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El Rezongón. 27. ¡Feliz Pascua De Resurrección!

Tres foramontanos en Valladolid 16 Abr 2015 - 07:23 CET
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Por Carlos de Bustamante

( “Rosquillas de palo de mi madre”, de Secundino Herrero Ramos, en muchogusto.net ) (*)

Aparte de que “todos los santos tienen su novenario”, ustedes sabrán mejor que yo, que el tiempo pascual comienza el domingo de Resurrección y finaliza el domingo de Pentecostés. El que, si Google no me falla, “cae este año” (nunca entenderé del todo el porqué “cae”) el día 24 de mayo. Tiempo, pues, más que suficiente para que reciban a tiempo mi más cordial felicitación.

Recuerdo… Después de días con ayunos y abstinencias, esperábamos como el agua de mayo para el campo los días de estas Pascuas. Eran los también llamados, en el valle del Duero por lo menos, “Pascuas de Rosquillas”. Tiene -¿tenía?- explicación: en los hornos de las “bilbáinas” de quien las tuviera en casa, se cocían las exquisitas rosquillas de palo con brillo especial por fuera y sabor anisado por dentro de la apretada masa. Del horno de cocer el pan de la Dehesa familiar, tantas veces “mentada” en este blog, y después de la “cochura” de las hogazas, había calor suficiente para cocer cantidad de rosquillas de palo, que se repartían en grandes “conachos” entre todos los vecinos del caserío. Y como “el que parte y reparte se lleva la mejor parte”… el conacho nuestro llegaba rebosante a la despensa.

Como durante este tiempo de Pascua se suprimen tradicionalmente ayunos y otras penitencias…(¿), los adolescentes “Bustas” , se ponían morados a rosquillas de palo de grato recuerdo. Y como el Rezongón y compañía eran de excelente “saque”, procuraban regalarse estos días con la alegría de tan exquisito manjar. El que se sigue elaborando en tahonas y obradores. Pero… con la mitad o menos de una pieza, el Rezongón ahora se queda ahíto. “¡Que es mucho palo las rosquillas de palo!” ¿Por qué será…?

Recuerdo… La otra variante de rosquillas, también tradicionales para estas Pascuas de Rosquillas. Era ¿y es…? manjar de cocina; masa también anisada de masa con flor de harina y frita una vez dada la forma de rosca pequeña; mucho menor que las de palo y menos enharinadas. Espolvoreas con azúcar glass al salir de la enorme sartén y porque decían “comedme”, ni que decir tiene que no era preciso ánimo alguno para hacer los honores al producto y a la cocinera. Nuestra madre sonreía complacida de hijos tan agradecidos al buen yantar.

Como no todo era aquello de que tras la panza viene la danza, también “saboreábamos” con fruición los cánticos en la capilla que salían bordados de gargantas agradecidas. El Regina coeli laetare, en latín, era el mejor postre de unión con la alegría en la Madre por su Hijo: el Señor Resucitado.

Con o sin rosquillas no preciso más recuerdos, para desear de corazón a nuestros “improbables lectores” (Javier Pardo dixit) las más felices Pascuas de Resurrección con el recuerdo, al menos, de las fritas o cocidas en el horno. Formidables las de palo. De dulce las más pequeñas fritas… Y claro: que conste que no pretendo aconsejar; yo…digo nada más. Ustedes y su colesterol o glucosa decidirán.

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