Por Carlos de Bustamante

( Jesús atado a la columna. Talla de Gregorio Fernández en la iglesia DE LA Vera Cruz de Valladolid) (*)
Alto necesario. Les ruego que no me juzguen a la ligera. Pudieran pensar que Tarsicio busca protagonismo en esta tercera parte de los relatos ¿apócrifos…? Nada más lejos de la realidad. Pasa que, por ser una cosa seria los tres años de vida pública de Jesús, no creo oportuno distraer su atención con otros protagonistas de la primera y segunda parte de lo que les llevo relatado. Muy a mi pesar -o no- debo hacerlo en primera persona. Con cierto protagonismo, aún no deseado.
Sé que no es posible que sean ustedes tan protagonistas como yo lo fui. Pero si permiten un consejo de Tarsicio, pobre esclavito libre al servicio de Jesús y Myriam, les diré que, aún sólo con la imaginación, se hagan ustedes personajes en las escenas pasadas y en las muchas y trascendentales aún por venir. Así, y ésta es otra de mis confidencias, podrán vivirlas como a este esclavito le cupo en suerte. Tremenda a veces, pero suerte al fin. Aclarado (¿?), pues, prosigo.
Sé que junto a grandes prodigios, he de narrarles mayores tragedias aún. Mas fiel a la verdad, aunque siga siendo apócrifo en detalles pequeños, llega la hora en que, por fidelidad, vivirán junto a Tarsicio, si le siguen, momentos gloriosamente amargos. Serán, nada menos e imposible más, los de la amargura de Dios hombre. La que voluntariamente quiso pasar, para darnos por Amor lo que en absoluto merecemos.
Dicho por Él mismo “que nadie tiene amor más grande que el de quien da la vida por sus amigos”, podrán ver, si Él así es servido, hasta qué punto fue amigo mío y también el de todos ustedes.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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