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El Museo Nacional de Escultura, ampliado

Tres foramontanos en Valladolid 06 Mar 2015 - 07:23 CET
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Por José María Arévalo

( San Marcos ante el juez , de Adrián Álvarez y Pedro de Torres, 1599) (*)

Seis nuevas salas se pueden visitar ya en el vallisoletano Museo Nacional de Escultura . Se han abierto en el piso bajo, con entradas de puertas pequeñas que se ven en dos laterales del patio del Colegio de San Gregorio, al fondo del claustro, a la izquierda de la escalinata isabelina que conduce al segundo piso. Tenemos así un 8% más de espacio expositivo, y alojan casi cien obras de arte de pintura y escultura, objetos, mobiliario, documentos y fotografías que se guardaban hasta ahora en los fondos del Museo, en ese mismo espacio que servía de almacén.

Las tres primeras salas recogen, bajo el título “Memoria del Museo”, la historia de éste, primero la del propio Colegio de San Gregorio, con una reseña sobre su fundador el obispo don Alonso de Burgos, que falleciera en 1499, hombre de confianza de los Reyes Católicos que perteneció al grupo de príncipes de la Iglesia tardomedievales, que levantó el Colegio convencido de la necesidad de formar un clero instruido y llevar a cabo la indispensable reforma espiritual. Una magnífica talla de Gregorio Fernández, fechada en 1609, que representa a San Gregorio Magno, y una cabeza de salvaje –en piedra, similar a los que decoran la fachada del Colegio-, esculpida por Gil de Siloé en 1492, flanquean los tableros explicativos.

Estas tres primeras salas sobre la historia del Colegio de San Gregorio ofrecen una perspectiva que va desde la arquitectura hasta la función que cumplió el edificio en el siglo XVI como centro de formación de teólogos, místicos, juristas o inquisidores, dando cabida a figuras como Bartolomé de las Casas, Bartolomé Carranza, Luis de Granada, Melchor Cano o Francisco de Vitoria. También se cuenta su relevancia como foro de debate en el que se trataron cuestiones como la conveniencia o no de la lectura de las obras de Erasmo en España, o la conocida como Controversia de Valladolid, en la que se discutió sobre los derechos de los pueblos indígenas de América.

Otras interesantes obras en este apartado son un “San Marcos ante el juez” de 1599 de Adrián Álvarez y Pedro de Torres, un autorretrato de Pedro González Martínez de 1845, una tabla del “Entierro de Cristo”, anónimo de la segunda mitad del siglo XVI, y otras varias de escuela castellana.

( Demócrito y Heráclito. 1603. Óleo de Pedro Pablo Rubens, procedente de la colección del Duque de Lerma. Foto de El Norte de Castilla ) (*)

Con las obras de arte, textos, documentos, imágenes, algunas filmadas – que recuerdan que el recinto fue escenario de rodajes como el de ‘Míster Arkadin’, de Orson Welles en 1955, o el del cortometraje de José Val del Omar, ‘Fuego de Castilla’ en 1959-, se van contando después los sucesivos episodios del Museo Nacional de Escultura en los dos últimos siglos. El nacimiento como museo en 1842, con obras de conventos desamortizados, y su trayectoria como museo provincial, primero, y luego nacional, “estrechamente cosido – dice Hoyesarte en su crónica- al territorio local, pero también a las convulsiones de la historia de España, a las ambiciones, límites y paradojas nacionales, a las guerras ganadas y perdidas”. Hace unos meses lo contábamos con más detalle aún, dentro de la serie de artículos que dedicamos a la Real Academia de la Purísima Concepción de Valladolid, verdadera creadora del museo, gracias a cuya labor no se perdió nuestro patrimonio artístico tan amenazado por causa de la desamortización de Mendizábal.

Las otras tres salas, contíguas, se dedican, bajo el título “Arte y vida privada” a reflejar el coleccionismo en su dimensión más íntima, característica de gabinetes aristocráticos, casas burguesas, celdas monásticas o bibliotecas ilustradas que favorecían “una degustación solitaria” del arte al margen de los grandes conjuntos procedentes de encargos oficiales y públicos. Se incluyen con la idea de reflejar el papel que cumplen los objetos artísticos y el desarrollo que alcanzan entre el Renacimiento y la Ilustración.

Así se presenta una obra de Rubens, de 1603, “Demócrito y Heráclito”, procedente de la colección del Duque de Lerma. El joven Pedro Pablo Rubens –se explica- llega a Valladolid como embajador del Duque de Mántua y se alía con Lerma, del que vemos ahora su extraordinario interés por las obras de arte, con este cuadro y diversos objetos orientales y otros de su misma colección. Destaca también un retrato de Juana I de Castilla, del siglo XVI, atribuido al Maestro de la Vida de San José, y una muestra de bordados anónimos del siglo XV; una Piedad de Rodrigo Toledano de 1500, un “Niño dormido” de principios del XVII de la escuela de Martínez Montañés, y un óleo del maestro de los bodegones Luis Melendez, de 1769, con calabaza, uvas y jarros.

( Autorretrato de Pedro González Martínez, de 1845 ) (*)

Piezas de oratorios, escritorios, gabinetes y bibliotecas dan cabida a un amplio muestrario de bustos, relicarios, esculturas y objetos que han llegado al museo, en palabras de la directora del centro, María Bolaños, «como objetos de un naufragio, son obras que han estado dando tumbos 300 o 400 años y que han sido recogidos en el museo».

El proyecto museográfrico de las nuevas salas ha sido realizado por el equipo de arquitectos Nieto Sobejano, que en 2007 recibió el Premio Nacional de Restauración y Conservación de Bienes Culturales por la Rehabilitación del Colegio de San Gregorio. Se ha realizado dentro del plan director del museo, cuya obra definitiva, que lo culminará, será la rehabilitación de la Casa del Sol, junto a la iglesia de San Benito el Viejo que ya está habilitada. Se ha concebido su uso como almacén visitable, un enfoque arquitectónico y expositivo que emplean algunos museos cuando se pretende mostrar una colección muy numerosa sin las exigencias de diseño y presentación de una exposición convencional. «Será un almacén abierto al público -ha dicho también María Bolaños-, donde las piezas estén agrupadas como en un depósito, en buenas condiciones de visita con la idea de hacer público algo que normalmente tiene carácter restringido».

Otra función de la Casa del Sol será la de exhibición de obras de menor interés, deterioradas e irrecuperables, con más valor histórico que expositivo. En la Casa del Sol tendrán acomodo las 3.300 piezas del Museo de Reproducciones Artísticas de Madrid –parte del cual puede verse ya en la iglesia aneja de San Benito el Viejo- en un plazo que a María Bolaños le gustaría que no excediese de «cuatro o cinco años».

Así que echamos de menos, como ya hemos comentado en otras ocasiones, un espacio para mostrar también el resto de pasos de Semana Santa que, además de los cuatro que actualmente pueden verse en salas del Museo Nacional de Escultura, conserva éste, y cuya composición se fraguó por iniciativa del Arzobispo Gandásegui con las figuras que había conservado la Real Academia de la Purísima Concepción, como explicamos en el artículo de 11.04.13 “A los progresos de las Artes. 31. De cómo se montaron los pasos de Semana Santa”. Pasos que de momento solo podemos ver por las calles de nuestra ciudad en las procesiones de Semana Santa. El anuncio de la Directora del Museo de que con la habilitación de la Casa del Sol se cerrará el plan de ampliación del museo, nos deja así un regusto un poco amargo, dentro de la satisfacción por la buena tarea realizada en él. De modo que al lema “nuestros pintores a nuestros museos” que defendemos en estas páginas con ocasión y sin ella, se une ahora este otro de “ ¡ nuestros grupos escultóricos, a las salas del Museo Nacional de Escultura ¡” Demos un tiempo por si tuvieran aún cabida en la Casa del Sol.

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(*) Para ver las fotos que ilustran este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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