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Apócrifo III. 12. De boda en el pueblo vecino

Tres foramontanos en Valladolid 07 Feb 2015 - 07:23 CET
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Por Carlos de Bustamante

( Las Bodas de Caná. Óleo de Leandro Bassano, en el Museo del Prado. Pintura.aut.org. 127 x 203) (*)

Al llegar de noche desde Nazareth, creí que Cafarnaún -como ya les dije- era Caná. Nuevamente aclarado, les comento que desde nuestra casa provisional en Cafarnaúm, Myriam, Jesús y yo acudimos de boda a Caná. Sólo Ellos con algunos discípulos habían sido invitados; pero mi Ama y Señora me rogó que les acompañara. Como una boda es un acontecimiento festivo importante, además de por ir siempre con Ella, me alegré un montón porque comida y bebida serían extraordinarias. Y a ninguna Tarsicio le hacía ningún asco.

Entramos en una casa que era de unos parientes de Myriam o de José; no lo sé seguro. Como todos los comensales eran de muchos posibles y yo sólo esclavito, creí oportuno ser útil ayudando a los sirvientes tan necesarios con tantísimo invitado. Con el consentimiento de mi Ama y Señora, me puse a disposición del maestresala (¡metre!). Los invitados, más creo de los esperados, porque probablemente alguno se había colado, bebían además como cosacos.

Me di cuenta de que escaseaba el vino. Se lo dije a Myriam en suave susurro. Me sonrió. Acudió a Jesús. No sé que le contestaría a su requerimiento o ruego ante imprevisto tan embarazoso para los amos de la casa. Me llamó Myriam. Acudimos varios sirvientes.

-“Haced lo que Él os diga”.

Jesús nos mandó llenar de agua varias tinajas (seis creo recordar) que, de dos tres metretas de cabida, tuvimos que transportar: unos seiscientos litros de agua, para que me entiendan. Nos llevó algún tiempo. Y se acabó el vino, claro. Entonces Jesús nos dijo: “Sacad ahora y llevadlo al maestresala”.

-“Todos sirven al principio el vino mejor y cuando todos han bebido a satisfacción, sacan el más flojo. Tú -le dijo al esposo perplejo- has reservado el buen vino para lo último”.

Algunos de los discípulos de entre los que también fueron invitados, creyeron más en Él. Tarsicio, encantado más que sorprendido, recibió la sonrisa más preciosa de Myriam que nunca había visto. Magníficat.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
https://farm9.staticflickr.com/8596/16248618749_bbbc69b8bf_b.jpg

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