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Apócrifo II. 18. Marchoso

Tres foramontanos en Valladolid 27 Jul 2014 - 07:25 CET
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Por Carlos de Bustamante

( Burros salvajes entre la artemisa. Foto de Joel Sartore en picassomio.es) (*)

¿Qué dónde están Mykita y Alguacilillo…? No; no me olvidé de ellos. Tenían espectáculo en la cuadra ¡y gratis! Además de que del sobrante de leche en el biberón de Pulgar, había siempre un cacharrito que lamían y relamían manchados de blanco hasta los bigotes. Estaban gordos y lustrosos. Con leche gorda y sabrosa de oveja o cabra. Cuadra como en la gloria. ¡¡Ignorantes…!!

El espectáculo era ver cómo al poco tiempo de nacer Pulgar, se le cruzaban y entrecruzaban las manos (patas delanteras) por el empeño de ponerse en pie. Un día tuvo un espectador de excepción. Entró por la puerta abierta de la casita de Nazareth, hasta la cuadra.

-¡Èh, eh, oye tú, ¿pero quién te has creído que eres para entrar en nuestra cuadra “como Pedro por su casa”?! -le dijo Mykita al intruso.

-¿¡Cómo que quién soy…!? –contestó el asnillo intruso y tieso de orgullo-. Además-añadió- no me llamo Pedro, sino Marchoso-. Precisó.

-Ji, ji, ji, ji, -rió largo y tendido Alguacilillo.

–¿Pero de qué te ríes, mosca muerta? -replicó Marchoso a las risas de Alguacilillo, por el nombre que les había dicho-. Soy el marido de Pequeña y vengo a verla por si ya ha parido. A los ratoncines se les heló la sonrisa en los morros.

Acudió Pulgar. Recibió las caricias de su padre, que entendió “divinamente“ la tragedia.

Como Pulgar no se había enterado de nada, se lo explicaron los ratoncines. Como “los hombres también lloran”, lloró Marchoso. A los medio rebuznos -lloros- de Marchoso, acudió Myriam. Consuelo de los afligidos, enseguida la infundió tal paz, que en adelante no tuvo ojos y orejas más que para su hijo Pulgar. Al principio le visitaba cada día; luego, asnillo como era, ni eso. Se olvidó de él.

Como los “hijos de Myriam” pasaban parte del día en el campo, entraba con frecuencia en la cuadra. Pulgar -entre nosotros Pulgarcito, por ahora- la seguía, fiel, a todas partes. Mykita y Alguacilillo tuvieron envidia. ¡Que el Ama era mucho Ama y Señora!

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
https://farm3.staticflickr.com/2921/14520279620_eec98e4d3d_o.jpg

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