amigo. Y lo hice. De mis aficiones y recuerdos. Artículos por lo general camperos y sobre la caza. La que practiqué con entusiasmo durante años. Contenido de amor a la naturaleza y cuanto tenía relación con el campo castellano. No disgustó al personal. Reunidos, los hice novela: “Bardulia tierra viva”. Quedó curioso. Primera, y no última, alusión a los foramontanos. Afloraron los orígenes montañeses. Como en todo, impetuosamente. Enfervorizado. Y “Boanerges” (Los Hijos del Trueno). Y “Foramontanos en Bardulia”. ¡Finalista del premio Ateneo de Valladolid! Ver para creer. Y “¡Viva la maña!”. ¡Primer premio de la Federación de Centros Castellanos en el País Vasco! (se entiende Provincias Vascongadas). Con el importe, sustancioso en cantidad y por lo insólito, compré lo necesario para “informatizarme en la escritura”. ¡Insólito, también, para una mente en blanco! La “ayuda” se hizo patente. De nuevo, Bendito sea.

¿De quién ahora la culpa de esto? Mi ayudante en lo más imprescindible para vida normal, puede decirles algo. Aunque vaya luego en agradecimientos, desde aquí, gracias José Ramón: foramontano de Vallejo de Orbó, próximo a Brañosera. Municipio el de Vallejo que pertenece a este Ayuntamiento. Y a los extraordinarios folletos informativos que a la vuelta de unas minivacaciones, me trajo de la Zona.

Y para Preámbulo, ya vale. Si me soportaron, comenzaré la semana que viene.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
https://farm8.staticflickr.com/7070/14085399543_aa4363cd4e_o.jpg

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