Por Carlos de Bustamante

( Betania. Acuarela de David Robert en “View the Holy Land”; odisea2008.com) (*)
Antes de entrar en la parte final de estos relatos, Tarsicio, cercano a la prórroga de su vida, no quiere pasar por alto lo que presenció en Betania próximos los días de Pascua. Llegamos a Betania. Como de costumbre, fuimos a la casa de los amigos de Jesús: Lázaro y sus hermanas Marta y María. Además de muchos (Jesús y sus discípulos con Myriam y Tarsicio), llegamos de improviso. Una de ellas -Marta- se afanaba, nerviosa, en preparar comida y alojo como se merecían los recién llegados. Sudaba a mares por el calor y trabajo extraordinarios. María sin embargo, sentada a los pies de Jesús, bebía todas y cada una de sus palabras. Por así decir, no pegaba ni golpe. Su hermana, la trabajadora, se quejó a Jesús. A la muy activa Marta se le puso cara de haba: “María ha escogido la mejor parte de la que nunca será privada”.
-¿Entonces…?-Me pregunté desconcertado. Lo supe más tarde. No había hecho mal Marta, pero… se olvidó de lo más importante: poner el amor de María mientras realizaba tan intenso trabajo. Conclusión: la que, sin necesidad de decirlo, si Tarsicio la tiene, no digo ustedes… ¿o no? Pues eso.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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