“Mozart, por la tolerancia”, de José Antonio Nieto de Miguel, y “En Memoria de Antonio Pérez Solano”, de `La Capilla Sixtina´

( Viñeta de Caín en El Norte de Castilla el pasado día 1) (*)
MOZART, POR LA TOLERANCIA
Artículo de José Antonio Nieto de Miguel, catedrático. Presidente de Asociación Cultural Salzburgo, publicado en El Norte de Castilla el pasado día 26 de Enero
Mañana, 27 de enero, la Cultura podrá vestirse de gala para celebrar e1 259° aniversario del momento en que un rayo luminoso cayó sobre la tierra en el nacimiento de un niño, aparentemente como tantos otros, séptimo hijo de un matrimonio de Salzburgo, cabeza entonces de un principado arzobispal, al que sus padres pusieron los nombres de Johannes Chrysostomus Wolfgang Theophilus (y por ello Gottlieb o Amadeus, que significan lo mismo: ¡Amado por Dios!). Un niño gracias al cual la raza humana puede sentirse orgullosa de sí misma por un hecho de esa categoría que sólo se da, en el mejor de los casos, una vez cada cien o doscientos años. En unos momentos como los actuales en que esta misma raza humana parece dispuesta a subir a la pira de la autodestrucción por esos comportamientos que de tiempo en tiempo se repiten. Incluso de Leonardo de Vinci dijo Freud, tomando la idea de Boltazzi: «…declaraba no ver en el hombre al rey de la creación, sino la más temible de las fieras»(‘Un recuerdo infantil de Leonardo de Vinci’). Algo semejante a la idea del ‘homo homini lupus’ de Plauto en ‘Asinaria’ (acto 11, v.495), siglos III-II a.C. o de Thomas Hobbes, en ‘Leviathan’, en el siglo XVII.
Mozart, el año de su final y quizás influenciado por los acontecimientos, como la muerte del Emperador José II que había inundado Viena con aires de reforma, apertura y libertad, posiblemente por las noticias que llegaban desde Francia, había sido pródigo en composiciones que cantaban a la fraternidad universal, como ‘La flauta mágica’ o al valor del perdón en su última ópera ‘La clemencia de Tito’: la llegada al trono de Leopoldo II, supuso para esta apertura un frenazo, manifestado incluso en la forma que parece tuvo la Emperatriz María Luisa de Borbón, hija de nuestro Carlos III, para calificar ésta última como «una porcheria tedesca» (una porquería alemana).
Pero en julio de este mismo año 1791, Mozart puso música a un texto de Franz Heinrich Ziegenhagen, un hermano en la masonería, donde queda reflejada su apuesta por la tolerancia y que parece escrita precisamente para los momentos que ahora nos toca vivir: «A vosotros que honráis al Creador del universo infinito, ya se lo nombre Jehová o Dios, o Fu o Brahma, escuchad… Amad el orden, la armonía y la concordia; amaos a vosotros mismos y amad a vuestros hermanos; despojaos de las vestiduras que dividen a la Humanidad en sectas;… Sed sabios, sed fuertes y sed hermanos… así transformaréis los desiertos en jardines del Edén». Es el texto de la ‘Pequeña cantata alemana’, KV 619.
Pero esta misma idea se repite unos meses más tarde, en noviembre, ya casi con Mozart en su lecho de muerte, en el Canto masónico, KV 623a, atribuido a Emanuel Schikaneder, cuya música fue adoptada (y, afortunadamente, sigue siéndolo) como el himno nacional austriaco, unos cuantos años antes del Tratado de Belvedere, de 1955: «Enlacemos nuestras manos… y que esta cadena rodee por entero a todo el globo terrestre».
Así era Mozart. Y para seguir presentando su figura como un punto de referencia lleno de luz, la Fundación Internacional Mozarteum de Salzburgo (‘Internationale Stiftung Mozarteum Salzburg’) desde 1956 pone en marcha en los días inmediatamente anteriores y posteriores a esta fecha del nacimiento de Mozart la primera gran cita cultural del año a nivel mundial como es la ‘Mozartwoche’ (Semana Mozart), este año en marcha desde el pasado día 22 y hasta el próximo 1 de febrero.
La inauguración ha sido con la cantata ‘Davide penitente» KV 469, en un montaje absolutamente espectacular en el Felsenreitschule. La obra se interpretó por vez primera en el Burgtheater de Viena, en marzo de 1785, y la apertura de la Mozartwoche de este año ha sido brillante responsabilidad del escenógrafo Bartabas y su equipo desde la Academia Ecuestre de Versalles. Bartabas ha querido proponer una coreografía en la que ha buscado reunir «personas y caballos, música, movimiento, luz y vestidos en una síntesis poética de todas las artes», según leemos en el comunicado de presentación de la semana. Producción que ha gozado de todos los parabienes de Johannes Honsig-Erlenburg, presidente de la Fundación Mozarteum.
Pero el programa en absoluto es excluyente. Y así, junto a Mozart, están Schubert, del que se interpretará la integral de sus sinfonías, y el gran com-positor norteamericano, fallecido en 2012 a sus creativos 103 años, Elliott Carter, con una espléndida propuesta de sus obras más importantes.
Los intérpretes son de primer rango mundial: desde la Filarmónica de Viena dirigida por Harnoncourt el pasado 24 (sinfonías n° 7 de Schubert y 29 y 40 de Mozart), o Andrés Orozco-Estrada, el 28 (sinfonías n° 1 de Schubert, Mozart y Carter) o el 31, con Thomas Hengelbrock (Schubert, n° 6 y varias arias de Mozart en la voz absolutamente deslumbrante de Diana Damrau); o el Cuarteto Hagen (uno de cuyos miembros es Vicerrector de la Universidad Mozarteum); o los pianistas Fazil Say, András Schiff o Mitsuko Uchida, que el día 27 recibirá la Medalla de Oro Mozart… Y aquel niño nacido el 27 de enero de 1756, feliz por ver a tantas personas de toda la tierra unidas solamente por la belleza y la tolerancia como otro motor del mundo.
EN MEMORIA DE ANTONIO PÉREZ SOLANO
Artículo de `La Capilla Sixtina´, grupo crítico de militantes al que pertenecía Antonio, publicado en El Norte de Castilla el pasado día 24 de Enero
Ha muerto Antonio Pérez Solano, abogado y socialista, e inevitablemente modelado con ambas esencias, hombre de cultura y afectos. Cabal y honesto, desde su especialidad del derecho laboral, defensor de los trabajadores en las épocas del plomo fundido. Anteponiendo siempre las exigencias y criterios jurídicos, la eficacia procesal, a las algaradas inútiles y los conflictos gratuitos, como mejor forma de defensa de los derechos de los trabajadores. Representante electo de los ciudadanos en el Parlamento, contribuyó durante cinco legislaturas a la transformación económica y social de España, en el período más fructífero de nuestra historia. En ese histórico período, unos pocos socialistas (de lo que ahora los miopes llamarían “casta”) con el apoyo de la mayoría del pueblo español, recrearon la estructura económica y social del Estado desde la perspectiva socialdemócrata, transformando radicalmente la fiscalidad y generando políticas presupuestarias capaces de alcanzar, al mismo tiempo, crecimiento económico y una redistribución de la renta indiscutible.
Su contribución durante años al desarrollo y el perfeccionamiento del ordenamiento jurídico, desde la Comisión de Justicia e Interior del Parlamento Español, le granjearon el reconocimiento y el aprecio de afines y adversarios. A veces confesaba que uno de los recuerdos más dolorosos de aquella época fue la concesión, al final de su tarea parlamentaria, de la Cruz de Honor de San Raimundo de Peñafort ¡! a propuesta del Grupo Popular ¡! y no de su propio grupo parlamentario.
Su talante de hombre tolerante y dialogante determinó el hecho, inaudito en la política socialista provincial, de que en la Comisión Ejecutiva que presidió entre 1989 y 1993, ¡! todas las decisiones políticas se adoptaran por consenso ¡! incluidas las concernientes a la elaboración de las listas electorales provinciales, regionales y estatales. En sus últimos años de ejercicio de tareas políticas, perteneció por elección unánime de las Cortes de Castilla y León, al Consejo Consultivo de la Comunidad, donde ha sido ponente de más de dos mil dictámenes jurídicos.
En activo o jubilado, lector empedernido de literatura y discreto amante de los vinos de la tierra. Se matriculó, tras la jubilación, en la Facultad de Filosofía y Letras donde participó activamente en los cursos de literatura. Afecto a Mainer y a Gracia, a Landero y a Chirbes, a Sanchez Rosillo y a Caballero Bonald, más que a Krugman y a Piketty, aun comprometido, se distancia silenciosamente del devenir de un socialismo que—a su juicio—ya no aunaba las exigencias de humanismo y cultura, y milita en ese otro socialismo local alejado del poder y de la prebenda. Ese que paradójicamente quienes se aferran al poder llama, despectivos aunque deslumbrados, de “la Capilla Sixtina”. Un socialismo de la sensibilidad social, del calor humano, de la amistad al compañero, del aprecio a las ideas, del debate respetuoso; un socialismo que no añora el pasado, sino que deplora el presente, y reclama paradójicamente yunque y pluma para el futuro. Un socialismo de la ética, la participación y los valores humanos, de la dignidad de los ciudadanos, que encarna lo mejor del individualismo y lo más noble del sentido colectivo. Un socialismo absolutamente inmune, pero no indiferente, al deterioro de la calidad del juicio político que imponen los nuevos oportunismos.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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