Por José María Arévalo

( Acuarela realizada por Faustino Blanco en la sede de la Asociación y que nos regaló) (*)
Varios compañeros nos comentaron, a finales de año, las excelentes acuarelas que había expuestas en un bar en la zona de la Circular, con escenas del propio bar, gente sentada a las mesas y contraluces varios sobre las ventanas, con reflejos en suelo y barra, de muy buena factura y bastante figurativas. Alguien buscó en la red y encontró buenas fotos del autor, Faustino Blanco Vega. “Nacido –dice Artelista- en Valladolid, su primera formación artística comienza en el estudio del pintor José Páez Giralt, donde da sus primeros pasos en el aprendizaje de la técnica de la acuarela”. Empieza sus educación en la Escuela de Artes Aplicadas de su ciudad natal y después se traslada a Madrid y acude a los talleres de dibujo y pintura del Circulo de Bellas Artes. “En la actualidad imparte cursos de acuarela en su estudio – en Valladolid-. Su obra se encuentra en colecciones particulares de numerosos países”.

( En la sede de la Asociación, con Faustino) (*)
No fue difícil contactar con él y aceptó gustoso hacernos una demostración. Tuvo lugar pocos días después de la de Manel Plana –que comentábamos la semana pasada en estas páginas- también en la sede de nuestra Asociación de Acuarelistas de Castilla y León, los días 30 y 31 del pasado mes de Enero, igualmente con gran éxito. La web de la asociación, acuarelistascastillayleon.es recoge varias instantáneas de la demo, y Juan Carlos González colgó también las fotos que él hizo en Facebook. “La continua búsqueda –continúa Artelista, y realmente pudimos comprobarlo- y el temor al encasillamiento le ha llevado a la investigación de nuevos recursos expresivos, técnicos y conceptuales, pasando de paisajes y temas urbanos, a la figuración expresionista y a la abstracción”.
Esos días tuve un problema de sordera – que se resolvió favorablemente poco después, menos mal- de modo que no pude oír los muchos comentarios que Faustino realizaba mientras ejecutaba la demostración, pero debieron ser interesantísimos por lo embebecidos que vi a los compañeros y lo que después me contaron. No tuve la menor tentación de abandonar, a pesar de que se prolongó la demo unas tres horas, pues la soltura y facilidad de Faustino tanto con el dibujo como con la sucesiva aplicación de planos de pigmento, con la técnica más clásica pero desdibujando formas, me resultaba sumamente atractiva.

( Apunte rápido a la acuarela que realizó Faustino al empezar su demostrción ) (*)
Y ese es, creo yo, el mérito de su creatividad, la síntesis de formas que consigue, con una extraordinaria simplificación que no impide el reconocimiento de los asuntos que aborda. Solo tengo una objeción a su trabajo, y es que a veces insiste tanto en las zonas oscuras, para acentuar los contrastes, que el resultado pierde transparencia. Y lo digo con conocimiento de causa, porque es uno de mis defectos principales, que trato de corregir con mediano resultado. En su caso el problema se limita a algunas muestras de escenas interiores, con lo que probablemente el efecto, podríamos decir empastador es expresamente buscado. Pero lo normal en sus acuarelas es la transparencia.

( Primera acuarela de las que realizó Faustino en nuestra sede) (*)
Lo explicaba Antonio Corral Castanedo, hace años, en El Norte de Castilla: “Sus acuarelas son limpias, transparentes, diáfanas. Lo mismo cuando las resuelve desde un enfoque clásico y realista -apoyándolas en la seguridad de un dibujo que las concreta y las perfila sin endurecerlas- que cuando sus manchas evolucionan en libertad sobre la cartulina, llevando la realidad hacia el ensueño o hacia la fantasía; construyendo, con sus vestigios o con su respiración, a la manera de una abstracción cambiante, apasionada, viva. En ocasiones, ambos planteamientos se complementan y conviven, fortaleciéndose mutuamente, inquietándose mutuamente. Porque, aún en las impresiones urbanas o en los paisajes más concretos y realistas, siempre humean unos fondos o unos cielos con preocupaciones abstractas, siempre descubrimos un aura que pone en sus realidades un temblor trascendente de irrealidad.

( Una de las acuarelas de interiores que llevó Faustino a la demostración) (*)
A mi parecer, sus creaciones más sugestivas más apasionadas más sentidas y más bellas, son aquellas en la que define, disecciona, espolea o acoge, las cuitas, las quejas y hasta los llantos del paisaje castellano. Son esas tierras quebradas, encrespadas, blandiendo sus estíos o agitando el penacho de unos pinos. Son esas tierras que se retuercen torturadas rompiendo sus caminos o creando difíciles caminos sin estrenar, bajo unos cielos aborrascados con empujes de mar, con ecos de montaña. Cielos que sufren y se despeñan sobre los campos acuchillados, que rezuman un cierto alborozo, más allá de sus pesimismos a los que hacen sonar como si fueran unas campanas tocadas a rebato”.
Buena crítica, esta de Corral Castanedo, al que tanto echamos de menos, y estupendas acuarelas las de Faustino Blanco.
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(*) Para ver las fotos que ilustran este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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