Por Carlos de Bustamante

( Jesús y la samaritana en el pozo. 1640-1641. Óleo de Giovan Francesco Barbieri en el Museo Thyssen-Bornemisza. pintura.aut.org.116 x 156) (*)
En lo que más se parecía Jesús a su Madre, mi Ama y Señora, era en los ojos. Mejor, digo, en la mirada de sus ojos. Fue ahora cuando entendí perfectamente la diferencia entre ver y mirar. Impresionante la mirada de mi Amigo Jesús.
Vi su mirada de compasión cuando le seguía una multitud en ayunas. Hambrienta, aún sin darse cuenta. Vi la ternura con que miraba al ciego que pedía limosna a la vera del camino por donde pasaba. Y si me remonto a los primeros tiempos ¿qué decir de la mirada agradecida de Jesús Niño cuando vinieron a adorarle los pastores o los Magos? ¿Y cuando aserrábamos juntos uno a cada lado del tronzador en el monte? El no va más era y es cómo se miraban Madre e Hijo en las charlas largas de confidencias. Interminable la relación de las miradas amabilísimas de Jesús ante los pecadores y aún sobre los que le ocasionaban algún mal o sufrimiento. Quédense, si les parece, con la forma de devolver amor en su mirada ante las nuestras amorosas a nuestro Dios y Señor, hombre como nosotros. Menos en las faltas -pecados- de los que Él, ni uno. Y nosotros… ¡la intemerata! Tarsicio, aunque camino de ser viejo y achacoso por la edad, vive todavía joven por las miradas del Amigo grabadas en sus adentros.
Por si las miradas de mi Amigo no fueran suficientes para vivir como flotando, le vi, además, reír y sonreír. Le vi con los ojos inundados de lágrimas. Le vi abrazar a los niños; y le vi, sobre todo, perdonando, curando a los enfermos; consolando a los tristes; ¡resucitando muertos!; absolviendo, en fin, de los pecados, como solo Dios podía hacerlo. Ése y así era mi Amigo. ¡Casi nada…! ¿Eh?
Tarsicio, casi viejo y achacoso con la locura dentro del Amor de Dios. Tarsicio, viejo pero no decrépito, aunque aún entre nebulosas, comenzó a entender el por qué y para qué vino Jesús, el Mesías, Iahveh- Dios, YO SOY al mundo. Recuerdo las palabras del anciano Simeón en el Templo con el Niño en brazos: “Ahora puedes llevar en paz a tu siervo…”
Espero que todavía a Tarsicio se le conceda una prórroga para relatarles lo que aún resta. ¡Que, aún dicho breve, no es poco!
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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