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La amenazadora pandilla del tic tac

Tres foramontanos en Valladolid 12 Feb 2015 - 07:29 CET
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Por Javier Pardo de Santayana

( Viñeta de Miki y Duarte en Diario de Sevilla el pasado día 4) (*)

Lo que nos quedaba por ver… ¿Quién iba a decir que sería posible vivir lo que hoy vivimos en aquella España tan democrática ella y tan alabada en su día por una prestigiosa Europa, a la fuerza vacunada contra las doctrinas que implantaron los totalitarismos del pasado siglo? ¿Quién podría imaginar que una pandilla marxista-leninista iba a poder soñar siquiera con ocupar un puesto de cierta relevancia en la política española tras el descrédito sufrido por aquellas rancias ideologías que durante el siglo XX cubrieron de dolor el mundo desde el viejo continente hasta el Pacífico?

Nunca creí que esta nación nuestra que se supone culta pese a lo que digan los informes Pisa, esta España curada de espanto que vivió un enfrentamiento fratricida que ya teníamos por felizmente superado – este país en donde cada cual aspira a ser considerado más demócrata que el vecino de al lado – podría caer en la trampa de dejarse gobernar por unos personajes como los que ahora aspiran a dirigir nuestros destinos.

Para mí que bastaría con verlos aunque fueran mudos, ya que parecen un conjunto diseñado para provocar la risa en un espectáculo de varietés: el tío de la coleta, una especie de híbrido entre el pequeño Nicolás y Harry Potter, y un señor con gafas permanentemente cabreado. De verdad que no podrían haber escogido un grupo de perfiles más definidos para montar el espectáculo.

¿Que de dónde han salido? Pues, como sería de esperar, se trata de un grupo de “colegas” . ¿Y de dónde proceden? Bueno, el lugar de procedencia es una universidad un tanto chusca: un centro del saber donde los alumnos derriban las puertas de las aulas, pintarrajean las estatuas, y fuman porros expendidos con naturalidad en la cantina. Una institución en donde, para dar más sabor al ambiente habitual, los educandos se agarran unas buenas moñas con los botellones mientras unas mozas añaden el toque blasfemo y porno sacándose los pechos en la mismísima capilla, nota transgresora que por lo visto es de esperar en cualquier espacio público.

¿Recuerdan aquella serie de la televisión que se titulaba “Loca Academia de Policía”? Bueno, pues la estética es algo parecida; igual que el escenario, con su hacinamiento de cadáveres en proceso de putrefacción sin que ocurra nada de importancia: perfecto contrapunto con el siniestro añadido del terror. ¿Imaginan ustedes el juego que darían situaciones de este tipo en las expertas manos de un director de cine, con el rector escondiéndose debajo de la mesa del despacho para que no le reclamen su responsabilidad? Desde luego tanto el set como el elenco resultan difícilmente superables incluso sin la colaboración de guionistas, porque fíjense ustedes en las cosas que dicen y cómo las dicen los componentes de la compañía, metidos en la piel de unos estereotipos conocidos de siempre pero que corresponden al siglo pasado.

Aquí los personajes son los clásicos caraduras de toda la vida: enredadores que dan el pego pero a los que a lo largo de la función iremos descubriendo. Todos ellos tienen algo que ocultar y que echa abajo cuanto predican desde una superioridad ficticia que al final tan solo revela un rostro de cemento: así el que es mezcla de Pequeño Nicolás y Harry Potter hace novillos y se fuma su trabajo en la universidad hasta que le descubren el tinglado y le dejan con su dinero y su trasero al aire, mientras el eternamente cabreado protector de los necesitados pretende ser un hacha de la economía para justificar un ingreso desmedido que no firmaría ni el que la inventó: una cantidad que ni Keynes podría haber soñado recibir jamás. Y la cosa parecía funcionarle hasta que descubrieron que por lo visto falseó el currículo y se hartó de hacer chanchullos inventándose una empresa al ver que Hacienda le buscaba las vueltas; momento a partir del cual le veríamos esconderse hasta en el metro.

Dicen las lenguas de doble o triple filo que esta “troupe” le hizo la campaña a un rector a quien llamar “magnífico” resulta inconsecuente. Como parecería inconsecuente tal apoyo si tuviésemos en cuenta que el progenitor del cabecilla se separó en su día del partido del padre del rector porque consideraba a éste demasiado blando. No le bastó, en efecto, que hubiera sido responsable de una matanza de rivales políticos y señores normales que por lo visto no le caían bien: había tenido la debilidad de aceptar la actual Constitución. Y eso no lo podía soportar de forma alguna. Así que, desilusionado, el hombre se integró en un grupo terrorista – el tristemente conocido FRAP – dedicado a cargarse a miembros de los cuerpos y fuerzas de seguridad. Mas lo que son las cosas: lo que parecería inconsecuente atendiendo a las discrepancias familiares nos hace sin embargo comprender, teniendo en cuenta las raíces comunes, el entusiasmo con que los retoños respectivos bordan sus papeles de debeladores de la paz social.

Lo que a mi ya me parece más difícil de explicar es que haya tanto tonto útil que hasta esté pensando en votar a esta pandilla tan ridícula y curiosa a la par que destructiva. Este amenazador grupito de liantes – tic tac, tic tac – en cuyos rostros y gestos asoman la soberbia y el odio bajo una pátina de inquietud intelectual.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
https://farm8.staticflickr.com/7446/16265673269_375c9c0bfa_b.jpg

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