Por José María Arévalo

( Ermita de Nuestra Señora de la Estrella, Valoria la Buena. Foto en el libro “Las ruinas de Dios. Arquitectura religiosa olvidada en la Provincia de Valladolid” ) (*)
Tras ver las ruinas de San Andrés de Valvení, nos acercamos a Valoria la Buena para ver el estado de la Ermita de Nuestra Señora de la Estrella, del despoblado de Galleta, siguiendo el libro “Las ruinas de Dios. Arquitectura religiosa olvidada en la Provincia de Valladolid”, de los arquitectos vallisoletanos Juan José Fernández Martín, Francisco Pedro Roldán Morales, José Ignacio Sánchez Rivera y Jesús Ignacio San José Alonso, que venimos reseñando.
Valoria la Buena
Ermita de Nuestra Señora de la Estrella del despoblado de Galleta
“Perdida en el campo junto a otras construcciones abandonadas y en ruinas se encuentran los restos de la Ermita de Nuestra Señora de la Estrella, del despoblado Galleta. El despoblado de Galleta estaba junto al Pisuerga, aguas arriba del puente de la carretera de Valoria a Cubillas de Santa Marta ( Cart. Militar de España: Hoja 16-14, 1/50.000, «Cigales», del Servicio Geográfico del Ejército, año 1986. Cuadrícula 371 4631. Figura el Caserío de Galleta). Junto a la ermita de Galleta se descubrió una necrópolis altomedieval, lo que habla de lo antiguo de la población en este lugar. Posteriormente, en el censo de parroquias de Palencia de mediados del XIV, figura la parroquia de Santa María de Galleta dentro del arcedianato de Cerrato (M. VALLEJO DEL BUSTO (p. 353). J. SAN MARTÍN PAYO p. 76).
Casi un siglo después el término de Galleta fue vendido a los vecinos y concejo de Valoría. En el Sínodo diocesano de 1545 ya no se menciona a su párroco, pero la anexión definitiva a la parroquia de San Pedro de Valoria no llegó hasta el XVIII (Catálogo Monumental, Valoria la Buena, p. 150). En aquel siglo, desde 1712 se trabaja en su fábrica. Otro artesano fabrica una reja en 1715 y hasta 1719 se siguen haciendo obras. De esta época es, incluso, la imagen de Nuestra Señora, una imagen de vestir que se conserva en Valoria.

( Ermita de Nuestra Señora de la Estrella, Valoria la Buena. Foto en el libro “Las ruinas de Dios. Arquitectura religiosa olvidada en la Provincia de Valladolid” ) (*)
Como ermita se comenzó a llamar Nuestra Señora de la Estrella por lo menos desde el XIX (P. MADOZ, p. 127: Dentro de él -del término-, se encuentran las ermitas del Santísimo Cristo de la Esperanza y Nuestra Señora de la Estrella), en que se continuó el culto hasta que, a mediados del xx, fue abandonada.
Es un edificio con variedad de materiales en la construcción de sus fábricas, pues mezcla piedra, tapial y ladrillo con yeserías en sus techos.
Tiene planta rectangular y está dividida en tres tramos separados por arcos fajones cajeados con formas rectas y curvas que descansan sobre pilastras toscanas.
Los tramos situados a la cabecera y los pies del templo son estrechos, de proporción rectangular como en la ermita del Cristo de Valoria. El de la cabecera se cubre con bóveda de arista con lunetas, mientras que el de los pies del templo tenía cubierta plana, de la que no quedan más que algunos restos. Probablemente su cubierta original sería también de arista y, posteriormente, se colocase la cubierta horizontal por reforma o reparación de la original.

( Techo de la Ermita de Nuestra Señora de la Estrella, Valoria la Buena. Foto en el libro “Las ruinas de Dios. Arquitectura religiosa olvidada en la Provincia de Valladolid” ) (*)
El tramo central, el de proporciones cuadradas, se cubre también con bóveda de arista que se decora, así como la del tramo de la cabecera, con placas recortadas formando triángulos quebrados.
En la esquina que forma el hastial de la cabecera y la pared del lado de la Epístola, permanecen los restos de un horno o cocina, cuyo humo ennegreció las bóvedas y que revelan que el edificio ha sido usado como alojamiento antes de su ruma.
En el exterior nada revela el carácter religioso del edificio, como no sea la ventana alta de medio punto colocada en el hastial de la cabecera que puede datarse en tomo a 1500, con contorno achaflanado, que estuvo cerrada con reja y pudiera ser la que se colocó en 1715.
En la fachada principal, de mampostería, el único hueco es una estrecha puerta adintelada, mientras que en los muros laterales, con zócalo de piedra irregular y muros de tapial entre machones de piedra, sólo se abre una ventana alta con derrame. Quizá en su origen tuvo tejado a cuatro aguas, levantándose en una fecha indefinida el piñón de la fachada.
El edificio es un resumen de las técnicas de construcción que hacen posible los materiales propios de la zona: piedra, barro (tapial y ladrillo), yeso y madera.
El resultado es una edificación de buen funcionamiento estructural, con una perfecta articulación entre las distintas composiciones de sus fábricas. Piedra en los hastiales, barro en los muros laterales y ladrillos que forman arcos y bóvedas, yeso para sus decoraciones y madera en las armaduras y tablazón de la cubierta, y de nuevo barro cocido en las tejas que cubrieron el tejado.
Esta variedad de materiales y sistemas constructivos (muros de carga, bóvedas, dinteles y armaduras), constituyeron un conjunto bien trabado, elástico y de poco peso, capaz de soportar y repartir esfuerzos que alteraron las condiciones originales del edificio, especialmente al verse arruinada su cubierta. No cabe pensar otra cosa al ver que, pese al abandono del edificio, aún permanecen en pie sus principales estructuras.”
La próxima semana veremos la Ermita de Nuestra Señora de la Torrecilla en
Villanueva de los Infantes.
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(*) Para ver las fotos que ilustran este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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