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Foramontanos 4. Guerra de guerrillas

Tres foramontanos en Valladolid 31 May 2014 - 07:28 CET
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Por Carlos de Bustamante

( Regimiento Asturias. Sangre española. Óleo de Augusto Ferrer-Dalmau) (*)

Anteriormente apunté sólo el inicio de la Reconquista. Es, pues, conveniente detallar, aunque sea sólo de pasada, los métodos empleados. Refugiados, repito, várdulos (castellanos en lo sucesivo), cántabros, vascones y astures en las montañas de la Cordillera Cantábrica, en principio hubieron de conformarse con subsistir en los feraces pero reducidos valles. Dicho también, que cuando apretaba la necesidad, se procuraban víveres en frecuentes razzias. Combates esporádicos, con los que al tiempo de hacerse con pequeñas “presuras” (porciones de terreno), arramplaban con lo que a los sarracenos les sobraba. Razzias que no eran sino guerra de guerrillas.

¿Era esa la táctica a seguir? ¿Tal vez atacar, hacer pequeñas presuras para retirarse luego? ¿Eran estas razzias la estrategia apropiada, para expulsar al enemigo invasor de las grandes extensiones Peninsulares?

Desde la perspectiva moderna en el “arte de la guerra”, podríamos estar de acuerdo en la posible equivocación. Y, con salvedades, lo estamos. Cierto que la progresión fue de lentitud exasperante. Cierto que las sucesivas fronteras camino de la total expulsión, tuvo un costo elevado de sangre en ambos contendientes: el invasor y el invadido. Pero no menos cierto, que excepto en los inicios y algún que otro vaivén, lo reconquistado quedaba consolidado, ocupado, sometido, con imponentes baluartes cual fueron los castillos. Testigos mudos hoy de tantos heroísmos; referidos a los que se salvaron del abandono o desidia de sucesivas generaciones sin valorar la historia difícilmente igualable de nuestros mayores.

Guerra de guerrillas, que, sin ser el ideal de una más rápida expulsión, tuvieron en jaque a los que se creyeron invencibles por mor de la “guerra santa” astutamente propiciada por el Corán.

No menos cierto que el espíritu indomable de los replegados, se fortalecía en cada jornada de combate contra un enemigo superior. Fortaleza reñida con la molicie mora; y, con ella, la progresiva debilidad del conjunto invasor. Progresivamente, por tanto, los atacados se convirtieron en atacantes y viceversa.

Por si esto fuera poco, quedaron patentes las virtudes necesarias en los ejércitos de todos los tiempos: reciedumbre, austeridad, disciplina, sacrificio, obediencia subordinada, honor y caballerosidad que, leyendas aparte, fueron la constante de unos y otros. Herencia recibida posiblemente de esos 800 años de guerra apenas interrumpida por el necesario descanso del guerrero. La que hizo posible que ser soldado español, fuera y es “una de las pocas cosas serias que se pueden ser en el mundo”. No tengo seguro, pues, si fueron equivocadas la estrategia o la táctica. En cualquier caso y como la historia es historia, sin remedio.

Bueno o menos bueno el “método de guerrillas” empleado, algo de lo primero tendría, digo, en tales momentos y circunstancias, cuando años después se empleó en diversas invasiones. Por más importante y de eficacia demostrada, imposible no citar la “francesada”: invasión –y perdonen el inciso- de España por las tropas de Napoleón Bonaparte. Como lo fueran los del Islam en los sucesos que tratamos, así el ejército de Napoleón fue de total supremacía sobre las del español. Vencidos, mas no sometidos, lo que la cantidad y calidad no pudieron contra el mejor ejército del mundo, pudo el “método” aprendido de los cruzados de la Reconquista: hostigamiento sin cuartel. Ataques rápidos e imprevisibles sobre vanguardias, retaguardias o convoyes de abastecimiento enemigos. Infringido el castigo, retirada tan rápida y sigilosa como lo fue el ataque por sorpresa.

Repetido el método una y otra vez, el enemigo castigado así y menguado, al tiempo de disminuir en efectivos, mucho mayor era el castigo sobre su moral. Bajo mínimos ésta, las guerrillas se organizaban. Ejército regular ahora, llegaba, indefectible, la derrota del invasor.

¿Por qué entonces reconquista tan prolongada como la que aquí tratamos? Aun no siendo lugar ni momento apropiados, brevemente y como profesional les puedo decir, que las divisiones y rencillas internas, si no la principal, como creo, fueron factores decisivos de siglos de luchas. Testigos mudos del continuo y tremendo guerrear a muerte, son los múltiples cementerios que hoy en día aparecen a orillas de los ríos. Los que, por obstáculo natural, fueron fronteras. De acuerdo, pues con el cántico épico del poeta cuando dijo: “No hay un puñado de tierra sin una tumba española”. O mora, digo ahora.

Exaltado lo épico en los inicios de la Reconquista, habremos de proseguir los acontecimientos. La “loca de la casa” (la imaginación), pudiera si no prolongar aún más estos interminables años.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
https://farm6.staticflickr.com/5583/14161127526_2e93edfbe1_o.jpg

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