Por Carlos de Bustamante

( Viñeta de Esteban en El Norte de Castilla el pasado 6 de Junio) (*)
No; ni nueva serie (¡horror!), ni artículo “pío” (no se me alarme el personal). Un comentario nada más.
-Sus motivos tendrá ¿no? –podrían preguntarse, al menos.
-¡Pues claro! -. Los de ayer, de hoy y de siempre-. Los que son tanto o más necesarios, cuanto mayores son las carencias de hacer honor a la palabra empeñada.
-¿Acaso son hoy mayores estas carencias que en otras épocas? -sé que se estará preguntando más de uno.
-¡Pues no!-me apresuro a responder-. Similar sin duda a las de otros tiempos; pero que por la superabundancia de medios de información nos enteramos más y mejor que antes.
Falsos, mentirosos, hipócritas, con doblez y engaño, nunca fueron una “rara avis”; y puestos a usar de nuestra lengua madre, pasa, que pasaban “in ocultis” o cuasi.
-Pero no nos negará usted, que esta virtud es hoy más necesaria que nunca ¿verdad?
-Pues va a ser que sí -. Quiero decir que sí, se lo niego; pero con matices… La veracidad, fidelidad, lealtad, honradez etc, aún siendo virtudes más viejas que la tos, no es un nuevo invento el que sean tergiversadas o nulas desde tiempo inmemorial. Salvo excepciones bíblicas como Natanael, en el que “no había doblez ni engaño”, hay falsedad, mentira, e hipocresía a nuestro alrededor desde que el mundo es mundo.
Digo, pues, con matices, porque ya nos gustaría ser como el Maestro dijo –“y no le faltaría razón”…, según el buen curita de pueblo- del discípulo citado. Matiz, el más grande, el del Maestro que con “un sí o un no”, dijo -y “dijo bien…”, según el mismo y buen sacerdote- había de ser suficiente entre personas fieles a la palabra dada.
-¿Entonces…?
-Ni entonces ni gaitas gallegas-. Que tan escasa antes como ahora, el ansia actual de un mayor grado de bienestar, privilegio (injusto) antes de unos pocos, es ahora cuando el mundo lo pone todo en clave “de solfa” e impera por doquier el relativismo desconocido antes, (“tó er mundo es güeno…”). Y que cualquier medio es válido para conseguir el fin que todo lo justifica; palabra dada incluida. O lo que es lo mismo pero más conocido: que el fin, justifica los medios. De horror ¿no?
– ¿ Y ése mundo ideal que usted nos pinta en que no hay lugar para el doblez ni engaño, ausente de deslealtad y fidelidad consecuencias de dar y cumplir la palabra dada no es una verdadera utopía?
-Creo haberles dado contestación en este mismo blog de mis amores y desdichas, de cómo se realizaba –y se realiza- un “trato” de compraventa de ganado en recintos feriales tan actuales como los de Torrelavega, Plasencia, Cervera de Pisuerga y tantos otros que el relator ha visitado e incluso intervenido: dada la mano que cerraba el trato, el animal o animales en cuestión y aún sin haber entregado los “cuartos”, dejaba de ser automáticamente del oferente, para ser de pleno derecho propiedad del comprador(¿oferido?) por la sola palabra dada. No; de utopía, nada de nada.
-¿Entonces…? (¡y dale…¡) ¿Es que ya no hay más honradez en el mundo de hoy que el de los tratantes de ganado?
Como me les imagino a ustedes dándole vueltas al “magín” sobre estas dudas en torno al personal que nos hace cabeza, he de decirles, que buscan una aguja en un pajar.
-Ergo lo dicho, utopía, pues no existe hoy más fidelidad a la palabra dada que la de los tratantes ¿no?
-¡Que no leñe, que no!
-¡Pues se aclaren … eso!
-¡Son ustedes, con perdón, un verdadero peñazo! – Digo, que como el heroísmo, no es menos valioso el escondido y silencioso, que el de la pretendida verdad y fidelidad a la palabra dada con algaradas y espectáculo de masas, que como las de los indignados, más que la protesta en sí por una causa justa, les interesaba la crispación: palabras, pues, las suyas, que no por más fuertes y sonoras, son menos falsas.
Pero no vayan a creerse que no sé en quiénes están pensando:
-En los políticos o en los que encabezan el gobierno; ¿a que sí…?
-Vale.
-Y ésos, no va usted a decir que son ejemplo de fidelidad a la palabra dada?
-Pues miren, según y cómo… bueno, y si quieren…cuándo.
-Hubo y hay la fidelidad dicha, cuando cierto Señor a quien da miedo hoy hasta a nombrar dijo tras la proclamación de un nuevo vástago a la secular corona de España “a titulo de Rey”, que “todo quedaba atado y bien atado”. Porque era cierto, lo estamos viviendo. ¿O no?
Hubo y hay fidelidad cuando el proclamado juró (juramento debido en ocasiones como ésta) desempeñar el cargo con total cumplimiento de la Constitución, etc. Y aunque no a gusto de todos -pero sí de la mayoría- lo cumplió. De cómo cumplen los demás la palabra dada, aún es pronto para opinar con verdad al respecto. Será la historia quien juzgue. Se impone la calma. Y confianza en el relevo generacional. Sin juicios temerarios, ni “lista de agravios”, ni crispación.
Lo que en mi opinión sí es evidente, es que, por falsedad previa a los programas electorales, hubieron de variarse éstos sin menoscabo de la palabra. Parece que en poco tiempo, los hechos comienzan a dar la razón. ¿O no?
En ricos y poderosos, pobres, reyes, súbditos, gobernados o gobernantes “te doy mi palabra”, debiera tener tanto o más valor que la firma de un notario. Sin necesidad de juramento. Cuando al compromiso adquirido se le añade este requisito excepcional, es que ya, ni les digo.
¡Qué gozada, digo, si rico, poderoso, pobre, rey o súbdito, gobernante o gobernado, pudiera decirse de nosotros en cualquiera de estas situaciones o en cualesquier cargo y posición que ocupemos en la sociedad: éste es un hombre fiel. De este hombre me fío por su fidelidad a la palabra dada! ¡Y qué pena, por el contrario, si ocupando o no altos cargos, se dijera que, por infidelidad a la palabra dada, no somos hombres de fiar! Palabra de Busta quien se lo dice…
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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